29 de noviembre de 2013

Brisa marina

DE nuevo, de viejo, qué importa. No hay diferencia entre unas librerías y otras. Es un error pensar otra cosa. O las librerías son todas de nuevo, o no valen la pena; o son todas de viejo, y lo mismo. Porque la literatura y la poesía es de todos los tiempos, de todas las edades, con galas nuevas o viejas. Si en un libro de viejo no hay nada nuevo es mejor dejarlo donde está. Decía Ramón Gómez de la Serna que no se podía leer ni uno solo de los libros que aparecían en el Rastro  (está claro que no supo mirar donde tenía que haber mirado: en esos rincones en los que encontramos por suerte tantos de sus libros cuando habían desparecido de la circulación y no se habían reeditado aún). Si en un libro de nuevo no hallamos algo del pasado y de esa presencia de la lejanía que nos alcanza con él, sería mejor llevarlo al Rastro (al Rastro de Ramón, no al nuestro). 
Muchas de las librerías de nuevo o de viejo en las que entramos nos resultan no ya de viejo, sino de muerto. En algunas, sin embargo, los libros parecen haber acabado de llegar con su tonada: yo no digo mi canción sino a quien conmigo va.
Una librería de nuevo o de viejo es siempre un barco que nos aleja o nos trae, conforme lo precisamos en cada momento, la nave que nos salva.
De todas venga hoy aquí, homenaje a las librerías del mundo (uníos), esta pequeña librería de Arequipa (Perú) en la que parecía cristalizar el sueño de todos los lectores, aquel que mejor que nadie expresó Mallarmé en su brisa marina: Fuir, là-bas fuir! Lo hizo precisamente en aquel célebre poema que empezaba: La chair est triste, hélas,  et j'ai lu tous les livres.
Pero que nadie se engañe: en la huida lo que importa es lo que nos espera, no lo que dejamos atrás. Huimos no por temor del pasado, sino por infinito amor al porvenir.

Deslumbrante, pequeña y ejemplar librería, en Arequipa, El Lector, en la que entramos sólo una vez. Acaso, quién lo sabe, vuelva la vida un día a llevarnos hasta ella. ¿No somos pecios que el mar trae y lleva a su antojo? Más que en ninguna todo en ella era de nuevo y de viejo, sin distinción, y en todos los idiomas.

14 comentarios:

  1. No es Baudelaire, es Mallarmé.

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  2. "Brise marine" es de Mallarmé, no de Baudelaire. El error, inconsciente, se explica porque ese poema es muy "baudeleriano".

    A propósito de viajes, del amigo Charles, el último poema de "Las flores del mal", "Le voyage":

    "Ô Mort, vieux capitaine, il est temps ! levons l'ancre !
    Ce pays nous ennuie, ô Mort ! Appareillons !
    Si le ciel et la mer sont noirs comme de l'encre,
    Nos coeurs que tu connais sont remplis de rayons !

    Verse-nous ton poison pour qu'il nous réconforte !
    Nous voulons, tant ce feu nous brûle le cerveau,
    Plonger au fond du gouffre, Enfer ou Ciel, qu'importe ?
    Au fond de l'Inconnu pour trouver du nouveau !"

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    1. Gracias, amig*s, por advertírmelo. Los lapsus tienen eso de albatros.

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  3. Qué bonita es. Entran ganas de empadronarse en Arequipa para pasarse por ella una vez por semana.

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  4. Andres

    bonita entrada, pero l poema de la brisa marina, parece ser de Mallarme y no de CB

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  5. A propósito de libros, ayer se subastó la primera parte de la biblioteca de Dominique de Villepin: 241 libros y manuscritos vendidos por 1.976.250 euros.
    "Enchères Villepin : près de deux millions d'euros le premier jour".

    http://www.lefigaro.fr/culture/encheres/2013/11/28/03016-20131128ARTFIG00526-encheres-villepin-deux-millions-d-euros-le-premier-jour.php

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  6. En las librerías de viejo y de nuevo se busca lo que se quiere encontrar, pero a veces se encuentra lo que no se busca, un hermoso camino de ida y vuelta.

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  7. Dos documentos bajo “Mallarmé” en mis indecentes archivos docentes. En dos comentarios despido aquí al que está sin configurar y sin más datos externos que los que en él aparecen. “En su curso”, no debí repartirlo en ninguna clase. Tenga cierta oportunidad ahora.

    « (...) La lectura del libro de Jean-Pierre Richard [“El universo imaginario de Mallarmé”] en 1969 (...) coincidió con mi conversión definitiva a la vida, con el nacimiento de esa voluntad que me incita a creer que la libertad del hombre consiste, al menos, en la capacidad que tiene para luchar contra sus propios determinismos: y la palabra impuesta es uno de los más peligrosos.

    (...) Encontramos en las prosas de Mallarmé la nueva escritura, considerada por algunos como el evangelio de la experiencia literaria moderna. Teorías relativas a la liberación del verso, a la desaparición de las lindes entre prosa y poesía, a la fijación de la poeticidad en un más acá lingüístico ajeno al concepto romántico (y popular) de inspiración, la consideración de la escritura como un trabajo generador de angustia y muerte...

    (...) Tanto el absentismo político del Realismo (Flaubert) como el del Tercer Romanticismo (Baudelaire, Nerval), como el del Simbolismo (Mallarmé), son una respuesta “positiva” del poeta, ante su incapacidad de acción, en una sociedad carente de calidad y dominada por el demonio del dinero. La torre de marfil no protege al poeta; lo que protege –como la “Botella en el mar” de Vigny, que lleva a otras orillas su mensaje– es la obra del poeta –“el libro”–, con el fin de que sobreviva, allende los mares y las tormentas de la historia, en otros tiempos mejor preparados espiritualmente para recibirlo. Lo que la torre de marfil proclama no es la voluntad absentista del creador, sino la incapacidad en la que se encuentra para poder llevar a cabo, socialmente, su obra. Por ello se condena a vivir recluido en poesía.

    (...) Mallarmé vive su trabajo de profesor como una experiencia negativa. Es un mal profesor, aunque se esfuerza por no serlo. Su vida en las aulas es un tormento que arrastra a lo largo de todo el día y que le impide centrarse en su trabajo de poeta. Huye de él y lo cumple porque es un medio fácil de ganar algún dinero. Pero, por otro lado, los cambios de destino que impone esta falta de capacidad profesional afectan negativamente también a su trabajo creador. En cuanto pueda, se liberará del tormento.

    El contacto con la vida cotidiana le produce a Mallarmé crisis tan fuertes como las que proceden de su complejo de muerte, y acentúa, por otro lado, su sentimiento de incapacidad para lleva a cabo la Gran Obra. Contactos originados por la vida profesional: “... pero, ¡qué triste es no ser hombre de letras exclusivamente! En todo momento mis más bellos vuelos, o las mejores inspiraciones, que luego no vuelvo a encontrar, se encuentran interrumpidos por el espantoso trabajo de pedagogo, y cuando vuelvo, con papeles pegados en las posaderas o con muñequitos colgados de mi abrigo, estoy tan cansado que no puedo hacer otra cosa sino descansar”; contactos instalados en la vida cotidiana, del padre de un hijo recién nacido: “... pues no me he puesto aún a trabajar: con sus gritos, esta peste de baby ha provocado la fuga de ‘Herodías’, la de los cabellos fríos como el oro, la de las túnicas pesadas, estéril”. (…)

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  8. « (...) Mallarmé, con la precisa intención de defenderse de la acusación de oscuridad, describe el poema como “el azar vencido por la palabra”. De este modo afirma con más convicción que nadie la necesidad de la elección minuciosa de cada término y de su colocación. La frase o el verso de Mallarmé tienen la pretensión de florecer así, en los antípodas mismos del azar; en los antípodas, pues, de la oscuridad absoluta. La victoria sobre el azar es fruto, pues, del trabajo de la escritura.

    (...) La función órfica de la poesía, “la explicación órfica de la Tierra, único deber del poeta y juego literario por excelencia”, exige una tensión entre lo conocido y lo desconocido que desemboca, necesariamente en una mayor o menor oscuridad del lenguaje.

    La función eidética de la poesía –“transponer un hecho natural (...) según los juegos de la palabra (...) para que brote, sin el estorbo de una llamada cercana o concreta, la noción pura”– exige un proceso de abstracción que conlleva, en el alejamiento de lo concreto, el posible nacimiento de la oscuridad.

    El proceso que pretende transformar el mundo en Libro (de Poesía) pasa por un espacio intelectual que no contempla sólo el tránsito de lo concreto conocido a lo abstracto, siempre problemático y ambiguo, sino también el “paso de la ausencia, sentida como tal, a la creación del objeto mental que intenta sustituirla. Como si se tratara de crear la noción de un objeto, en ausencia, que nos falta”.

    “(...) aprehender en el alma humana, estados, resplandores de una pureza tan absoluta que, bien cantados y bien iluminados, constituyen, en efecto, las joyas del hombre”.

    “No existe pensamiento que se presente a mí aislado, no tengo pensamiento de ese estilo (...) los míos forman el trazo, musicalmente situado, de un conjunto...”

    “Tiene que haber siempre enigma en poesía”. »

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    1. «Lo que la torre de marfil proclama no es la voluntad absentista del creador, sino la incapacidad en la que se encuentra para poder llevar a cabo, socialmente, su obra. Por ello se condena a vivir recluido en poesía».

      Torre de marfil, refugio y lugar de reencuentro de la unidad perdida. Y junto a esa unidad la superación de todos los determinismos. María Zambrano en su libro “Hacia un saber sobre el alma” se ocupa de estas cuestiones que, a la postre, son la “única cuestión”, no hay otra que pueda sernos, esencialmente, más cercana.

      «(…) Sólo da libertad quien es libre. “La verdad os hará libres". La verdad obtenida mediante la fidelidad purificadora del hombre que escribe.

      Hay secretos que requieren ser publicados y ellos son los que visitan al escritor aprovechando su soledad, su efectivo aislamiento, que le hace tener sed. Un ser sediento y solitario, necesita un secreto para posarse sobre él, pidiéndole, al darle su presencia progresivamente, que la vayan fijando, por la palabra, en trazos permanentes.

      Solitario de sí y de los hombres y también de las cosas, pues sólo en soledad se siente la sed de verdad que colma la vida humana. (…) Sed de vencer por la palabra los instantes idos, el fracaso incesante de dejarnos ir por el tiempo.

      En esta soledad sedienta, la verdad aún oculta aparece, y es ella, ella misma la que requiere ser puesta de manifiesto. Quien ha ido progresivamente viéndola, no la conoce si no la escribe, y la escribe para que los demás la conozcan».

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  9. "Mallarmé, intraducible, incluso en francés". (Jules Renard. Journal)

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  10. Estimado Andrés, sería preciso anotar que la librería El lector, esta ubicado en Arequipa, Perú. Dejar impreciso el país, nos permite dudar que la mencionada librería este la ciudad ubicada en el sur del Perú, al píe del volcán Misti. Tierra de poetas como Mariano Melgar, de novelista Mario Vargas Llosa , Oswaldo Reynoso, y muchos otros personajes. Un saludo muy cordial

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  11. Han desaparecido muchas librerías de lance donde adquirir versiones clásicas de un Chesterton, por poner ejemplo.
    En Irlanda, les aconsejo a todos ustedes -si no lo conocen, cosa que dudo- que hagan parada en The winding stair. LIbrería de viejo y nuevo a buen precio y restaurante de cocina elaborada unos pisos más arriba -no a tan buen precio-. Autores como John Masefield al alcance de unos pocos euros.
    Un enlace http://winding-stair.com/

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