15 de noviembre de 2013

Biblioteca con fantasma

AL comprar esa foto este domingo en el Rastro, positivada como era costumbre en los años veinte en un papel fotográfico cuyo reverso servía de carte postale, no podía uno imaginar en qué parte del mundo se encontraría esa biblioteca ni si aún existiría. 
En el extranjero, sin duda. Siempre que se tropieza uno con alguna serenidad neoclásica y un ambiente de estudio y de silencio, piensa en lejanías, piensa en nosotros el lejos que todos llevamos dentro. Sólo una paciente indagación con lupa, en el rosetón del plinto, nos llevó a leer: "Donativo del Dr. Roel". No resultó fácil, porque esa parte de la fotografía parece envuelta en una nube. El resto fue trabajo de Google, y el Dr. Roel nos llevó a la biblioteca de la Universidad de Oviedo. ¿Y la figura del fondo? En realidad fue esa figura un tanto hierática la que le llamó a uno la atención desde el primer momento, tan pessoana, tan fantasmal. Sabemos que cada castillo tiene su fantasma, pero con mucha más razón lo tienen, y más de uno, las bibliotecas. ¿Quién sería el de esta?
Sólo ahora, que sabemos que se trata de la biblioteca de la Universidad de Oviedo, podemos asegurarlo con pocas probabilidades de error: José Luis García Martín. Y no solo por ser él un pessoano acreditado. Es el único poeta que sale no sólo en todas las fotografías que se hacen en Oviedo y aun en el mundo o que le hacen otros a él, lo cual, si se es trasgo, no es cosa fácil, sino que aparece incluso en las que él mismo hace no importa a quién, no importa a qué, no importa dónde: asoma en todas ellas, al fondo o en primer plano, tranquilo y más o menos feliz, tal y como vemos cada semana los que seguimos sus diferentes páginas de internet. Ni Angus McBean, de quien se hablará aquí mañana, llegó a tanto.
Confío en que nada de esto le moleste. No querría, porque a pesar de que me he pasado la vida porfiando con él, aunque no tanto como él hubiese querido, lo aprecio de veras. Hubo unos años en que GM se peleaba con todos sus viejos amigos, tenía él esa fantasía, e iba mostrando por todas partes la empuñadura de su Colt 45 con las muescas de las bajas. La única muesca que le faltó, decía también por ahí, acaso con vaga nostalgia, fue la mía, y no querría uno que ahora, precisamente ahora que le ha dado por reconciliarse con todo el mundo (en alguna de esas reconciliaciones ha tenido que ver uno, en otras no), vaciara el cargador sólo para decir: "Yo fui el hombre que mató a Liberty Valance".
A menudo nos repite GM en sus diarios que es una persona tan suspicaz como vanidosa, fiado, supongo, en que esa confesión le pondrá a salvo o le traerá la benevolencia del lector. Es posible. Vuelve a ser una cosa y la otra en el último tomo de ellos, esta Línea roja (Impronta, Oviedo, 2103) que acaba de publicarse y que leemos como de nuevas, porque a nuevo nos sabe todo él, aunque lo hubiéramos leído en sus entregas dominicales en los años 2009 y 2010 como un verdadero almanaque, el primero en revitalizar el género. Hay en sus páginas, como en las de los anteriores, muestras de su humor voltario: no sólo vanidoso o suspicaz, como presume. Es generoso, uno de los críticos más generosos, pero puede ser también uno de los más cicateros y casuísticos (se diría que mide en millas o en pulgadas y aun en micras, sin término medio, tan coralino es) y jamás se le ha visto vacilar, que lo mismo te elogia sin reparo que te sacude un sartenazo de esos de no te menees que sólo se ven ya en los dibujos animados, de los que dejan a la víctima con la cabeza oscilando de uno a otro lado a la mayor velocidad. Leerlo a veces es como darle un bocado a un limón. Quien lo probó, lo sabe. Hay que echarse a temblar cuando alguien repite, como él, su frase favorita: "Soy amigo de Platón, pero más de la verdad". Y si entre sus virtudes no se encuentra la de dar su brazo a torcer jamás ni reconocer un error o una inexactitud si eso no le decora, lo compensa todo con su pasión por la vida, los libros, los viajes y la infinita curiosidad con la que ve el mundo, y lo cuenta, lo discute, lo celebra y lo comparte desde hace años en estas entregas de las que ha expurgado buena parte de su intimidad (la personal o familiar sin excepción), aunque no siempre la de los otros, si la conoce y le cuadra. JLGM, temperamental e irreductible, es mucho JLGM. Y aunque algunos amigos comunes me aseguran que se ha enternecido con los años, uno lo prefiere cercano, aunque más leído o entrevisto que visto, hablado o telefónico.
Lo acredita esa fotografía comprada este domingo en el Rastro, cuando ni siquiera sabíamos en qué parte del mundo pudiera haber sido hecha: que su amor por lo posible le hace incluso estar en el pasado, como en esta foto, cuando ni siquiera él mismo sospechaba que existiría. 


9 comentarios:

  1. Tan cierto es que JLGM nació en Extremadura como que los ovetenses llevamos dentro un fantasma y un fantasmón.

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    1. Ovetenses o no, y supongo que solo mientras vivimos, todos los llevamos dentro y a veces también afuera. Si en lugar de asustarnos los “cudiamos” bien, por el “cudio” ellos pueden devolvernos arte.

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    2. Entienda fantasmón como sinónimo de faltón, una tendencia que conocemos bien de nosotros mismos los que somos de allí.

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  2. Pues yo, que también leo los blogs de García Martín, me he reído con la entrada. Aunque no lo conozco personalmente, da la impresión de que es la típica persona tierna por dentro pero rodeada (vete a saber por qué) de un caparazón de queratina. En todo caso su Café Arcadia, junto con éste, están entre mis favoritos.

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  3. Vamos a decirlo con palabras de AT "Yo creo que un buen ideal es llegar a ser bueno sin dejar de ser inteligente, o sea, sin dejar de ser un poco malvado" (Los caballeros...). Creo que JLGM va muy bien encaminado. (JMSPaulete)

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  4. “ … a mí cada día me cuesta más ser malo y menos incurrir en la tentación de la boba bondad. Acabaré aburriendo a todos, como todos los viejos.”

    http://cafearcadia.blogspot.com.es/2013/11/a-buen-entendedor-como-todos-los-viejos.html

    Atentos: no dice "bondad boba", sino "boba bondad”. Qué horror. Como es palmario, que JLGM pretenda “epitetar” de boba la maldad solo puede ser indicio de su propia maldad. A lo contrario de lo que dicen sus palabras, a eso hay que estar. La boba bondad aburre y hace envejecer. Eternamente joven (o sea, malo según él), en soledad, en el café, de viaje o como sea, siempre dando caña y vivas a la movida y a Dorian Gray. Un poquito de incienso, por favor.

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  5. Un puente entre dos blogs, la entrada de hoy; eso está bien. Sí, contradictorios somos, pero es bueno no sólo saber vivir con los sueños, sino también, y sobre todo, con los propios fantasmas sin alarmarnos mucho.

    Aquí van unos aforismos de Oscar Wilde que algo pueden tener que ver con toda esa fantasmagoría que nos constituye:

    "Amarse a uno mismo es el principio de una historia de amor eterno.
    Cualquiera puede solidarizarse con el sufrimiento de un amigo, pero hace falta un carácter magnífico para solidarizarse con su éxito.

    La buena gente hace un daño enorme. Y por supuesto, el peor daño es conceder tanta importancia a la maldad. Es absurdo dividir a la gente en buena y mala. La gente es encantadora o aburrida.

    Todos estamos en la cuneta; pero algunos miramos a las estrellas.

    En este mundo hay sólo dos tragedias. Una consiste en no tener lo que se desea y la otra, en conseguirlo. La última es con mucho la peor; la verdadera tragedia".

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  6. Esa biblioteca ardió completamente durante la Revolución de Octubre de 1934, aunque luego se restauró y hoy sigue tan guapa como entonces. Alguna vez he visto por allí a JLGM.

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  7. En crisis de papel supe de él , cuando me enteré que había un rifi-rafe entre él y AT ( venérea ,una palabra , un detalle que inclino el fiel ) , aplaudo su labor y escribe muy bien pero no estuvo acertado criticando a Borges y tuvo respuestas" incontestables" . Cierto que afrontó los hechos con buen talante. No se puede poner una mácula en el ojo de un Icono pero no dudo se trata de un buen libro .

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