19 de junio de 2012

Final de una novela y principio de otra

"AQUÍ yacen D. Fidel Martínez Molinero, teniente de regulares. Falleció por Dios y por la Patria el 28 de julio de 1940 a la dad de 26 años. Doña Benita Molinero de Martínez falleció el 24 de abril de 1953 a la edad de 62 años. Los niños Manuel Julián Juan Ignacio Martínez".
Cómo llegaría al Rastro esta colla de gentes de las que habla esa chapa de porcelana es una pregunta ociosa y cándida: guiadas por su ángel de la guarda, que aparece al lado, y los salteadores de tumbas.

Del Rastro, 6 de mayo de 2012.

7 comentarios:

  1. Descansen todos ellos en paz, ahora que por fin han logrado su instante de gloria en el divino blog de Andrés Trapiello y ahora que sus nombres perdurarán en la memoria de Google.com forever and ever.

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  2. Manuel Cañedo Gago19 de junio de 2012, 1:41

    Salteadores de tumbas siempre los ha habido, como magistralmente nos describe Pío Baroja en su novela Aurora Roja; siendo Juan, el protagonista, quien se dedica a asaltar el antiguo cementerio madrileño de San Martín, para sustraer cruces y mármoles. También Francisco Umbral nos narra con especial maestría hechos parecidos, en Madrid 650. Seguramente, la chapa que aparece en la fotografía ha sido llevada hasta el Rastro desde la no muy lejana Sacramental de San Isidro.

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  3. ¿Había usted criado a sus cuatro nietos huérfanos? Ayudaría bastante a su nuera, cuyo nombre quizá simplemente no cupo en la porcelana con los nombres de los niños. Duros siempre los tiempos, Doña Benita. “Por doquiera que el hombre vaya lleva consigo su novela”; muerto, también: el asalto de su tumba la prolonga unas páginas.

    “Los niños Manuel Julián Juan Ignacio Martínez”. ¿Juan Ignacio? Terrible: en el collar, ¿cuatro o tres niños? Salud a los supervivientes: uno, dos, tres o cuatro. ¿Salud también a todos nosotros? Por qué no.

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  4. ¡Qué horror! ¿Y quién comprará eso? Me recuerda la escena de La Colmena en que un cliente ciego del café de doña Rosa descubre que la mesa de mármol, por la parte de abajo, tiene grabada una inscripción mortuoria (que consigue leer al tacto)... porque en realidad se trata de una lápida.

    Por mi parte, yo no tendré inscripción fúnebre, pues aspiro a ser cremada (y, si es posible, mascletada). Pero, si hubiera de tener una, me gustaría ésa que, según dicen, concibió para sí Alfonsina Storni:

    Amé y también fui amada.
    Acarició el sol mi faz.
    Vida, no me debes nada.
    Vida, estamos en paz.

    EMILIA

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  5. Griegas o latinas, todas las íes son importantes. Por lo que se ve, la transcripción correcta más probable es la siguiente: “LOS NIÑOS MANUEL [,] JULIÁN Y JUAN IGNACIO MARTÍNEZ”.

    Tres niños, no cuatro. En el cuadro falta uno. ¡Ese ángel de la guarda! No. Hay una niña. El encargado debe ser otro.

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  6. Dicen que los muertos no se mueven, pero estos han dejado sus huellas en el Rastro. Saludos

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  7. sus restos, el rastro de sus restos en el Rastro. Por eso al tute se dice: ¡Arrastro!, como el vendaval de la vida que todo se lo lleva por delante
    saludos blo

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