5 de junio de 2014

Adelante con el champán

ESPAÑA empieza a parecerse mucho a aquella que le hizo exclamar a JRJ: "¡Qué melonar!". Claro que esa impresión la amplifica bastante la lectura de la magnífica biografía de Ortega y Gasset de Jordi Gracia que presentamos esta tarde en la FMarch su autor, Javier Gomá, Santos Juliá y uno mismo. La principal lección que sacamos del libro es esta: ¡Qué poco crédito han tenido aquí la mesura, la tolerancia, el sosiego! La razón, ¡de qué poco ha servido! ¡Cuánto fascina el ruido y la pólvora, inseparables! ¡Qué pocos liberales ha tenido este país o qué silenciosos han sido, o qué silenciados!
Los más jóvenes, ruidosos por jóvenes, creen que no se puede ir a peor, y por esa razón se han puesto en manos de quienes parecen estar diciendo: cuanto peor mejor. ¿Acabarán por fantasía con el periodo más próspero, justo y pacífico de la historia de España? Sí, se ve, que piensan que ha llegado el momento de tirar la casa por la ventana y hacer los experimentos con champán.
Así que uno, como aquel Gutiérrez-Solana que se encontró al tonto del pueblo al que ayudó a hacer sus necesidades, está tentado de encogerse de hombros y seguir en solitario su camino. Si le dejan, que decía Azaña a Sánchez Albornoz a punto de perder la guerra, porque una cosa es segura: a diferencia de las casas, la historia ha mostrado que España nunca ha estado asegurada de incendio.

Calle del Aire, casa donde vivió Luis Cernuda. Mayo, 2014

16 comentarios:

  1. Siento no estar de acuerdo contigo, Andrés. Evidentemente existe esa realidad que estos días se retrata multicolor, pero también existe otra, muy superior, que aunque aún está noqueada ante la corrupción institucional, sabe muy bien qué tiene y, sobre todo, lo que le ha costado. Precisamente es ahora cuando más debemos expresarnos, cuando más debemos levantar nuestro rostro, llenos de orgullo y satisfacción.

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  2. No pasará nada. Habrá un cambio de monarca que será refrendado por el Parlamento, la gente se acostumbrará a la nueva situación, la aceptarán y seguirán ondeando banderas republicanas en las manifestaciones. Cambiará todo para que todo siga igual. Somos un pueblo veleidoso y nos conformamos con el folclore. Como dice AT en "Las cosas más extrañas" podría haber sido una historia de Baroja pero acabará pareciéndose a una de Azorin.

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  3. Algo debe de ir mal cuando el crédito lo tienen -como casi siempre- el ruido y la pólvora, y no la tolerancia, el sosiego y la razón, ni tampoco cierta idea liberal y deportiva de la vida y de la cosa pública; decididamente, algo va muy mal cuando entre la gente admirable, por así decir, cunde la tentación de encogerse de hombros. Una cosa más: si las estadísticas no mienten, los cantos de sirena que todavía engatusan a los incautos, no sólo atraen a los navegantes más jóvenes.

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  4. Estoy de acuerdo con Murciaútil y con Pablo A. No hay que encogerse de hombros, precisamente porque sabemos lo que nos han costado las libertades, el avance en igualdad y un bienestar que ha permitido a una grandísima mayoría de jóvenes una formación académica como nunca se hubiera soñado en la II República. Reformar conservando lo bueno y sin romper la baraja.

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    1. Dudo mucho de que si hubiera continuado la II República desde 1934 hasta nuestros días sin interrupción el sistema académico no fuese, a día de hoy, uno de los mejores del mundo.

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  5. Que esté uno tentado de encogerse de hombros y largarse mundo adelante, no quiere decir que vaya a encogerse de hombros y a no quedarse aquí, arrimando precisamente el hombro para sofocar si puede la obra de pirómanos y salvapatrias. Ahora, tentado, para qué engañarse, sí que lo está uno.

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    1. Tal vez no sepas, Andrés, lo mucho que se necesita oír voces como la tuya para poder salir indemnes de los cantos de sirena. Me siento como un argonauta que apenas confía en la palabra, digo en la música de Orfeo para no acabar devorado por las ninfas de pacotilla, pero ¿cómo no entender que estés tentado a seguir en solitario tu camino? Sólo quería pedirte que no caigas en la tentación.

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  6. Un tonto como yo-en algún momento de lucidez- cree que los pirómanos no son los "perro flautas" sino los bomberos, que para apagar el fuego, echan gasolina a la hoguera. El PP partido que gobierna se financió y pagó obras en su sede con dinero negro (gasolina). Un parado y una empleada de la Caixa viven es Suiza-materia prima el dinero-a cuerpo de rey (gasolina). Salvamos a los bancos y recortamos en Sanidad, educación, dependencia... (más gasolina). Rafael Blasco PP ladrón de los pobres (más gasolina). Los partidos son agencias de colocación. Ramón Jauregui. José Blanco. El hermano de Ana Mato, Gabriel. Becerril Teresa. (más gasolina). Luis Sepulveda Jaguar Flauta (más gasolina).

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  7. Estoy de acuerdo con usted, señor Trapiello. Inquieta la frivolidad con la que los descamisados agitan el andamio, sin temer por lo que les pueda caer encima. No es la forma de gobierno lo que importa en esta encrucijada, sino quiénes son los que ocupan los puestos clave de las administraciones. Si hay república no la presidirá el emergente Iglesias (lo cual, de por sí, es más que moderadamente aterrador), sino un político de la actual casta. Lo de menos es el debate monarquía - república; lo más importante es la regeneración de la vida pública desde dentro, no tirando el edificio. Asombra la trivialidad, henchida de ignorancia con que se identifica la república con el triunfo de alternativas progresistas. Eso no es, ni tiene por qué ser así. ¿Qué dirán cuando vean a Aznar de presidente de la República?

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    1. El puto argumento esbozado por la generación que ronda los 60 años, esos que ya les da un poco lo mismo, de decir que prefieren a Felipe VI de Rey a un Aznar o un Rouco de Persidente. Lo dice Javier Marías, El Informal o quien sea, todos cercanos al SOE, qué casualidad. Lo que no dicen es que quizá los jóvenes preferiróamos un Aznar al que poder elegir (y por tanto echar (de nuevo)) o un Felipe que ni elegimos ni podemos mandar a casa si lo hace mal. En el fondo su argumento justificaría casi casi cualquier dictadura que vaya un poco bien.

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    2. Yo he dado un argumento. Usted ninguno, y un exabrupto. No pienso dedicarle ni un segundo más. Y no rondo, ni de lejos, los 60. Buenas tardes.

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    3. ¿Está seguro que no di ninguno, o es que leemos lo que queremos? Venga, dese otra oportunidad, un segundico nada más, seguro que alguno ve, aunque no le guste.

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  8. Nacido en los ochenta, pertenezco a esa generación de la cual ahora muchos afirman que no ha tenido derecho a decidir. A pesar de sentirme ideológicamente lejano a la monarquía, me sorprende la rapidez y banalidad con la que este argumento de protesta está prosperando entre muchos de mis compañeros, olvidando que hemos podido votar y decidir todo lo que a nuestros padres se les había negado con nuestra edad; entremezclando confusamente el concepto de democracia con el de república y monarquía; congelando la historia en 1936 como un paraíso perdido y considerando todo lo posterior como un oscuro y homogéneo continuum histórico que llega hasta nuestros días; fiando, en definitiva, todas sus ilusiones y frustraciones a una bandera tricolor, como si el mero hecho de izarla en los edificios oficiales pudiera solucionar de golpe todos nuestros problemas. También me perturba ver cómo algunos de los que invocan este derecho a decidir expresan con sus gestos y pancartas algo más parecido al deseo de imponer, lo cual me lleva a pensar lo mal que aceptarían un resultado contrario a sus aspiraciones en caso de un hipotético referéndum.
    Supongo que toda esta pasión y confusión es común a nuestro tiempo y a muchos de mi generación pues este uso y abuso de pasados históricos mitificados, de conceptos como el derecho a decidir (solo una opción) y el asentamiento de la simplista idea de que un cambio en la forma implica automáticamente un cambio en el fondo, llevamos ya algún tiempo viéndolo envuelto en esteladas en vez de en tricolores. Por no mencionar a aquellos que hacen lo propio con banderas de la dictadura y abstrusos símbolos imperiales, lo cual merece un tratado a parte.
    En definitiva, todos ellos parece obviar que la expresión de sus legítimas aspiraciones es posible gracias al marco de libertad establecido y votado por nuestros padres, rara excepción en la historia de un país cuya sociedad, tan heterogénea en pensamiento y sentimiento como cualquier otra, no tiene otro remedio que buscar ese punto de encuentro en el que cada uno pierde un poco para que al final todos ganemos.
    A todos ellos les regalaría “Ayer no más”. Y no se sea pesimista d. Andrés, creo que en mi generación abundamos los pragmáticos, pues al fin y al cabo somos hijos de vuestra generación, lo cual no es poco.

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  9. Y el mucho champán de atrás, ¿hemos de pagarlo entre todos o más los que tienen más? Algunos de estos últimos, ¿no deberían rendir cuentas algo más seriamente? Para el poder judicial, ¿no sería deseable mucha más independencia y menos puñetas? De las ruinas y suicidios de más de un melón de por abajo, ¿no debería responder más de un alto político y financiero?

    Sí. Para gritar “Los Borbones / a los tiburones”, quizá no muy necesitados y ruidosos melones ruedan de sus pisos a la calle. En ella seguramente no coincidirán con muchos verdaderos, silenciosos necesitados. Pero si durante mucho tiempo estos no alcanzan trabajo y dignidad suficientes, sin necesidad de ayuda alguna empezarán a cagarse en el mismo melonar mundial de los primeros.

    Como Allende dijo en su inflamado final. Que por “las grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”, corran buenos aires, liberales, populares, no inflamables. (“Liberal”, “popular”: qué gran par de hermosas palabras).

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    1. Cierto, poco derecho nos asiste a mirar por encima del hombro ni a los melones rodantes en algaradas callejeras ni a sus gurús. "La cara del que sabe", que decía G.C., el bribón mal ladrón con certificado de impunidad es lo que parece extenderse como la pólvora, y aunque quizá no sean muchos, se organizan bien para mantener en silencio absoluto, o sea, silencio reglamentario y penitente (¿son las manifestaciones algo más que impotencia programada?) a los que, por otra parte, poco o nada pueden hacer en su defensa. Así que el ruidoso y molesto guirigay que expresa, a lo mejor con algún fundamento, el malestar social, no debe inquietar a los que tienen la sartén por el mango: "La Corte de los milagros" estaría dispuesta incluso a morir en el intento de perpetuarse.

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  10. Efectivamente, ese ha sido el fallo, ese ha sido nuestro pecado, el haber "consentido" que ante tanta fechoría no pasara nada. Pero no es ese el debate -ese es el gran problema-. El debate es: ¿no ha servido para nada el esfuerzo de muchos?

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