10 de noviembre de 2013

Dos


DOS versiones (o la misma)  de unas célebres palabras de Montaigne:
Afortunadamente yo no soy el tema de mi libro.
Yo soy el tema de mi libro, para mi desgracia.
* * *
TODOS los clubs náuticos se parecen en esto: sólo les falta zarpar.

Postal del Rastro.





7 comentarios:

  1. No soy tan protagonista de mi vida como yo quisiera. ¿Para mi suerte o para mi desgracia?

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  2. “Desgraciadamente el libro soy yo. Pero afortunadamente sin temas, no teman”. (Versión tercera: aglutinante pero autodisolvente).

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  3. El de Santander esta anclado y amarrado a puerto por lo que no sabes si va a zarpar o acaba de llegar . Creo que son todos similares porqué se hicieron al gusto de Alfonso XIII , por eso se llaman Real Club Marítimo a los antiguos clubs y a los modernos "Club Náutico "


    Saludos

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  4. En muchos era el pase previo al embarque. Su estilo de cuasi-barco está justificado.

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  5. Una cuarta, y más desnuda, versión: "Yo soy el único y exclusivo tema de mi libro". Si es para gracia o desgracia no es cuestión que venga al caso, porque de abandonarse a la vida se trata; dejarse vivir, sin más. El Señor de la Montaña prepara su luminoso diván para analizarse sin complejos, y con la mayor condescendencia:

    « (…) Mi oficio y mi arte es vivir. Quién me prohíba hablar de ello según mi entender, experiencia y costumbre, que ordene a la arquitectura hablar de los edificios no según ella, sino según el vecino; según la ciencia de otro, no según la suya. Si es vanagloriarse publicar los propios valores, ¿cómo no antepone Cicerón la elocuencia de Hortensio y Hortensio la de Cicerón?

    Quizás quieren que dé testimonio de mí, con obras y hechos, y no sólo con desnudas palabras. Pinto principalmente mis pensamientos, objeto informe, que no puedo reducir a producto artesanal. A duras penas puedo meterlo en ese cuerpo etéreo de la palabra. Alguno de los hombres más sabios y más devotos vivieron huyendo de cualquier hecho evidente. Los hechos hablarían más acerca del destino que acerca de mí. Dan testimonio de su papel, no del mío, a no ser por conjeturas y de forma incierta: retazos de una exhibición particular. Me expongo por entero: como una anatomía en la que a primera vista aparezcan las venas, los músculos, los tendones, cada pieza en su lugar.

    (...) Porque sólo Sócrates había obedecido ciertamente el precepto de su Dios de conocerse a sí mismo, y mediante ese estudio había llegado a despreciarse, sólo él fue considerado digno del apodo de Sabio. Quien así se conozca, tenga la osadía de darse a conocer por propios labios.»

    ENSAYOS II, Capítulo VI, “Del ejercicio”

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  6. Pues que zarpen, que zarpen. Todavía Real Club Náutico, Real Aéreo Club, Real Club de Fútbol, Reales Cofradías de Todo lo Humano y lo Divino. Escopeteados siempre tras las regalías de cualquier Corona cuando la estricta realidad misteriosa de las cosas tanto podría ayudarnos a ser menos falsos, más justos. Dándole por turnos a la realeza, ni corona de flores necesitaría nadie al final.

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    Respuestas
    1. Que zarpen, sí, pero no zarpan; en el fondo no se mueven ni un ápice desde tiempo inmemorial... Y el movimiento forzado al que otros se ven abocados en una desenfrenada carrera hacia la nada.

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