6 de junio de 2012

El estilo y los "ortegajos"

"EL estilo es la mentira, la verdad mira y calla", decía Galdós. Y "el estilo", por seguir con lo de ayer, "es el hombre", en frase de Buffon que gustaba repetir Ortega y Gasset, quien hizo del estilo un modo de vida, el tono propio de una modernidad que buscaba la individuación. Cada sujeto no sólo tiene su propio estilo, sino la obligación de descubrirlo. A ello contribuyeron como pocos Ortega y su Revista de Occidente con narradores y poetas "deshumanizados" (frente a Juan Ramón, Jorge Guillén –lo que acaso motivó la carta durísima de JRJ a Ortega–; frente a Galdós o los novelistas del 98, Jarnés; frente a Unamuno, el propio Ortega, y hemos de decir al paso que todas las comparaciones son tanto o más odiosas cuanto más pertinentes son).
El estilo del que habló Ortega para el arte, lo aplicaron igualmente a la política los señoritos de Falange Española, de modo señalado Sánchez Mazas, lo que no debe de ser del todo ajeno al hecho de que haya sido el hijo de este, Sánchez Ferlosio, quien mejor haya caracterizado el estilo de Ortega y sus estilemas como "ortegajos", a saber, palabras o alocuciones refitoleras tan empalagosas como indigestas.
Y a sabiendas de lo injusto que a veces somos con quien es autor de una obra considerable y a menudo sobresaliente (¿Qué es filosofía?, La idea de principio en Leibniz), Miriam Moreno nos hace entrega de la lista de algunos de estos ortegajos espigados en La deshumanización del arte y otros ensayos de estética (Ed. Valeriano Bozal, Austral, 2002): "poder aerostático [del poema]", "los árboles infolies del invierno", "las caravelas de la seriedad", "cinglan victoriosas", "la historia se columpia rítmicamente", "odoraciones", "ungénito", "repristinaba" y otros muchos corceles dispuestos en su prosa como bibelotes de biscuit.
Y a modo de envío, esta frase de Gaya, encontrada igualmente para la ocasión por MM: "El estilo, la jaula de oro del estilo, sólo sabe encerrar pájaros disecados, es decir, arte quieto, arte decorativo, arte artístico, plumaje solo, belleza sola".
Silla, 2 (y detalle). El Rastro, 3 de junio de 2012.

5 comentarios:

  1. Ya es malo que Ortega escribiese así; pero peor que ochenta años después tantos tontos alaben sobre todo la maestría de su estilo.

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  2. Tuerta y con la barriga hueca, la muñeca invita a sentarnos en el horror diciéndonos adiós.

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  3. Hay quienes hacen del estilo (o sea: de la forma, del ritmo, de la cadencia de las frases) el sentido de su vida. Al menos de su vida literaria. Esto pasaba con Francisco Umbral. No obstante, este autor tuvo la decencia de reconocerlo, y en uno de sus libros contó lo que una vez le dijo un amigo, añadiendo que sin duda este amigo llevaba razón. Lo que le dijo fue:

    -Tú escribes bien, Umbral. Pero, como no dices nada, pues solamente escribes bonito.

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  4. Por otro lado, esta forma de escribir (fraseología musical, prosa de sonajero) parece tener su origen en el modernismo. De Rubén Darío se dice que no sabía qué era un nenúfar, palabra que sin embargo usaba mucho por su musicalidad. También se cuenta que inventó la palabra "ipsípila" para encajarla en el verso "Oh, quién fuera ipsípila que dejó la crisálida".

    No obstante, ya con el romanticismo vimos esta práctica. Las malas lenguas cuentan que a Constantinopla hubo que cambiarla de nombre (y llamarla Estambul) para que en su "Canción del pirata" Espronceda pudiera rimarla con "azul". (Es broma.)

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  5. ¿No era Pla el que hablaba de las orquídeas verbales de Ortega?

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