13 de septiembre de 2013

Todo va unido (y 2)

¿DE qué se habla en ese libro quinto del libro de Lucrecio que de tanto consuelo podía serle a Ricardo Baroja? Lo abre un elogio encendido de Epicuro (también don Pío se honraba de pertenecer a la piara del filósofo de Samos), y a ese elogio siguen consideraciones sobre la finitud de todo, y acaso saber que las cosas de este mundo y el mismo mundo están llamados a un fin más o menos lejano, pero cierto, consuele a quien ve llegado el suyo propio, cuando, como dice el propio Lucrecio, "por dentro todos los cerrojos de la vida se aflojaban" (De rerum natura, VI, 1150). Todo lo que nace muere, nos recuerda una y otra vez Epicuro, y comparte Lucrecio, "y de ello nadie ha de recibir tristeza".
Ya se habló hace dos años de Lucrecio y su libro aquí, pero volvemos a él, porque los libros, como las ciudades, como las personas, nunca se revelan de una vez, sino que sólo en el trato van manifestando su naturaleza, no siempre bajo la luz del sol, a menudo, como esta noche, a la luz de la luna y su "luz bastarda".

Segundo piso. León, agosto 2013

7 comentarios:

  1. El concepto del Universo es tan personal que este muere cada vez que una persona muere , el caso es que siendo el Universo infinito igual puede serlo el " alma " vinculada y subyugada por el mismo . No es necesario la existencia de Dios sino la del alma y el alma lo tenemos todos ¿ No ? , es igual para todos aunque se aloje en infinitos cuerpos diferentes . Parece fácil llegar a la conclusión de que un todo no puede ser finito . Creo en la existencia de Jesucristo , Buda o Mahoma en un cuerpo humano , aunque eso poco importa y sí ser bueno" por si acaso se necesita para contactar otras almas que lo fueron contigo" . Todo lo que pensamos puede ser verdad y creer en algo" totalmente" es algo muy humano , lo que tu crees es la verdad y nadie puede ser tajante llevandote la contraria sin caer en la soberbia .
    Saludos.

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  2. "Nada nos impide llevar una vida de dioses",

    ... sin embargo parece como si todos nos hubiésemos confabulado para ponerle al campo muros infranqueables.

    (...) EPICURO, disiente asimismo de los cirinaicos en otra cosa. Dicen éstos que los dolores corporales son peores que los del ánimo, puesto que los delincuentes son castigados en el cuerpo; pero Epicuro tiene por mayores los dolores del ánimo; pues la carne sólo tiembla por el dolor presente, mas el alma por el presente, pasado y futuro. Así que el dolor del alma es mayor que el del cuerpo. Que el deleite sea el "fin" lo prueba diciendo que los animales luego que nacen ya se amansan con él, y se irritan con el dolor, todo naturalmente y sin el auxilio de la razón. Huímos, pues del dolor espontáneamente, como huía Hércules, el cual, estándose consumiendo en las llamas de la túnica,

    CLAMA, muerde, lamenta,
    Gimen en rededor las piedras todas;
    Las cimas de los montes de los Locros,
    Y de Eubea las cimas elevadas.

    LAS VIRTUDES se han de elegir no por sí, sino por causa del deleite, como las medicinas por la salud. Así lo dice Diógenes en el libro XX "De las cosas selectas", el cual llama "virtud" al divertimento. Pero Epicuro dice que sólo la virtud es inseparable del deleite: todas las demás cosas se apartan de ella como mortales.

    Diógenes Laercio, “Vidas, opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres"

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    1. No "ciri", cirenaico, perdón.

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    2. Entre estoicos y epicúreos suele moverse nuestro ánimo, sobre todo cuando consideramos el placer como posible fuente de dolor futuro.

      Abundan quienes tienen una visión deformada de la filosofía de vida que se intentaba seguir en El Jardín. La naturaleza del placer imposibilita que este sea tal si se tiene de forma continuada y así las caricias continuas resultan molestas más que placenteras. Abundan quienes se sorprenderían de los elogios que Séneca hizo de Epicuro.

      Ante el gran problema de la muerte Epicuro la niega como problema y Séneca, por ejemplo, no la pone en el futuro sino que dice que vivir es ir muriendo cada día. El gran consuelo para este es que con la muerte acaba todo, incluso la muerte misma.
      Pero la reflexión consoladora por excelencia, la más conocida es la de Epicuro, en su carta a Meneceo:

      "Acostúmbrate a considerar que la muerte no es nada para nosotros, puesto que todo bien y todo mal están en la sensación, y la muerte es pérdida de sensación. Por ello, el recto conocimiento de que la muerte no es nada para nosotros hace amable la mortalidad de la vida, no porque le añada un tiempo indefinido, sino porque suprime el anhelo de inmortalidad.

      Nada hay terrible en la vida para quien está realmente persuadido de que tampoco se encuentra nada terrible en el no vivir. De manera que es un necio el que dice que teme la muerte, no porque haga sufrir al presentarse, sino porque hace sufrir en su espera: en efecto, lo que no inquieta cuando se presenta es absurdo que nos haga sufrir en su espera. Así pues, el más estremecedor de los males, la muerte, no es nada para nosotros, ya que mientras nosotros somos, la muerte no está presente y cuando la muerte está presente, entonces nosotros no somos. No existe, pues, ni para los vivos ni para los muertos, pues para aquéllos todavía no es, y éstos ya no son. Pero la gente huye de la muerte como del mayor de los males, y la reclama otras veces como descanso de los males de su vida."

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  3. El abate Marchena con Lucrecio ya en el canto VI. Versos sobre un desastre natural que hace temer el apocalipsis: la Tierra huyendo “con dirección al báratro profundo”, y el “gran todo” cayéndole encima, o “detrás”.

    “ (…) Con un doble terror vagan las gentes
    por la ciudad entonces asustadas,
    pues sobre su cabeza ven la muerte,
    debajo de los pies también la temen:
    temen que caiga derrumbado el techo,
    temen disuelva la Naturaleza
    las bóvedas del globo de repente,
    de par en par abriendo estos abismos
    anchurosos, queriendo trastornada
    con sus mismas ruinas rellenarlos.
    Por lo cual, aunque vivan persuadidos
    de ser incorruptibles cielo y tierra,
    y destinados a existencia eterna,
    la vista de un peligro tan urgente
    introduce pavor y desconfianza
    en sus almas a veces, y les hace
    temer no huya la tierra en un instante
    con dirección al báratro profundo,
    y que el gran todo caiga detrás de ella,
    y que no reste más de todo el mundo
    que un cúmulo confuso de ruinas.(…)”

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  4. Esa luz, 2: una manzana, un corazón.

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  5. Segundo piso, ¿ascensor?, ¿gato de porcelana?... ¿Poco tanguero León? En todas partes puede haber de todo, luz bastarda por ejemplo. "La droga es un túnel de luz bastarda" (Raúl Quinto).

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