30 de junio de 2014

Teatro de variedades


LLEVAMOS ya un tiempo en este Teatro de Variedades. Entramos porque en la puerta, subido a un cajón, había uno con una chistera que daba caramelos y prometía patrias: “Pasen y vean”.

Eso hicimos. Al rato se apagaron las luces, y salió a escena un hombre bastante malencarado precedido por un redoble de tambor. El hombre lanzó primero por los aires un par de palabras, arriba y abajo, arriba y abajo, y así un rato, hasta que se decidió a meter en la rueda una tercera, y luego una cuarta. En cuanto llegaban a sus manos salían despedidas de nuevo hacia lo alto dando gentiles volteretas. En general sonaban bien, no sé, libertad, justicia, igualdad, en fin, de las más caras. De vez en cuando se le caía alguna al suelo, pero le daba igual, la apartaba con una patada furiosa y decía algo entre dientes, pero desde donde estábamos no se le oía bien. Los redobles del tambor eran cada vez más acuciantes, y pronto vinieron más y más palabras. “Lo demanda la sociedad”. Eso lo entendimos perfectamente. Incluso echó mano de un huevo y lo lanzó al aire con las palabras. Muchos pensamos, esto va a ser un suicidio, aquí va a haber una tortilla. Un viejo que estaba al lado nos tranquilizó, nos dijo, “no, de ese huevo sale al final la blanca paloma. Lo he visto antes”. Pero el viejo no recordaba si iba a ser blanca paloma o culebra, porque a sus años no regía bien de la cabeza. El huevo fue una pista falsa, y el malabar se deshizo de él, así como de todas las palabras que seguían en danza y que  guardó en un cajón, hasta que se quedó sólo con dos y las mostró triunfal al público, una en cada mano: “Monarquía o democracia”, gritó; “hay que decidir”. Pese al tambor, el cañón de luz y la chaqueta de lentejuelas que llevaba, se le veía bastante cabreado por si la gente no quería decidir o se equivocaban al hacerlo o decidían los que no tenían permiso. 

A uno que dijo que democracia y monarquía no eran incompatibles, lo echaron por alterar el orden, y a otro que recordó que el Estado de bienestar que tenemos no fue ni invento ni logro de los malabaristas ni nació en un circo, sino en una monarquía constitucional, lo llamaron fascista, y también lo echaron. Aquello era un pestiño y queríamos irnos, pero no nos atrevimos a hacerlo, por si también decían de nosotros que éramos fascistas. Y aquí seguimos aburridos, queriendo largarnos de este Teatro de Variedades, porque ni esto es un teatro ni estas son variedades.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de junio de 2014]

11 comentarios:

  1. Fascistas somos todos aquellos que rechazamos ese catecismo llamado "lo políticamente correcto" redactado por los representantes de la autoridad moral. Ahora, como apenas tenemos preocupaciones, las mentes lúcidas intentan reavivar el debate monarquía-república para convencernos de que en el cambio del sistema político está la clave para terminar con la corrupción. Por lo visto con república los sinvergüenzas serían solo unos pocos, los inversores llegarían a España como moscas a la miel, se reactivaría la economía y los secesionistas dejarían de plantear aldeanismos para buscar afinidades. Además hubiéramos podido acudir a Brasil con varias selecciones.

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    1. Acertadísimo comentario D. José Cancio . Al igual que el soberbio artículo de D. Andrés Trapiello . Enhorabuena a ambos .

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    2. Soberbio el artículo de D. Andrés Trapiello y no menos genial su comentario D. José Cancio . Enhorabuena a ambos .

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  2. "Ese catecismo llamado 'lo políticamente correcto' redactado por los representantes de la autoridad moral". Es difícil saber quiénes son, o pretenden ser, en cada momento, representantes de dicha "autoridad moral", sea ello lo que sea; pero los redactores de catecismos y aspirantes perpetuos a autoridad moral exclusiva, y excluyente, en esta España de nuestros dolores, habría que buscarlos más bien en ámbitos eclesiásticos, o eclesiastizantes, o eclesiastizados. No veo yo muy claro que JC se refiera a ellos; lo del cambio de la monarquía por la república, por ejemplo, no acabo de ver que Rouco y sus muchachos lo apoyasen con gran entusiasmo (ya se sabe, Miguel Ríos dixit, que "los viejos rouqueros nunca mueren"). Uno más bien diría, desde su modestísimo juicio, que el término se ha convertido (como lo de "fascista") en un despectivo-comodín que sólo significa la pura voluntad vacía de argumentos de descalificar al otro.

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    1. Desde hace ya bastantes años la iglesia solo representa autoridad moral para los creyentes (me incluyo parcialmente), pero ha sido la izquierda justiciera la que le ha tomado el relevo y descalifica urbi et orbi a quienes no cumplen sus preceptos, monopolizando la idea de la democracia, patrimonio exclusivo de sus burgueses pensadores. Hay otra España que no es ni rouquera ni zapateril, habría que recordarle a tantos Migueles Ríos cuya biblia diaria es El País porque alguna opinión hay que tener después de desayunar. Tampoco "ha acabado de ver muy claro" usted que a la derecha de esta página hay tres sugerencias sobre fondo amarillo que no estaría mal respetar para que todos los tertulianos nos sintiéramos más amigos.

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    2. No veo la relación entre la amistad de los contertulios y las "tres sugerencias sobre fondo amarillo"; ya digo que mis medios intelectuales son muy modestos. Por lo demás, lo del "relevo" parecería indicar que, como ocurre en las carreras de ese nombre, la iglesia haya dejado de representar el papel de que hablábamos. Yo la veo tan interesada en ello como de costumbre. Lo del desayuno con El País parecería indicar que los lectores de ese periódico no tienen opinión propia; no creo que semejante (¿cómo lo diríamos?) exceso pueda afirmarse de ningún periódico. Por lo demás, ignoro (vuelvo a repetir lo de mi modesta dotación intelectual) qué cosa será exactamente lo de la "izquierda justiciera", pero reconozco que esas generalizaciones son demasiado sofisticadas para mí. Yo, vulgarísimamente, pienso que pretender justicia, sea desde la izquierda o desde cualquier otro lado, no es necesariamente una mala idea, y pienso también que entre los políticos, como entre los votantes, de izquierda, hay gente muy distinta, con más o menos ideas propias y mayor o menor calidad en ellas. Ese Izquierdista Medio, como el célebre Hombre Medio de las estadísticas, tiene el defecto de no existir. Quizá si JC mirase un poco más a la compleja y matizada realidad, y un poco menos a la uniformidad simplificadora de ciertos prejuicios, no vería exactamente lo mismo; vamos, se me ocurre.

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    3. Creo que Jose Cancio es un nombre de pega. detrás está el espíritu de Paco Martínez Soria: Don erre que erre, El blog (de Trapiello) es un gran invento, El padrastro de la criatura, El silencio no es para mí, etc.
      A.S.R.

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  3. Genial, don Andrés. Le faltó a aquel hombre algún argumento de autoridad, como aquella frase de Talleyrand : " Es costumbre real robar, pero es que los borbones exageran". Para muestra, un botón: hasta la llegada del "ínclito" Aznar, el Rey se llevaba un porcentaje de cada barril de petróleo que entraba en España. El debate no es monarquía-república, sino, más bien, régimen enfermo -nuevo proceso constituyente.

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  4. El glamour consiste en salir del museo , muchos salen del sarcófago como antaño del armario y proclaman buenas nuevas mientras frotan la lampara , el caso es que la gente empeora al alejarse de las letras y vamos a " una tarde en el circo " , la magia borra y crea recuerdos , ilusiones , imágenes ambiguas , abracadabra , ahora lo veo y luego no lo veo .

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  5. ANA O EL MONO

    “¡Oh raciocinio! Has ido a buscar asilo en los irracionales, pues los hombres han perdido la razón…” (Del discurso de Marco Antonio ante el cadáver de César. Shakespeare).

    ¿La auténtica disyuntiva? Aunque parezca animal, monarquía o anarquía.

    Solo este referéndum haría pensar, habría hecho pensar. Todo cambiaría, habría cambiado por fin sin ningún cambio. Con tan solo celebrarlo recuperaríamos la razón del asilo de los irracionales. Daría igual que ganara Ana o el Mono.

    Siga el teatro. Pero yendo más a los teatros.

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  6. ANA O EL MONO

    “¡Oh raciocinio! Has ido a buscar asilo en los irracionales, pues los hombres han perdido la razón…” (Del discurso de Marco Antonio ante el cadáver de César. Shakespeare).

    ¿La auténtica disyuntiva? Aunque parezca animal, monarquía o anarquía.

    Solo este referéndum haría pensar, habría hecho pensar. Todo cambiaría, habría cambiado por fin sin ningún cambio. Con tan solo celebrarlo recuperaríamos la razón del asilo de los irracionales. Daría igual que ganara Ana o el Mono.

    Siga el teatro. Pero yendo más a los teatros.

    1 de julio de 2014, 10:11

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