Siempre le ha hecho a uno muchísima gracia este refrán francamente herético, y que la España mariana e inquisitorial del pasado no pudiera impedir su circulación . “Con apariencia irreverente, sólo pretende condenar la confianza excesiva en los hombres”, se ve obligado a justificar Luis Martínez Kleisser en su clásico y monumental Refranero General.
El país ha dejado de ser católico hace ya muchos años, incluso de hablar con refranes, pero nunca uno de ellos ha tenido tanta vigencia. Todo empezó con el anterior presidente de gobierno. Un minuto antes de que se batiera la plusmarca de craks mundiales, que seguía ostentando Wall Street/1929, salió por televisión y dijo: “No hay ninguna crisis. Decir lo contrario es un acto antipatriótico”. El de ahora dijo también que nunca, nunca, nunca, haría recortes en sanidad ni subiría los impuestos. Así que basta con que un mandatario saque en procesión las palabras Tranquilidad, Confianza, Solvencia, Patriotismo, para que repitamos: Tú fíate de la Virgen, y no corras.
Durante los últimos años y hasta que hace unas semanas nos han quitado no sé cuántos miles de millones de euros a todos los españoles (es decir, a la enseñanza, a la sanidad, a las obras públicas) para que a los señores banqueros les cuadren las cuentas y sus bonos, sueldos e indemnizaciones, se nos ha dicho y repetido hasta la saciedad que el sistema financiero y bancario español era y es muy solvente, y que saldremos de esta. ¿Cómo? ¿Estando cada vez peor?
Saldríamos corriendo, si supiéramos adónde, de modo que acabamos por quedarnos en nuestro rincón, agazapados, pensativos. Hace años un amigo que vivía a salto de mata de trapicheos, sablazos y mangues de libros a los colegas, se afilió a la Cnt de Tve y se hizo nombrar tesorero. En un aprieto, para sanear sus finanzas maltrechas de crítico de arte, cosa comprensible, simuló un robo en la casa en la que vivíamos ambos, y me dijo: qué cosa tan extraña, han entrado los cacos, se han llevado el dinero de la Cnt, que tenía en la mesilla de noche, pero no el mío, que estaba al lado, en un sobre, que no vieron. ¿Se lo explicarás así a tus compañeros camaradas? Era en aquellas fechas un joven muy simpático, como suelen serlo los pícaros. Sí, dijo, los compañeros camaradas lo comprenderán. Los compañeros camaradas le escucharon, en efecto, y le dijeron: no te preocupes, eso puede sucederle a cualquiera. Volvió a casa contentísimo. Pero a la semana lo siguieron tres desconocidos por la calle, lo metieron en un portal y le dieron una paliza. Cuando concluyeron, le arrimaron la dulce pedagogía: Somos de la Fai, no se te vuelva a ocurrir robar a un anarquista. Volvió molido y apesarado. Me dijo: Fíate de la Cnt, y no corras, me obligan a devolver el dinero. Al contrario que nuestro amigo, nosotros no le hemos robado a nadie, más bien sentimos que nos están robando. Y tampoco vemos a los ladrones dispuestos a devolver nada. Al revés, se diría que están con ganas de meternos en un portal, quiero decir en un corralito: tantos son los palos que caen sobre nosotros día sí, día también, mientras nuestro instinto herético de españoles no discrimina ya en esta procesión de los horrores entre la Virgen de las Angustias y la de los Remedios.
[Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 3 de junio de 2012]