26 de junio de 2012

Cómo acabalarse una biblioteca

SE hablaba ayer aquí de don José Mor de Fuentes y del Bosquejillo de su vida. En él se encuentra uno de los pasajes más sentidos que pueda leerse sobre los libros viejos y los buscadores de libros viejos, en la ciudad en la que acaso más amor ha mostrado por ellos.
Aquí va este homenaje a ellos de un hombre al que los libros le dieron ilusión y sentido:
"He hablado antes de la Biblioteca; todo París viene a ser una librería perpetua. Además de las tiendas principales, que son muchísimas y perfectamente surtidas, el Baluarte, plazuelas, pretiles, antepechos de puentes, todo asoma cuajado de obras que, aun siendo absolutamente nuevas, se suelen dar por menos de la mitad del precio que tienen señalado en la portada o en el lomo; de modo que un sujeto de algunas facultades, con una cantidad corta, en un rato puede acabalarse una biblioteca selectísima; y así se hace forzoso a los aficionados el pasar de largo, pues en clavando la vista se cayó en la tentación". 


A la pregunta de si tenía a mano una foto de bouquinistas que se saliera de lo normal, nuestro amigo, parisino y amante de los libros y que ayer también nos dio otra alegríanos respondió: "Sí. La primera es de un soldado alemán, y está tomada por André Zucca, el fotógrafo de Signal que, como tenía carretes Agfacolor, pudo fotografiar un París que siempre vemos en blanco y negro; si no lo tienes, te recomiendo vivement el catálogo de la exposición que le dedicaron hace unos años. Las otras dos, que son mejores (quizás me guste todavía más la frontal, sin Notre Dame), son de William Vandivert, un buen fotoreportero de Life, y de justo antes: de julio de 1939. Siento que todas ellas lleven marcas de agua, pero las de Life no molestan. Abrazos y espero haberte sorprendido con unos bouquinistes que no son los de Yvon, el postalero, tan manido. JMBonet".

4 comentarios:

  1. Acabo de leer la reseña que firma JMBonet. Como espectador, también yo me alegro. Saludos.

    ResponderEliminar
  2. Lo mejor de los puestos de libros es hojear y ojear la mercancía, abrir el libro y leer unos pasajes para ver si te gusta lo que dice y -sobre todo- cómo lo dice. Y después, si es así, decidirte a comprarlo. Me sacan de quicio esos libros que vienen envueltos en celofán, que no dejan hacer "cata y cala" de sus páginas. Leí un artículo de Javier Marías sobre una odiosa librería cuyo propietario se enfurecía si alguien ojeaba u hojeaba un libro. Qué indeseable. Los suplementos literarios ganarían mucho si sustituyeran las críticas por fragmentos de los libros en cuestión, para que así los interesados pudieran leer unos pasajes de aquéllos y, si les gustan, decidirse a comprarlos.

    AITOR SUÁREZ

    ResponderEliminar
  3. qué párrafo más maravilloso: "... en clavando la vista, se cayó en la tentación". Gracias. Se ve que en la Ciudad de la Luz la tentación vive sobre los puentes, y que Mor de las Fuentes, como un conde, lo vió antes que nadie.
    saludos blo

    ResponderEliminar
  4. Así me sucedió "en clavando la vista" en uno de esos libreros del Sena compré dos libros blancos, Amours de Léautaud y Voyage en Italie de Chateaubriand que seguro le habría gustado a Mor de las Fuentes. Las páginas del Voyage tuve que rasgarlas en la medida que las iba leyendo pues no habían sido cortadas, han quedado virutas de papel en los bordes y parece una edición antigua, hecha en suiza, ilustrada con unas acuarelas de Roma muy bonitas. En los documentales de la época de la ocupación se ven las banderolas nazis en Rivoli y los letreros en alemán con los nombres de las calles y avenidas por toda la ciudad, fue de las primeras cosas que la gente destruyó. De las librerías pequeñas del barrio latino quedan pocas, poco a poco los espacios comerciales se han convertido en tiendas de ropas y bisuterías, restaurantes y comercios.

    ResponderEliminar