16 de junio de 2012

Pierre Saunier (y 2)

                                                                                       Para Alice Déon

DESDE luego lo que más llamaba la atención de aquella librería eran precisamente los libros. En una ciudad como París, abrumada por el peso del surrealismo y las vanguardias, resultaban, como poco, exóticos: romanticismo, realismo, parnasianos, simbolistas y, especialidad de la casa, veta feérica, en su doble cuño, seráfica y satanista. Frente a los libros de cubiertas a menudo estridentes y coloristas de la vanguardia, aquellos libros amarillos de aspecto humilde y tacto pajizo resultaban tan discretos como la melodía de un solo de acordeón frente a una trepidante jazzband. Y en ese punto sentía uno indecible simpatía por un librero que parecía haber ido recogiendo en los arrabales de la bibliofilia lo que París llevaba desdeñando, literariamente, ochenta años. Y no sólo sentía uno hacia aquel librero simpatía, sino gratitud por la atención que le prestaba a la gran poesía (lo otro, más o menos vistoso, no eran en su mayor parte sino los abalorios del siglo XX): Jammes, Laforgue, Verhaeren, Verlaine, Rodenbach (Le règne du silence, dedicado por su autor, quinientos francos, mi primera compra, a la que siguieron otras de Jammes, sus raras plaquettes de Orthez, su ingenua y lírica visión de la naturaleza). 
Puede que la simpatía que nos causa el librero no se corresponda con el trato que dispensa a sus clientes (a mí me entra siempre la tentación de regalarle los libros, después de habérselos pagado, por si eso le arranca al fin una pequeña sonrisa), pero tal vez este forme sólo parte de su humor voltario.
Y que es una persona humorada, lo demuestra en sus extraordinarios catálogos, por lo demás de un rigor bibliográfico infrecuente en el gremio, presentados de este modo: "Pierre Saunier. Libros en buen estado o en estado deplorable. Precios moderados o excesivos. 22 rue de Savoie. 75006 Paris. Condiciones de venta conforme a los usos del Sindicato de las Librerías de Viejo y Modernas y a los reglamentos de la Liga Internacional de Librerías de Viejo".
En fin, y pocos consejos más: si caes un día por allí, mejor no preguntes nada, y si preguntas, con monosílabos, por si acaso. Como suele tener puesta siempre una música excelente (Mozart, la última vez), no cuesta en absoluto sumarse a su silencio. Hasta su móvil lo tiene en modo parpadeo.
Y cosa extraña: si se le solicita, puede conceder rebajas significativas, tanto en los precios moderados como en los excesivos.


Cubierta modernísima de uno de los cincuenta ejemplares de la plaquette Vers de Francis Jammes 1893.

3 comentarios:

  1. Un jour bleu de l'Été


    Un jour bleu de l'Été que nous nous promenions,
    Le petit que j'étais et la vieille servante,
    Nous vîmes, sur le foin aux vagues reluisantes,
    Battre des ailes un énorme papillon.

    Et, m'avançant avec mille précautions,
    Je posai brusquement sur cette fleur vivante
    Mon chapeau, sous lequel je la pris pantelante,
    Puis l'emportai dans une boîte à la maison.

    Et mon coeur se serra d'indicible tristesse
    Quand je montrai l'insecte à mes parents. Qu'était-ce?
    Gomment le reconnaître? Ah ! II n'était plus tel

    Que tout à l'heure... O mes frères en poésie!
    Il n'avait plus autour des ailes la prairie
    Qui me l'avait fait croire aussi grand que le ciel.

    (Francis Jammes)



    Un día azul de estío



    Un día azul de estío en que todo reposa,
    El niño que yo era y la vieja sirvienta,
    Vimos, sobre el heno de ola que impacienta,
    Batir sus alas una enorme mariposa.

    Y adelantándome con mil precauciones,
    posé bruscamente sobre esa flor de vida
    Mi sombrero, sin que quedara herida,
    Y la llevé en una caja a mis rincones.

    Pero mi corazón se ciñó de indecible tristeza
    Cuando mostré el insecto a mis padres. ¿Qué era?
    ¿Cómo reconocerla? ¡Ay! Ya no era el rielo

    De antes... ¡O hermanos de canto!
    Ya no tenía en torno a sus alas el campo
    Por lo que la creí tan grande como el cielo.

    (Francis Jammes, Traducción de Robín García)

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  2. Debe ser cosa de mi carácter, pero para mí no es demasiado importante la formalidad del libro, que sea tapa dura o blanda, que sea una edición histórica y con dedicatoria del autor a su prima Eduvigis... A mí me gustan los libros por su contenido, y considero un placer subrayar en ellos, anotar cosas en los márgenes, e incluso que las hojas se deformen (señal de muchas relecturas)... Un libro que no subrayo es un libro que no me ha despertado pasión ni interés. Y claro, si fuera una edición incunable del siglo XVI, pues no me pondría a escribir y subrayar en ella. De todas formas, como siempre, respeto a quienes piensen de otro modo.

    Por último, y aun cuando algunos seguidores de este blog son algo refractarios a las notas humorísticas, contaré la historia de quien dijo a su amigo:

    -Acabo de tirar a la basura un libro viejísimo que guardaba mi abuelo. Era una Biblia editada por un tal Gütemberg.

    -¿Pero qué has hecho? Si ése fue el primer libro que se imprimió en la historia. Lo que has tirado tenía un valor incalculable.

    -Pues no creo que valiera tanto, porque estaba lleno de correcciones y tachaduras hechas por un tal Lutero...

    Desde zumo-de-poesia.blogspot.com,
    AITOR SUÁREZ

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  3. si se le solicita puede hacer rebajas significativas... con qué spleen debe ejecutarlas... como el FMI entonces

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