28 de febrero de 2013

De la guerra

"LA guerra misma cuando es llevada con orden y respeto sagrado de los derechos ciudadanos", leemos en la Crítica del juicio, "tiene algo de sublime en sí y, al mismo tiempo, hace tanto más sublime el modo de pensar del pueblo que la lleva de esta manera cuanto mayores son los peligros que ha arrostrado y en ellos se ha podido afirmar valeroso; en cambio una larga paz suele hacer dominar el mero espíritu de negocio, y con el bajo provecho propio, la cobardía y la malicia y rebajar el modo de pensar del pueblo." 
Creo que estas líneas están en la raíz del proyecto de novelar las guerras barcialeas, y, de paso, de toda la fascinación por la guerra de su autor, Ferlosio, aunque sólo estas, también de Kant (Hacia la paz perpetua), hacen admirables los numerosos ensayos de este sobre el "arte de la guerra": "Una federación de Estados que tenga como finalidad evitar la guerra es el único estado jurídico compatible con su libertad." 
Quiero decir que la novela permite al novelista buscar en la guerra los valores que en modo alguno encontrará ni mucho menos justificará el ensayista. Qué hacía Kant escribiendo textos tan contrarios entre sí, es algo que se me escapa por completo, pero seguramente habrá escoliastas que ya lo habrán aclarado.

Curtidos, Tetuán, 11 de noviembre de 2005

11 comentarios:

  1. Con su buen ocio qué hacemos, don Manuel. ¿Negocio o guerra? ¿Con cuentas o uniforme parió usted sus tres “Críticas”? Difícil papeleta la de sus escoliastas.

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    1. Alado ocio.
      Vienen a ser lo mismo
      guerra y negocio.

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    2. La guerra: destilación metafísica dentro del Laberinto kantiano.

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  2. Pieles y cuernos.
    Incómoda, la cómoda
    pide el traslado.

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  3. (…)«¿Por qué pues, millones de hombres se mataron unos a otros, cuando todos saben, desde que el mundo es mundo, que eso es obrar mal, moral y físicamente?

    Porque la cosa era tan inevitable que, al llevarla a cabo, obedecían a una ley elemental, zoológica, a la que obedecen las abejas que se matan unas a otras en el otoño, y los machos que se exterminan entre sí. No se puede dar otra respuesta a esa terrible pregunta.

    Es esa una verdad no solamente evidente, sino innata a todo individuo, que ni siquiera tendría necesidad de ser demostrada si no existiera en el hombre otro sentimiento y la conciencia que lo convence de que es libre en todo momento en que actúa.

    Si consideramos la historia desde un punto de vista general, nos persuadimos de la existencia de una ley eterna que rige los acontecimientos. Pero si la consideramos desde el punto de vista personal, tendremos la convicción contraria.

    El hombre mata a sus semejantes, Napoleón que da la orden de cruzar el Niemen, usted y yo que presentamos una solicitud a fin de obtener un puesto, que subimos y bajamos los brazos, todos estamos absolutamente seguros de que cada uno de nuestros actos se basa en causas razonables y en nuestro libre albedrío; en suma, que de nosotros depende obrar así o de otra manera; esa convicción nos es tan natural y cara que, a pesar de las demostraciones de la historia y de la estadística criminal que nos convence de la ausencia de libre albedrío en los demás, extendemos la conciencia de nuestra libertad a todos nuestros actos.»

    Hasta aquí las reflexiones de L. Tolstoi en su apéndice de "La Guerra y La Paz".

    ¿Racionalizar el absurdo de la guerra para poder justificar ante nosotros mismos lo injustificable?

    Intenta el ser humano dar sentido a sus anomalías. Si no pudiéramos vestir de moralidad nuestras acciones sería imposible la vida. Habría que ser santo o héroe para escapar a esta necesidad.

    Partir del reconocimiento de nuestra esencial precariedad, reconocerla como la causa de toda racionalización, de justificar acciones que el corazón desmiente.

    Kant,¿De qué manera caminar hacia una paz permanente no reñida con la justicia?
    ¿Cómo es posible que la guerra pueda traer la paz? Oscilaciones inevitables para intentar dar solución a lo irresoluble.

    Lo más sublime que pueda tener el ser humano siempre parece aflorar en situaciones extremas, como ocurre en las guerras. Sólo ahí podría encontrarse un atisbo de redención.



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  4. Pieles y cuernos.
    Botín de la batalla
    siempre perdida.

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  5. Mutación del concepto de guerra...

    ¿Es nuestro orden social un permanente "estado de sitio"?

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  6. Algunos fueron a la guerra porque creían que podían ganarla. Pero no. No se puede ganar una guerra, como no se puede ganar un terremoto.

    Lo bueno es que ahora se sabe mejor que es imposible ganar una guerra. Al menos una guerra nuclear. Nadie ganaría: perderíamos todos. Empate a cero: empate a nada, a la nada. Adiós a la vida sobre la Tierra (tal vez sobrevirían algunas bacterias y -dicen- cierta variedad de cucarachas). Probablemente gracias a esto llevamos casi 70 años (desde 1945) sin guerra nuclear.

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  7. Al leer el post asimilé escoliastas como escolásticos pero no me cuadraba . Me dije esto no es verdad , releí y miré la palabra , muy acertada .
    Aquel ruego de Juan Ramón " ¡ Transparencia , Dios , Transparencia ¡ " se ha convertido en una frase universal , una necesidad vital .
    Chao

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  8. Lo de la guerra parece una observación más que una teoría filosófica . Kant escribía en un alemán ya extinto y algunos traductores han interpretado mal sus escritos y no han sabido captar la literalidad de los mismos, según leí .

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  9. Insociable sociabilidad- eso sostenía Kant acerca de la condición humana. Capaz del enfrentamiento y de la concordia al mismo tiempo. Y quizás de lo uno en función de lo otro, con arreglo a algún mecanismo interno instinto, radical, de la naturaleza humana.

    Kant no dejaba de ser un dialéctico, alguien que hace del conflicto el partero (con dolor) de la historia, Luego Hegel complicó todo esto, y Marx no le digo...

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