16 de septiembre de 2013

Pobres y famos*s (1)

Así como viajar fue durante un par de siglos, de mediados del XVIII a mediados del XX, un asunto que sólo concernía a los comerciantes, los aventureros o soldados y los ricos, la celebridad sólo parecía incumbir hasta ayer, como quien dice, a los potentados. Han cambiado mucho las cosas, y los viajes parecen únicamente un asunto de la plebe, que se desplaza por el planeta en un estado de excitación y alegría inexplicables, a juzgar por las condiciones en que se ve obligada a hacerlo (metidos en aviones como ganado, comiendo basura y durmiendo en hoteles ruidosos decorados con un gusto lisérgico). Y da igual lo que sea uno: le harán sentirse parte de la plebe. ¿Y la fama? A ella aspiraban los caballeros renacentistas y combatían noblemente por alcanzarla. Incluso los románticos, como Byron, se lanzaban a recorrer el mundo tras de ella. Hoy podemos afirmar que sólo los pobres de los países ricos, o principalmente ellos, quieren ser famosos, para lo cual trabajan con denuedo en ese invento que se ha dado en llamar “redes sociales”, tanto por unirles como por mantenerlos esclavos.
  
Hace cincuenta años Andy Warhol vaticinó que en el futuro todo el mundo tendría sus quince minutos de gloria. Creo que Warhol, que era un hombre del espectáculo y por tanto bastante plebeyo, se refería a salir en los periódicos, en el cine y la televisión, o sea, en los medios, que son los que suelen ocuparse casi en exclusiva, como todo el mundo sabe, de los mediocres. Lo que Warhol no podía sospechar fue que esos quince minutos a lo largo de una vida se llegarían a convertir en veinticuatro horas al día.

Ha oído uno contar a mucha gente las excelencias de tuiter y feisbuc (compañero corrector: si estos inventos son tan potentes como el fútbol, prevalecerán, y su nombre se castellanizará, y si no, ¿qué más da cómo lo escriba?). Oye uno también que determinados personajes, por lo general del mundo del espectáculo (políticos, periodistas y demás), se sirven de ellos para dar sus “comunicados” o “filtrar” aquellas opiniones o noticias de su interés. Aprovechando el mes de vacaciones, que suele ser uno de los más desaprovechados del año, algunos amigos han intentado interesarle a uno en tales patios de vecindad, y le han asomado a esas ventanas. “Me voy a levantar porque creo que me he dejado la puerta abierta, y hace corriente”, fue el primer “comentario” con el que nos tropezamos. ¿Y qué interés tiene “comentar” eso, o leerlo?, pregunté. La mayor parte de los “comentarios” era de ese porte.


El proselitista estaba un poco abrumado por “la mala suerte” del experimento, y decidió abordar el asunto por otro flanco: “feisbuc y tuiter mantienen en contacto a gentes afines por razones familiares o vínculos profesionales o de interés particular a las que la vida moderna impedía o estorbaba su comunicación. Eso es maravilloso. Y como en todo gran invento, dependerá de cada cual el modo en que lo use. El simple dirá simplezas, el necio necedades, y el inteligente dirá cosas agudas, divertidas, inteligentes”. O sea, le dije con escepticismo, que trabajamos de nuevo en la agitprop (agitación y propaganda). (Continuará)
Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de septiembre de 2013




4 comentarios:

  1. Esa chispa que origina la hoguera de las vanidades . Las redes sociales sirven pasa demostrar que eres súper feliz ( lo que incluye viajar ) , se exagera y parece que todo el mundo vive en Jauja . Vanidad , chismorreos , grandes proyectos , hazañas y que no falte lo del " morrito de Facebook " ( que ya ponen en sus fotos mujeres de todas las edades y fanáticos
    de David Beckham o Tom C. )

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  2. Yo, precisamente, he debido de hacer ayer "mal uso del invento", porque mi comentario lo evaporó hinternez.

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  3. De hijos de la época :

    Somos hijos de nuestra época
    y nuestra época es política

    Incluso al caminar por bosques y praderas
    das pasos políticos
    en terreno político

    Adquirir significado político
    ni siquiera requiere ser humano .
    Basta ser petróleo ,
    pienso compuesto o materia reciclada ( o internet )

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  4. “Un espacio de escucha, de aceptación incondicional y de confirmación de experiencias Un buen ejemplo de terapia silvestre tienen esa función de terapia silvestre: más allá de una tarea trivial se tejen redes de escucha, confirmación y apoyo mutuo. Lo malo es que suelen limitarse a ser grupos frágiles y transitorios que no articulan un discurso moral que se salga de los gustos comunes, y por ello aparecen y desaparecen sin dejar otras huellas en sus componentes, si se exceptúa alguna relación a dos. Son redes efímeras, que proveen de unas mini-identidades limitadas, y por ello no articulan esa confianza básica en el cuidado que tenían las redes naturales de sociabilidad existentes en el barrio, en los lavaderos públicos, o en el trabajo estable.”

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