13 de octubre de 2013

Más o menos

HACE unos días un lector colgó en internet algunos fragmentos de los artículos publicados en Más o menos (La Veleta, 2007), seleccionados por él. Extraña experiencia esa de enfrentarse con algo que uno ha escrito y de lo que ya no se acuerda, como en mi caso. A veces la extrañeza va seguida de impaciencia o incomodidad, y otras hace que miremos agradecidos al tiempo pasado por no haber sido del todo inclemente con nosotros, o por parecérnoslo.
Estas son algunas de aquellas frases, escritas en todos los casos, excuso decirlo, en contextos que no recuerdo en absoluto. Como tampoco recuerdo el contexto de otra que hace también unos días me atribuían, no sé con cuánto fundamento, en un periódico de mi pueblo. Esta me hizo gracia, la verdad: "Cuando se ha sido de León lleva uno mucho perdido". 
* * *
Ni siquiera admitiendo que mienten dirían la verdad.

El hombre no es el ser racional que puede pensar, como decía Descartes, ni siquiera aquel que puede sentir, como quería Unamuno, sino el único que ha nacido para ser desdichado, sin duda porque piensa, sin duda porque siente.

Las palabras se pierden como los reinos de ultramar, o se nos mueren, como los amigos, o desaparecen un día por las buenas, como aquellas inocentes criaturas que se llevaba consigo el sacamantecas o el hombre del saco.

Un escritor escribe de lo que tiene delante o por dentro, que viene a ser lo mismo.

Uno trabaja no sólo para el silencio, sino que necesita del silencio para poder trabajar.

Donde nieva en realidad es en la infancia, de la misma manera que cuando llueve en una ciudad, y es Verlaine quien habla, llueve en el corazón.

Le fascinan a uno las palabras, no como si fueran raros y hermosos coleópteros, traspasados por un alfiler, sino como verdaderas y vivas mariposas que al abrir el libro, y en el aleo de las páginas, salieran volando y fuesen a posarse sobre las cosas, sobre la mesa, en nuestra mano, en el hombro, en la superficie dormida del agua. Son también las palabras un poco como un perfume que huele de distinto modo según quien lo lleva, y pueden incluso significar lo contrario de lo que parece.

No todos podemos expresarnos tampoco como querríamos ni puede ser expresado todo, pero la única huella del pensamiento y del sentimiento son las palabras, la única sombra de cuanto nos hace diferentes del resto de los seres creados y del resto de nuestros semejantes.

Cada cual se consuela en esta vida como puede, pero es propio de las personas inteligente consolarse sin engañarse.

Sólo en las novelas, y no en todas, tiene algún sentido la palabra fin.

Las Viñas, 11 de octubre de 2013


7 comentarios:

  1. Finalmente me quedo con la reflexión final, la que habla del fin.

    Me costaría decir si me sugiere dureza, desolación o esperanza porque nunca he llegado a decidir si el hecho de que el único final verdadero sea la muerte es una suerte o una desgracia. Me confunde la idea de que luchar por sobrevivir a toda costa sea la más íntima expresión de la condición humana. ¿Suerte ser de los pocos que no fallecen en un naufragio, sunami o guerra?

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  2. Si uno no dice la verdad ni siquiera cuando reconoce que miente, quizás sepa que lo único verdadero, la verdad, es la nieve de la infancia y la lluvia del corazón. Extraño cruce entre Verlaine y Machado.

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  3. Nos han gustado todos mucho. Saludos desde zUmO dE pOeSíA.

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  4. La frase sobre León que se le atribuye tiene mucho fundamento porque yo también recuerdo habérsela oído decir, creo que en un programa de televisión (en "Ésta es mi tierra", tal vez).

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  5. "El hombre no es el ser racional..." ¡Por Dios! Esto es bellísimo.

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  6. Hay escritores como Verne que vieron mas allá . Son frases consistentes y consecuentes , están muy bien .

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  7. Sólo la palabra poética es capaz de expresar lo más genuino de nuestro interior, lo diferente, que es a la vez propio y común. Sin embargo la palabra utilitaria y, con frecuencia, alienada no nos expresa, uniformiza y distancia.

    Ser diferente no es una pretensión, es una dádiva.

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