2 de septiembre de 2013

Desangrante


UNO de los pilares sobre los que se sustenta el humor es la distorsión del lenguaje. Por lo general esta distorsión, si es buscada, no suele causar risa ni hacer gracia; al contrario, puede llegar a impacientar. “¿El tocador de señoras?”, pregunta la vedette al galán: “Servidor”, responde este. Si uno está en el patio de butacas del teatro en el que se representa el bodrio hecho a base de este tipo de diálogos, se abochorna de tal modo que puede llegar a atufarse, y morir. Las distorsiones involuntarias o consecuencia de la ignorancia suelen ser, por el contrario, comiquísimas. Sancho Panza, para desesperación de don Quijote y regocijo de los lectores, se pasa la novela diciendo sin querer una cosa por otra o confundiendo las palabras. Bien porque en verano la gente suele ser más locuaz, bien porque pasamos más tiempo en la calle oyendo lo que la gente dice, es raro el día que uno no llega a casa con el morral lleno de tiernos gazapos. Hay personas que tienen, además, un don especial para hacer que lo que en principio era un disparate pueda llegar a parecernos un acierto, como el hortelano que injertó por equivocación ciruelas en un melocotonero, y le salieron nectarinas, o el dios que cruzó caballos y ninfas, y le nacen centauros.

De esa naturaleza híbrida o mestiza son estas dos palabras oídas en una terraza a un desconocido que refiriéndose a la crisis actual, cómo no, recordaba los tiempos en que “nadábamos en la ambulancia”, frente a estos otros, tan distintos, en los que la situación resulta “desangrante”. Cuánto más expresivo ese desangrante precisamente hoy, sitiados de injusticias demigrantes (otro “palabro” glorioso).

“Dudo por encima de mis posibilidades”, escribe José Luis Cuerda en Si amaestras una cabra, llevas mucho adelantado, el libro de aforismos que tanto aligeró nuestro estiaje. El mejor humor no es el que hace reír, sino el que además hace pensar. “Quien sabe perder lleva mucho ganado”, nos dice Cuerda, para añadir en otra página, con una concisión que ya la hubiese querido para sí Ortega: “Soy como estoy”, y por eso podemos decir que por estar España como está (en ambulancia), casi ni somos.

Agradecemos al director de Amanece que no es poco el haber querido hacernos sonreír (“La sonrisa es un instrumento de cuerda. La carcajada, de percusión”), tanto como agradecemos al desconocido que desató nuestra risa sin quererlo él:  “No consta que nadie, nadie que haya sido mandado a la mierda, haya ido”, sentencia Cuerda con absoluta seriedad, quitándonos de la cabeza la tentación de mandar allí a unos cuantos, sabiendo que no va a servir de mucho. Además la base del humor subversivo es precisamente el decirlo todo con cara de póker (el padre de Cuerda, de quien este debería algún día escribir sus increíbles andanzas, era un jugador profesional de cartas en los años del franquismo): “Tengo la sensación, muy agradable, de que del mundo actual me estoy perdiendo un montón de cosas que no me interesan nada”. Alguien dirá que este derrotismo es “desangrante”, que así no vamos a parte ninguna. Y lleva razón. Pero también la tiene Cuerda: “A veces el camino de ida se hace a la vuelta. Y no es triste”.
                    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 1 de septiembre de 2013]

7 comentarios:

  1. En las obras se escucha de todo y se aprende de la vida misma, que es la mayor obra. Si tuviera que recordar dos impactos únicos citaría "el bote sinfónico" y la aclaración - mientras la bota de vino pasaba de boca en boca - de que "la blenorragia es como si fuera una hemorragia de la pus en el pito".

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  2. "Discriminación" debió parecerle poco y por eso dijo que lo suyo (es decir, lo que se había cometido con él) era una "indiscriminación".

    Yo me reí, pero luego me sentí mal. ¿Cuántas cosas sabría él que yo ignoro por completo?

    Sandra Suárez

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  3. Ya dijo Monterroso que el humor nos salva. Durante una reunión en una embajada en México se le acercó una señora de un diplomático para decirle que le encantaban sus libros ¿Y cual de ellos le ha gustado más?-pregunto el escritor ¡Ah, el del dinosario!- contestó ella- Pero aún no le puedo decir nada, voy por la mitad.

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  4. El humor es algo que necesita de una cultura apropiada por parte del lector y un saber hacer de quien lo escribe , exige cierta espontaneidad y sinceridad . Si te pones a recrear un texto humoristico como lo harías con un poema , entonces ese humor está alienado tanto por las palabras como por la intención y quien sepa apreciar sabe ver estas cosas .
    El gran problema del lenguaje es la corrupción y los votos ; luego les escriben los discursos con una pomposidad y exigencia de actuar para lo que no están capacitados . A veces la solemnidad del lenguaje político produce monstruos , pero no dan más de sí y llegan un paroxismo con los gazapos que ya están dando lugar a programas especiales en la radio ( hay periodistas gazaperos que aportan lo suyo ) .
    Es dificil ver una novela en que los actores principales tengan el papel de buenos y sean tratados con tanto cariño , pero el Quijote aporta un todo y creó el surrealismo ( el género que nunca muere y que tan ligado está a la lucha anticapitalista , con muchas variantes eso sí ) .

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  5. "A mi madre siempe le duele la espina tropical".

    Testimonio de un niño malagueño, hijo de familia numerosa, en los años setenta... Y el padre de familia trabajando en Alemania.

    ***

    "Abuela, esta casa parece una vidateca, con tantos cuentos", dice Miguel, de cuatro años, ante la bien nutrida biblioteca de sus abuelos.

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    Respuestas
    1. "Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cuatro años!"

      Groucho Marx

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  6. De miniatura medieval :
    A la cabeza el fidalgo,
    el más halagüeñamente impanzudo ,
    junto al fidalgo su dama
    en la flor de la juventud , joventudisima
    La alegría de escribir :
    ¿ Hasta donde corre por el bosque escrito el corzo escrito ?
    Una gota de tinta contiene una solida reserva
    de cazadores , apuntando con un ojo ya cerrado,
    preparados para el descenso por la pluma empinada,
    para cercar el corzo y llevarse el fusil a la cara

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