15 de noviembre de 2013

La emperatriz de Ruritania

SE retrató y se hizo retratar este Angus MacBean cientos de veces. La fotografía anónima de la Biblioteca de la Universidad de Oviedo que se publicó ayer le apareció a uno el mismo día que esta otra de McBean, aunque no en el mismo sitio, cierto. Y aunque esta segunda llevara en el dorso el sello del fotógrafo surrealista festivo, para mí, no sabiendo entonces de quién se trataba, era tan anónima como la otra. Y no sabía uno quién era el fotógrafo, pero tampoco la retratada. Fiado de la anotación manuscrita que figura junto al sello del fotógrafo, nada hacía pensar otra cosa: "Emperatriz". 
¿Y cómo no rescatar de los baños del Rastro a una dama tan principal, cómo no levantarla de ese infortunio? Porque su sola imagen, verdaderamente regia, venía a recordarnos a todos, como en El gran teatro del mundo de Calderón, lo pasajero de la vida y cómo las galas, cualesquiera que hayan sido, hemos de dejarlas en un cesto al acabar la función. 
Así que se vino uno a casa con esa fotografía como quien ha encontrado una pequeña vanitas para poner encima de su mesa, en su retiro, al lado de una calavera y una rosa.
Pero la curiosidad humana no tiene límites, y quiso uno saber de quién se podría tratar, y para ello nadie mejor que nuestro admirado amigo Ricardo Martí-Fluxá, ojo de halcón de los linajes. Lleva él el Gotha en su cabeza como Balzac La comedia humana, pero también es diplomático de carrera, y su sms no pudo decir más en menos, quiero decir con sesgo, tal como hizo siempre aquel balzacquiano que fue Proust: "¿Emperatriz de Ruritania? No conozco a la señora. En todo caso tiene una gran pinta". Minutos después Google nos aclararía algo quién había sido este McBean, fotógrafo eminente de teatro, con su pequeña moraleja de almanaque: emperatriz, actriz ("emperactriz",dijo Gabriel García Santos) pasados cien años, ¿dónde está la diferencia?


3 comentarios:

  1. Excelente , fotos de S. Montiel , V. De los Angeles , Liz T, Vivían Leigh...., un viaje al pasado a través de estrellas deslumbrantes . Por ahí circula una serie de fotos de astros de Hollywood del gran Dennis Hopper de similar factura.

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  2. Gracias al oficio, si uno, como usted repite tanto (hoy, cuatro veces), si uno, decía, es buen actor, deja de ser uno para poder ser cualquiera: en teoría todos menos precisamente uno mismo. Lo cual debe descansar bastante de la puñetera identidad, por otro nombre mortalidad. Tras hacer de emperatriz de Ruritania, París o Lavapiés, la actriz, si es buena, no necesita llevarse al hotel o a su casa la rica corona y encasquetársela a una calavera. La función ha sido su medicina. En cambio, los que no son actores (o lo somos pero malos), sí que a veces necesitamos de un amigo, no forzosamente psiquiatra ni cura, que nos ayude a colocar debidamente en nuestro cuarto la cuna, el sepulcro, el botón, la foto, la calavera y las rosas. “Y para que tarden en amustiarse, no te olvides de la media aspirina en el agua del vaso”.

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  3. A la dama la veo distinguida y grave, como corresponderá tal vez a su noble condición. Sin embargo nunca la asociaría a la categoría de emperatriz de una Ruritania de estos pagos que imagino como una decimoctava taifa entre los Países Vascos y los Países Catalanes, ocupando una estrecha franja paralela a los Pirineos, donde empieza la primera parte de África.

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