2 de junio de 2014

El envés


ALGUIEN, durante años, va recortando en periódicos y revistas los artículos de un escritor al que sigue. A veces no se trata de un escritor, sino de un dibujante satírico, y acopia sus viñetas. En todos los casos, quien va reuniendo esos papeles, los va metiendo en una carpeta o en un álbum. Piensa, con afán archivero, que el mundo quedará más ordenado así, que la realidad es en definitiva un gran acorde que contribuimos a completar y armonizar entre todos. Un día ese alguien se muere, suele pasar, y “su obra” llega a rastros, mercadillos y almonedas: colecciones de las viñetas de Xaudaró,  artículos de Azorín y reportajes varios.  Cuando la persona que está coleccionando ahora mismo los papeles de éste o de aquel otro se muera (suponemos que esa costumbre tampoco se perderá), aparecerá en el rastro, en la almoneda y el mercadillo, sístole y diástole del mundo, la carpeta donde los va recopilando ahora minucioso y discreto.

El temor de que un día mi ordenador pueda reventar como el caballo de Miguel Strogoff, correo del zar, le ha llevado a uno a juntar también en una carpeta, por precaución, estos artículos del Magazine. Así, pues, es uno, antes de que la edad nos descabale, el acabalador de sí mismo. Y esto ha sucedido: cuando alguna vez se ha puesto uno a repasar esos papeles suyos, se encuentra en su envés anuncios publicitarios, fotografías extrañas, un titular, una noticia. No siempre lo que viene en el envés coincide por tamaño con el haz, y lo que vemos está mutilado, es sólo el trozo de una foto, de un artículo, de un titular... Y, sin embargo, de pronto, todo eso que está por detrás, como la urdimbre de un tapiz, cobra tanto o más sentido que el propio artículo que se había recortado. Como si esas síncopas encerrasen la melodía completa del tiempo. Así, antes de que nos queramos dar cuenta, seducidos por tal inesperada y temporal visión, vamos pasando el rimero de hojas. Miramos directamente su envés, y nos reconocemos mejor, más que en lo importante, en lo que no lo era: tal modelo anticuado de coche, el refresco que ya no se fabrica, unas ropas que han pasado de moda, unos rostros que habrán envejecido con nosotros, las palabras de un colega... 

Esto nos deja pensativos. Lector, lectora, vuelve la hoja. Mira el envés. En la página que acaso acabas de pasar por alto, es posible que halles dentro de unos años tanto o más sentido que en esta.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de junio de 2014]

7 comentarios:

  1. De un modo u otro, el síndrome de Diógenes nos llega a todos.

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  2. Es muy profundo este pensamiento, y yo también lo había advertido en ocasiones. Emplaza usted al lector, lectora, a que vuelva la hoja. Pero, ¿y ustedes, escritores? ¿No deberían tratar de captar ese envés de la historia, en lugar de fijar siempre la atención a lo que consideran importante narrar en ella? Tal vez, con el tiempo, sea lo que más cuente. Un saludo.

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  3. Ese envés podría ser una metáfora del pasado que fija mejor el recuerdo que la memoria.

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  4. ENVÉS INFANTIL PARA LA HOJA DE HOY

    “(…) Por aquí ando con Ana [8 años]. Hoy se libró del cole. Fuimos al Hospital Civil y tiene conjuntivitis alérgica. Ya le estoy echando gotitas. Además a la pobre le picó en el párpado un mosquito y tiene el ojo hinchado.

    Acabamos de ver por la tele el mensaje de la abdicación. Me he reído con ella porque cuando el rey ha terminado me ha preguntado:

    ―Mamá, ¿es en directo?

    ―Sí, es en directo ―le he contestado (creo que fue grabado esta mañana y emitido poco después).

    ―Bueno, pues ahora se levantará y se irá a tomar churros ―concluyó ella.”

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  5. ¿Cuál es el envés de un post?

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  6. Ayer fui a la Feria del Libro para que me firmaras "Segunda Oscuridad" y no estabas...

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  7. Haz y envés de una vieja hoja INTERNACIONAL de periódico. Foto de Associated Press en página impar: "Bill y Hillary Clinton despiden al rey Hussein de Jordania ayer en la Casa Blanca”. Entre los dos repelados mocetones uniformados y saludantes, sonríe Clinton, y con la palma de la mano de altavoz Hilary grita una ultima frase de despedida a los reyes. Foto del envés de la hoja: “Fusilamiento de seis reos en la Cuba bajo control militar de Estados Unidos, en 1899 (Archivo Nacional de Washington)”. De rodillas cara al paredón los seis con las manos atadas a la espalda; solo uno sin sombrero: el que prefirió que le vendaran los ojos; uno, negro, charla tranquilo con otro: los mira, atento, un tercero, también negro.

    Con unas tijeras se hacen tres cortes a lo largo de todo el paredón, hasta el suelo, por cuya línea se dobla el cuadradito de papel: así, la foto del envés asomará al revés por el haz; y tras la descarga los fusilados, flotando con su venda y sus sombreros, caerán en el mismísimo umbral de la Casa Blanca.

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