11 de septiembre de 2013

Ubi bene, ibi patria


“NO tenemos nada en contra de la bandera española, pero nos gustan poco los que nos la pasean por la cara”, nos decía un amigo nacionalista, sin darse cuenta de que nos estaba abanicando con la señera. Algo así le pasa a uno también con esta bandera y con cualquier otra. Pues si a algo somos todos sensibles es a las corrientes de aire y a ver que lo que empieza en un trapo, más o menos airoso, está siempre sujeto a mástil o estaca.  
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AL ver la señera, tan parecida a la bandera española, se podría decir que en el pecado llevan la penitencia. Aunque la señera sea muy anterior a la española, del mismo modo que hemos sabido este verano que Cataluña descubrió América y el Quijote fue una mala traducción de un libro catalán, por desgracia desaparecido, abrasado en las revueltas de 1714 por agentes dobles de los borbones.
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AL conocido programa barojiano ("un país sin moscas, sin curas y sin carabineros"), podríamos añadir: "y sin banderas". Como el lema que figura en el papel timbrado de Félix Ovejero: Ubi bene, ibi patria ("Allí donde estoy bien, allí está mi patria").

El Rastro, 7 de septiembre de 2012, y 8 de septiembre de 2013

14 comentarios:

  1. Tendríamos que decidir todos , sino tendrá que intervenir el ejercito y antes detener a los parlamentarios separatistas . Creo que estamos manteniendo una posición de mucha cobardía , sin Cataluña y Euskadi España no tiene futuro y se extinguiría como la URSS . Prefiero 16 países nuevos a 2 nuevos y uno herido de muerte , . A grandes males grandes remedios , se creen mejores que los demás y se lo quieren llevar crudo . Estas cosas solo se ganan con una guerra , por mucho menos se ven barbaridades y nadie hace nada . No aceptan ninguna salida y ahora mismo tienen seguro la victoria y muchos españoles para explotar y abusar . Se quedan con inmuebles , negocios , sin pagar deuda ; un acto mafioso con intereses económicos y ansias de poder .
    Urge hacer algo , son corruptos ( En Euskadi menos por el asunto de marras ) , pero en Cataluña hay clanes muy asentados.
    No es bueno ser un cobarde y pensar se es demócrata . Hitler fue elegido en urnas , el pueblo no es sabio ( ni mucho menos ).

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  2. Mi abuelo que emigró dos veces, por circunstancias políticas y económicas, se negó a ir a la guerra de Marruecos, fue insumiso, luego se exiló cuando terminó la guerra civil y no regresó a España, desde su experiencia decía que uno es de donde trabaja y le va bien, luego las identidades o la identidad son otra cosa. El problema de los catalanes, y de los nacionalistas en general, en mi opinión es que reducen el concepto de identidad a cuatro tópicos relativos a un territorio y anulan la individualidad, ningún territorio tiene identidad, ni fronteras que no le hayan definido los hombres. La identidad es única e individual y referida a las personas, no pueden ser nacionales ni generalistas porque es sencillamente contradictorio, la identidad es lo que somos cada uno de nosotros individualmente. La identidad nacional es un concepto totalitario y reductivo, manipulador y el sintagma es una contradicción. Lo utilizan los políticos para organizar a los borregos para lo que les haga falta. Otra cosa son los valores culturales siempre en transformación por las migraciones que comparten un grupo de personas, la historia y la memoria de un grupo humano que les permite identificarse en un territorio. Y el mejor ejemplo de que la identidad es un concepto individual sin relación a ningún territorio es la historia de los judíos y de tantos grupos humanos que han emigrado y con ellos el patrimonio espiritual que define las identidades que evolucionan y no son un concepto hermético y fijo. Y con la globalización éstos conceptos de identidad nacional ligados a los Estados-nación son cada vez más obsoletos, cuando no ridículos.

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    1. Mi abuelo estuvo en prisión un año después de la guerra, por catalanista. Cada dia que estuvo allí sacaban a gente que no volvió nunca más. Se salvó porque él salvó vidas escondiendo en su casa a curas y gente afines a Franco. No quiso exiliarse. Podría haber muerto. Simplemente, amaba a su tierra .Y no creo que eso sea un tópico. El exilio siempre es traumático. Lo que vino después, ya lo sabemos todos. Y los catalanes más que nadie.¿Victimismo? No, historia.Y nuestra historia - la catalana - es pura mezcolanza de identidades individuales, de apellidos venidos de muchas partes de España y el extrangero. De hecho, todos somos extrangeros, y en eso le doy la razón.

      Quizá los catalanes tengamos algo de judíos, al fin y al cabo. Muchos nos llaman "polacos"...

      (con todo mi respeto por su magnífica exposición)

      Saludos,

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  3. Perfectas las tres consideraciones. No obstante, no deja de ser curioso que los países de nuestro entorno donde nos queremos mirar asuman los trapos y las estacas con orgullo. Una explicación posible es que sean ellos fascistas y asesinos y nosotros, de pronto, los demócratas cantonalistas. Lo curioso es que a nada que nos convenzan con consignas enlatadas esta próxima guerra podrá resultarnos "justa y legal", como verdaderos panolis.
    Volviendo a los trapos y a las músicas chirriantes, o me equivoco o nunca han andado las cosas tan bien por casa como para compadecernos de los pobres guiris que cantan su himno y llevan un trozo de bandera en los calzoncillos. Si tomaran una copa de Veterano Osborne tal vez salieran de su error.

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  4. [Aparecida en un viejo disquete. ¿Favorecida por el paso del tiempo esta carta?]


    “ANTINACIONALISMO COMO OPCIÓN IDEOLÓGICA
    Jordi Boixados - Teià, Barcelona | EL PAÍS - Opinión - 20-06-2005

    Soy antinacionalista. Me inicié en esto tras lo que bien podría llamar una revelación. Fue durante unos campeonatos del mundo de atletismo en Roma, allá por la segunda mitad de los ochenta. En la final de lanzamiento de peso, el público abucheó a un lanzador suizo que disputaba el oro a un italiano. Me alegré de que ganara el suizo y acto seguido me pregunté por qué me había alegrado de ello. Me di cuenta al instante: la explosión de incontinencia nacionalista que se manifestaba en aquella actitud del público me había producido repulsión.

    En contra de lo que ingenuamente había creído hasta entonces (a saber: que el nacionalismo era esencialmente un movimiento de defensa de las naciones sin Estado), ese día comprendí con diáfana claridad que no, que eso del nacionalismo era una pandemia. Y me dije: si yo lo veo así, ¿qué verán otros cuando yo alzo mi bandera?

    Al día siguiente decidí con firmeza empezar por mí mismo: no más himnos, no más banderas, no más patria catalana en mi mente. He ido construyendo a lo largo de los años mi propia ideología antinacionalista sin ayuda, sin guía, sin lecturas, hasta que cayó en mis manos «Las identidades asesinas de Amin Maalouf». Ustedes no se imaginan hasta qué punto me he sentido solo durante todos estos años. Al escucharme, los nacionalcatalanistas me «recuerdan» que «los otros» también son nacionalistas y que yo les hago el juego; los nacionalespañolistas ni siquiera entienden de qué les hablo: ellos no son nacionalistas, sólo son españoles que aman a su país. Es duro (hay quien se sorprende de que no defienda la nación catalana si resulta que escribo novelas en mi lengua, como si eso fuese una opción política).

    He aquí que ahora aparece este grupo de catalanes postulando ideas parecidas. Debería alegrarme, ¿no es cierto? Debería apoyarles. ¡Por fin, voces más respetadas que la mía arremeten contra el nacionalismo! Y sin embargo, algo me retiene, y sé perfectamente lo que es: su alegato no parece corresponder a una verdadera opción ideológica de fondo. Por ejemplo, se preguntan por qué incluso el PP catalán acepta que se defina a Cataluña como nación en la redacción del nuevo Estatuto. ¿Por qué van más allá? ¿Por qué no aprovechar para cuestionar esta terminología en otros lugares del mundo? ¿O es que, sencillamente, se sienten ahogados, como yo, por el crecimiento del nacionalismo sin matices en la sociedad catalana y se han propuesto atacar sólo a éste?

    Se puede aspirar a más: una opción ideológica de verdad y no sólo esta especie de pataleta de corto alcance. Decídanse a ir más lejos, lleven la cuestión a toda España. Si lo hacen, les seguiré con los ojos cerrados (pero no del todo). Tal vez tengamos la sorpresa de encontrar amigos por todas partes. Pero me temo que no lo harán.”

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    1. Pues sí, todo engendro ideológico, cuando ha llegado a serlo, no parece otra cosa que una triste huida de lo que realmente importa, o tendría que importar. Cuando el interés no tiene un carácter universal, o no considera a cada ser humano en su individualisdad, no puede resultar sino obsceno.

      Y dice Thoreau, tan visceralmente alejado de todo fundamentalismo:

      "A nuestras vidas les falta un trasfondo adecuado. Al menos, como la vida de los anacoretas, su contemplación debería ser tan impresionante como la de los objetos en el desierto, un eje partido o un montículo desmoronado contra un horizonte ilimitado".

      (Una semana por los ríos Concord y Merrimack, 1845, 1849)

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  5. Este verano también supimos que Urdangarin era un agente doble que trabajaba, por decir algo, para la Monarquía y para la República.

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  6. Señor Selvático
    A mí me daría vergüenza escribir lo que usted escribe e invocar a los perros de la guerra,¿ es acaso futurista o descendiente de Giménez Caballero?.
    Que "el pueblo no es sabio" es lo único que se salva del refrito paranoico que nos presenta y la confirmación es que el pueblo español eligió por mayoría absoluta al Partido más mafioso, más corrupto y más cafre(con leche)de la Historia Moderna ...Mundial. Por esa razón entonces, por un silogismo fácil,los catalanes son mejores que los demás, sí.Allí no gana el PP, NUNCA!.
    AT, no es Señera, sino Senyera, si la escribe ud. en cursiva. En esta guerra "inminente" no se olvide de una tercera o cuarta España, catalana, no nacionalista, muy práctica, que votará salvarse el culo, sin arroparlo bajo ninguna bandera, y sin confiar en el resto del territorio que ha caído moralmente bajo la fascinación demagógica del Gobierno de la Nación. Sí allí están de brazos cruzados con la sopa boba, ¿debemos estar nosotros esperando su beneplácito? Por cierto, Selvático...La literatura Nazi de Bolaño, es ficción, no se la crea. Lea mejor a Unamuno y sabrá lo que es tener espíritu crítico . Ay, pero es que en España ya no leen a Unamuno! A Baroja tampoco, era muy mal escritor y muy cabezón, bastante reprimido, muy racista, no merece que se le rescate. Pero sí a Unamuno, era inteligente y además nos defendió a los vascos y catalanes frente a Millán Astray. Adéu.

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  7. Esos hilos invisibles, de los que habla Calvino, que nos unen a los demás, a cualquier ser humano, quizás sean la única patria posible. Pero descubrir entramado tan sutil no parece fácil tarea en medio de tanta hiperactividad y barullo.

    Si se me permite, un par de pensamientos de H.D. Thoreau sobre estas cuestiones:

    “Algunos patriotas carentes de autoestima pueden sacrificar lo más grande a lo más vano. Aman el suelo en que se cavará su tumba, pero no sienten la menor simpatía por el espíritu que anima la arcilla de que están hechos. El patriotismo es un gusano que les devora el cerebro”.

    "No busquéis con tanta ansiedad vuestro progreso, ni os sometáis a las múltiples influencias que se ejercen sobre vosotros; todo eso produce disipación. La humildad, como la oscuridad, permite ver las luces del firmamento".

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  8. SALVATICO Inma , claro que leo a Bolaños , a mi me daría verguenza oler a perro pero no invoco a nadie , solo enseño los trucos de los tahures catalanes y como desbaratarlos . Ahora lo veo , ahora no lo veo . Mi personaje Silvio SALVATICO depende de su Nick y claro que es surrealista . el surrealismo siempre lucha contra los fascistas transgénicos , esto es ficción , literatura , no la primera plana de un periódico , siento haber herido tu sensibilidad Inma pero escribo para mentes librepensadoras no para sectarios patrioteros ni almas demasiados sensibles .
    Saludos a los lectores , gracias por leerme .

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  9. Me gustaría inventar un país contigo
    para que las palabras como patria, porvenir,
    bandera, nación, frontera, raza o destino
    tuvieran algún sentido para mí.

    (La oreja de Van Gogh)

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  10. A mí no me parece mal que cada uno ame a su tierra. Incluso a su país. Pero cuando ese amor va acompañado del aborrecimiento a los otros, como si éste segundo tuviera que ser por fuerza la sombra del primero, desde luego que me bajo. Lo primero se llama patriotismo, y cuenta con mi simpatía; lo segundo, nacionalismo, y no me es nada simpático, todo lo contrario.

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  11. Parece que El Pais ha entrado también hoy en Hemeroflexia. Algún conocido hace declaraciones vertiginosas, pero aun así el artículo merece la pena
    http://cultura.elpais.com/cultura/2013/09/10/actualidad/1378825968_892814.html.

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