26 de febrero de 2015

Cómo ser moderno sin parecerlo

ESTE era el título de una conferencia (lo de "pronunciar una conferencia" no lo he entendido nunca bien) sobre Falla y Picasso y El sombrero de tres picos, dentro de un ciclo dedicado a las relaciones entre música y pintura, dirigido por Félix de Azúa para los Amigos del RSofía, que organiza Marga Paz, y que corrió a mi cargo (lo de "correr a mi cargo" tampoco es manco).
Recomendación de Azúa a los hablantes era la de no leer las intervenciones. La mía empezó en este cartel y con una pregunta: ¿qué ven en él, aparte de la tipografía de un cartel muy poco vanguardista? Esto: el nombre de Picasso está en el mismo cuerpo de letra que el pie de imprenta (de hecho aquí ni se aprecia), y el de Falla, en el de cualquiera de los bailarines. ¿Qué quiere decir esto, el hecho de que el nombre de los dos artistas por los que se ha hecho famoso ese ballet vaya tan pequeño?… Y de ahí hasta el final, una hora.
Estas que siguen son las palabras del programa de mano.
* * *
Se estrenó esa obra de Manuel de Falla en Londres, con decorados y vestuario de Pablo Picasso y coreografía de Leónidas Massine, en 1919.
Podemos hablar por tanto con absoluta propiedad de los “felices años veinte”, conjunción afortunada de muchas artes menores y mayores al servicio de la “alegría de vivir”.
Aquel estreno fue un hito no sólo en la carrera de Falla o en la historia de los célebres Ballets Rusos (Picasso estaba ya sobrado de hitos), sino uno de los cantos del cisne de la modernidad (hubo varios): era posible hacer una obra maestra partiendo de una pantomima decimonónica (aunque magistral, Alarcón, autor del libro El sombrero de tres picos, que a su vez recogía el romance de “El corregidor y la molinera”, era un autor del “pasado reciente”, el peor de los pasados, como es sabido), de algo ligero e irrepetible siempre, como es la danza, y de algo, igualmente efímero, unos decorados de teatro y unos figurines, llamados por lo general al desguace (al fin y al cabo esos decorados no son de mano del artista, sino de la de unos artesanos, como los trajes).
La unión de temperamentos y estilos heterogéneos hizo aún más prodigiosa la síntesis: Falla, un hombre monástico y silencioso, de los que “va por dentro”; Picasso, exuberante y siempre un poco trilero, y Diaghilev un empresario astuto e insaciable.
Tradición y vanguardia fue la enseña más inteligente de la vanguardia. Nada se crea de la nada, y además conviene hacerlo con humor. Sin el humor, la gran aportación de las vanguardias, su elevación a rango de gran arte, como lo fueron en su tiempo la tragedia o la lírica, no se entendería el arte ni la vida.
Falla tomó para su composición, como venía siendo habitual en él, aires, bailes, melodías, ritmos de la tradición española, concretamente andaluza;  en la reutilización de esos elementos nacionales, como sucedió también en Stravinsky, no deja de haber cierta ironía: se habla de neoclasicismo, pero a diferencia del genuino neoclasicismo, el del siglo xviii, que mira al clasicismo de verdad, el de la edad dorada grecorromana, el neoclasicismo de la modernidad del siglo xx da tratamiento de clásico a lo que no siempre lo era.
Picasso, que había fundado, desarrollado y cerrado el cubismo, acaso la última gran innovación de la historia de la pintura, acaba de volver entonces a su neoclasicismo personal. El suyo, más irónico aún, no es la vuelta al clasicismo sino a los neoclásicos, con Ingres a la cabeza. Tras el ascetismo cubista, vuelven en él la sensualidad y redondeces del mundo, en definitiva: la joie de vivre.
Massine-Diaghilev ponen el resto, la cristalización de lo que en arte no dura, aquello que contribuirá a la leyenda de la obra de arte, el perfume, lo más frágil y a menudo lo más duradero y firme en la memoria, aquello capaz de desencadenar todo el pasado. ¿Fueron en verdad sublimes aquellas coreografías, como nos cuentan las crónicas y reseñas de sus contemporáneos? La técnica (el cine, la fotografía, la televisión), nos permiten conservar hoy sonido e imagen de casi todo. El movimiento, la cadencia de las cosas. Hablar de los ballets rusos hoy tiene algo de hablar de una función de Le cirque du soleil a quien no ha podido ver ninguna de las a menudo poéticas puestas en escena de esos magos artistas malabares. Como hablar por señas a un ciego.

Y eso sucedió en 1919, gracias a quienes, conscientes de su modernidad, no necesitaban probarla ni hacer historia. Podían ser modernos sin parecerlo: Falla, vestido de contable del siglo XIX con su terno eternamente negro y sus aires de Buster Keaton; Picasso, jugando a todas horas con sus españoladas, y los bailarines proclamando lo que proclaman los bailarines desde los tiempos de Dionisos: “carpe diem”, lo que dicho en puntas de pie no deja de tener su aquel.



6 comentarios:

  1. Andrés: creo ha tenido un lapsus en línea 19 del escrito al redundar la palabra vanguardia.
    Diego Rivera ha sido el muralista más importante del siglo XX, el hizo en Detroit el mural de la Ford, Diego dejó claro en su obra maestra que por mucho que se desarrollara la tecnología : la Agricultura seguiría siendo lo principal. El mural de la Ford fue la base de Tiempos Modernos de Chaplin, las maquinas de Charlot son calcadas de las del mural; ninguna pintura dio para tanto, ni reflejó con tanto acierto la modernidad en que vivimos

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  2. Cómo ser moderno sin pretenderlo también tiene su aquel, sobre todo si se le recuerda el mérito al nutrido grupo de aspirantes.

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  3. «ESTE era el título de la conferencia que habló uno ayer (lo de "pronunciar una conferencia" no lo he entendido nunca bien)… » Así en su primera versión. No enviado a su tiempo, el siguiente comentario es tan absolutamente inútil que quizá merezca la existencia.

    Madrid, siete de la tarde: las conferencias, dadas o recibidas. ¿Pronunciarlas, dictarlas, hablarlas? “Se ponían”, gracias a aquellas señoritas, entrando a la Telefónica por Fuencarral. DRAEL:

    «DICTAR
    4. tr. Dar, pronunciar, impartir una clase, una conferencia, etc.

    HABLAR [Transitivo solo en la acepción 18]
    18. tr. Decir algunas cosas especialmente buenas o malas. “Hablar pestes. Hablar maravillas”. [¿Hablar conferencias? Solo si son pestes o maravillas].

    PRONUNCIAR.
    (Del lat. “pronuntiāre”).
    1. tr. Emitir y articular sonidos para hablar.
    2. tr. Determinar, resolver. U. t. c. prnl.
    3. tr. Resaltar, acentuar, destacar. U. t. c. prnl. “Esa falda blanca pronuncia tus caderas”… » [Ay del académico que puso este ejemplo: a nadie puede asesorar ya en el uso de la lengua].

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    1. No tan inútil su comentario a destiempo; explica la existencia del paréntesis que en la versión definitiva, en cambio, parece sobrar.

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    2. El poeta no siempre puede cogerse la palabra con papel de fumar.

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  4. No conocía esta historia, muy buena. Falla compuso un libreto musical, el Retablo del Maese Pedro , basado en el Quijote , obra cuyo estreno mundial dirigió Luis Buñuel.
    Luis comentó: Vino Ricardo Viñes, el pianista, era amigo de Mengelberg y había dos famosos teatros en Ámsterdam de música
    sinfónica . En uno de ellos se presentó con gran éxito la Historia de un soldado, de Stravinsky, y Mengelberg quiso estrenar algo equivalente en el otro teatro

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