25 de junio de 2012

Viva el delirio

RECORDAMOS, y ha quedado como una frase más de nuestro propio léxico familiar, la que el pintor Ramón Gaya solía decir ante tal o cual exceso, no necesariamente de la vida artística y sus “sustos baratos”: “Es todo tan grave, que ya no importa”.  

No vendría mal recordarla en estos momentos por los que atraviesa España. Así, pues, ni una palabra más sobre la crisis, nuestros banqueros y nuestros políticos. Lo que todos ellos puedan hacer hoy contra nosotros lo intentaron ya ayer, y volverán a intentarlo mañana, pero hemos llegado a ese punto de sublimación en que pueden atravesarnos con un sable, igual que a los faquires.  “Sablecitos a mí”, diremos, como don Quijote. Por mí hoy el mundo puede venirse a pique: tengo esta pequeña barca. Si usted quiere, suba a bordo, hay sitio para dos. No me importa remar. Hablo de un libro, muestro esquife: Bosquejillo de su vida. Como todo lo valioso, no le será fácil encontrarlo. Desde luego no lo hallará en ninguna librería de nuevo. Lo escribió Don José Mor de Fuentes, un hombre singular que fue muchas cosas, marino, militar, aventurero, viajero, escritor. Estuvo en Madrid durante el levantamiento popular contra la francesada,  de ahí partió a Zaragoza, que defendió con los patriotas, y huyendo del rey absolutista pasó a Francia, de cuya capital, París, nos dejó en ese libro páginas deliciosas.  En Barcelona vivió miserablemente e imprimió alguna de sus raras y admirables obras que no lo sacaron de pobre, al contrario, lo devolvieron a su pueblo aragonés, Monzón, donde lo recogió por caridad un amigo suyo sastre, en cuyo desván murió.

Pese a la opinión que tenía de este país (“se escasea, como en todo pueblo corto, de racionalidad entre nosotros, sin más recurso que el ridículo juego de naipes y la chismografía bárbara y mohosa”, nos dirá, haciéndole el dúo a Larra), el Bosquejillo de su vida confirma que no hay vida mala ni aburrida, si se cuenta bien.

Volvió uno a ella buscando noticia de su conmovedor Elojio de Miguel de Cervantes, de 1837, recién encontrado en el arroyo. Este es un librito que pese a ser del tamaño de un naipe, otro esquife, parece la cortesía de su autor para recordarnos que en este país escaso de racionalidad hubo también quienes encontraron en Cervantes el modo de sobrevivir a la miseria moral. Lo hizo además con el tono más jovial del mundo, acorde a su curiosidad insaciable por cosas, personas y ciudades y con una escritura tan natural y sazonada que envenena nuestra nostalgia: ¿por qué ya sólo hablamos como patanes? Pero la enseñanza de Mor de Fuentes es neta: no es fácil dilucidar nuestras suertes, en cualquier momento cambian.  ¿Es más grave que nuestra prima de riesgo haya alcanzado hoy los 548 puntos o que varios seísmos hayan arrasado el norte de Italia, llevándose por delante vidas humanas y cientos de iglesias y torres que cifraban la belleza del mundo para miles de personas?  José Mor de Fuentes, como Larra, consciente de que el mundo es fiero con las personas nobles y desinteresadas como él, no se arredra. Al contrario, es rico en auroras. Espera la suya cada día, y antes de echarse de nuevo a la calle, dice con humor, encogiéndose de hombros: “Vamos adelante, viva el delirio”.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 24 de junio de 2012]

7 comentarios:

  1. Ramón Gaya. Sobre todo lo conocí de verdad cuando leí Las armas y las letras, ensayo que reconozco me ha fascinado y del que me he valido (también lo reconozco)para desmontar en determinados círculos de intransigencia a ese serie de bufones que la política y unos cuantos tontos elevaron a la categoría de iconos.
    Es curioso comprobar cómo la gente necesita mantenerse apegada con desesperación a la idolatría. Y diría que esa enfermedad contagiosa la he descubierto con mayor frecuencia en rediles de la izquierda, donde la fiebre se pone muy alta cuando aceptan a regañadientes que el héroe no lo era tanto.

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  2. Juan Ramón publicando en 1837 a Cervantes. Qué cosa más curiosa.
    J.Blas

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  3. Lo importante no tiene apenas nada que ver con lo interesante. Generalmente las cosas que más importan no son las que más interesan.

    (Lo vemos continuamente, no hace falta dar ejemplos.)

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  4. ese gran Mor de Fuentes (la bellezza hasta en el nombre) quizás llegara a poca cosa en el Mundo por su ánimo templado y cervantino. Ah, hubiera llegado a conde, ¡Conde Mor de Fuentes! de haber hecho relaciones,como todo intelectual que se precie, y también de haber dado muchos gritos, eso sí, uno de cal y otro de arena.
    saludos

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  5. Lo importante es la prima de riesgo y la bolsa , el " artificio " . Las muertes y catástrofes , lo natural, son simples " daños colaterales " y olé
    Chao

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  6. Tú me llevaste a Azorín y éste me llevó a Mor... así bien guiado y acompañado va uno pasando los años y los veranos.

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