20 de junio de 2012

María, la hija de un jornalero

ESTA novela de Wenceslao Ayguals de Izco, la más conocida y editada de las suyas, acaso no sea un dechado literario, pero habría sido poco juicioso haberla dejado pasar de largo, pese a tratarse sólo del segundo de sus dos tomos. Las posibilidades de que complete la obra son escasas, porque escasas y raras son las obras de este autor en el mercado, pero las posibilidades de que, apareciendo, coincidieran sus encuadernaciones, son nulas.
¿Por qué decíamos entonces que habría sido poco juicioso dejarlo ir? 
Por las características formales del libro. El pobre aspecto de esta literatura popular con aire de folletín (lo que en realidad es esa novela), al igual que ocurre con los pliegos de cordel, seguramente propició su destrucción o inmolación, ayudando a enceder los fogones de los hogares humildes donde entró. Y sin embargo son unos libros extraordinariamente atractivos, al menos para mí, por la sugestión que producen en uno esos grabados tallados en madera, tan toscos unas veces como habilidosas otras, empapados siempre del espíritu de la época.
No me resisto a traer aquí uno de ellos (homenaje a nuestro amigo Ramón Gaya, que tantas veces pintó ese mismo tema de los visitantes ante algún cuadro de Velázquez), y dos páginas más, modelo de tipografías románticas admirables.
La novela está escrita bajo el modelo de instruir deleitando y deleitar instruyendo, por lo que el bueno de Ayguals, un escritor al que Baroja encontraba de muchacho su aquel, lo mismo nos habla de las fechorías de un fraile o de un carlista que de las características del Museo de pinturas, las reales fábricas de cristales de La Granja o el origen de los carnavales, y a propósito del de 1837 en Madrid escribe: "No faltó en esta bulliciosa y animada enciclopedia, el macareno contrabandista montado en su brioso jaco, ostentando el puro en la boca, su indispensable trabuco a la diestra, y en la grupa su peregrino pimpollo, que equivale a decir una de esas jembras rumbosas, de ojos homicidas, que sólo germinan en el suelo español, con más gracias que una amnistía y más sal que un alfolí".
De su descripción del Museo de Pinturas, en el Prado, interesa, sobre todo, por razones sociológicas, el orden en el que cita a los pintores, que no es sino el orden en el que los tenía la gente en sus preferencias: "Rafael de Urbino, del Corregio, Miguel Ángel, el Ticiano, el Dominiquino, Albano, Andrés del Sarto, Vasano, Reni, Boscho, el Parmegiano, Vinci, Sasso Ferrato, el Tintoreto, Rosa, Vacaro, Veronés, Piombo, Carachi, Rubens, Teniers, Rembrandt, Vandik, Mengs, Lorenés, Durero, el Pusino, Murillo, Velázquez, Cano, Ribera, Juanes, Zurbarán, Rivalta, Morales y otros infinitos que en obsequio de la brevedad pasamos en silencio". Y de que Rafael de Urbino era el príncipe de los pintores para los amantes y entendidos del siglo XIX no ha que decirse, viendo la exposición de sus obras en ese mismo Museo de Pinturas de Madrid, sino lo que ya dijo Valdés Leal: Sic transic gloria mundi.

"María: la hija de un jornalero, historia-novela original de D. Wenceslao Ayguals de Izco, Diputado a Cortes en las reformadoras, Comandante de la Milicia nacional de Vinaroz durante la guerra civil, ex-alcalde primero constitucional en dicha villa, Director de la Sociedad Literaria, Socio de la de Sevilla y del Liceo de Córdoba, Individuo de la Academia de Buenas Letras de Barcelona y de otras corporaciones cintíficas y literarias. Madrid, 1847. Imprenta de D. Wenceslao Ayguals de Yzco. Calle Leganitos, nuúm. 47". De la portada de este libro.


5 comentarios:

  1. http://www.todocoleccion.net/la-bruja-madrid-pobres-ricos-d-wenceslao-ayguals-izco-2-tomos-octubre-1849~x29317611

    ResponderEliminar
  2. "...una de esas jembras rumbosas de ojos homicidas con más gracias q una amnistía y más sal que un alfolí (almacen de la misma".... ¿vemos como Tele 5 entronca con toda una tradición popular española?)
    saludos

    ResponderEliminar
  3. Muchos de los grabados y dibujos que aparecían en esas novelas del diecinueve eran realmente maravillosos. Había artistas enormemente especializados en este tipo de trabajos (como Penagos, por poner un ejemplo), muy buscados por los editores ya que su colaboración, además de añadir valor a la edición, aumentaba también el interés del comprador. Es efectivamente una lástima que la inmensa mayoría de esos autores y sus obras se hayan perdido para siempre.

    ResponderEliminar
  4. Supongo que los folletines fueron la manera de popularizar la literatura . A quien le guste la ficción sonora, van a estrenar el 26 a las 10 en radio 3 " el último trayecto de Horacio Dos " de E. Mendoza . El teatro sonoro se emitirá en directo desde " la casa encendida " Con acceso gratuito
    Chao

    ResponderEliminar
  5. Hoy buscando libros viejos para hacer manualidades, nos hemos encontrado con "Maria, la hija del jornalero" editado en 1868, ni conociamos el autor, ni la obra, pero por la epoca en que estaba publicado casi nos da ahora cierta pena hacerlo.

    ResponderEliminar