30 de septiembre de 2013

La casuística del sexo

EL sexo es probablemente una de las cosas que más se ha prestado desde la antigüedad a la compleja casuística. A diferencia de otros jaleos de mayor cuantía que precisan la participación de ingentes muchedumbres, las revoluciones, por ejemplo, cuanto concierne al sexo suele quedar reducido a una o dos personas, tres o algunas más si hay ganas y medios para la orgía, para el desmán. Los legisladores, varones en su mayoría hasta no hace muchos años, llevaban cuidado con algo que les atañía como padres y maridos, pero también como amantes, quiero decir que a la hora de dictar las leyes se decían: “Hemos de velar por la familia y la institución del matrimonio, pero, caramba, el hombre es hombre...” . O sea, procuraban en lo posible cubrirse las espaldas y echar la culpa a las mujeres. Comentaba hace años el catedrático de penal Sáinz Cantero una sentencia asombrosa. En ella se consideró un atenuante de estupro el aspecto de la víctima, muy desarrollada para su edad, cosa, se decía, frecuente entre las muchachas de aquella región. La niña, de Murcia, tenía doce años, y su caso dio nombre a los  “doce años murcianos”.

La edad penal para la relaciones sexuales consentidas acaba de elevarse de los trece a los dieciséis años. España era el país de Europa que tenía más bajo ese umbral. No obstante, la edad a la que puede casarse una mujer aquí son los catorce. En el derecho canónico todavía está en doce, y doce es el límite para las relaciones consentidas que rige en el Estado del Vaticano. ¿Para qué querrán en el Vaticano mantener ese límite tan bajo, para qué querrán allí las relaciones sexuales? Supongo que lo habrán hecho pensando en los funcionarios civiles, en los guardias suizos y en los monaguillos.

Algunos lectores recordarán un caso que dio mucho que hablar. La policía hizo una redada en un club de alterne en Sevilla. Ejercían allí la prostitución algunos menores. Entre los clientes había personajes más o menos famosos del mundo del espectáculo, de la literatura, de la universidad, de la judicatura... A muchos de estos no les llegaba la camisa al cuerpo. La excusa que algunos de ellos pusieron para eludir las responsabilidades penales fue parecida a las del famoso caso: “los doce años murcianos”; conjeturaban la edad de los chicos fijándose únicamente en su vello púbico, tal y como se cuentan los años de un árbol, a ojo, por los anillos del tronco. Otros ni siquiera se excusaban, afirmando que un chico de doce, trece, catorce años, al tener derecho a ejercitar su sexualidad, está capacitado para mantener relaciones sexuales, por gusto o por dinero, con chicos de su edad o con adultos. Diferentes colectivos de protección al menor piden que la nueva ley, llena de lagunas, apure al máximo la casuística, para evitar en lo posible que la discreción de un juez dé lugar a demasiadas interpretaciones murcianas.  Con todo, la ley es un gran avance, claro que comprende uno lo difícil  que debe de ser legislar de esos asuntos en una sociedad que al mismo tiempo promueve y organiza concursos infantiles en los que visten y maquillan a las niñas y las hacen moverse y bailar en un escenario como chicas del Folies Bergère o de una barra americana.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de septiembre de 2013

29 de septiembre de 2013

Ninfas, faunos, diosas

LA gente y la época que dieron el premio Nobel a Echegaray no pensaba que fuese Echegaray, sino Shakesperare. Y ese drama, propio de Echegaray, se repite desde entonces un año sí y otro también.
* * *

QUIENES cifraron en la mitología clásica (ninfas, faunos, diosas) la literatura del siglo XVIII, no pusieron en su empeño menos fe y entusiasmo que los que en la literatura del XX y de lo que va de XXI lo fían todo de la transgresión y la “sed de mal”.

El Retiro, junio de 2013

28 de septiembre de 2013

Norit


NO es infrecuente encontrar, sobre todo entre cierta clase de escritores terribles, a quienes justifican en  la crudeza con la que se tratan a sí mismos aquella otra con la que tratan a todo el mundo. Ni que decir tiene que se queda uno con aquellos que prefieren tratarse con algo más de indulgencia a ellos y a los demás, aunque la verdad no salga favorecida. Porque al final el resultado suele ser igual de engañoso y mendaz en ambos supuestos, y siendo así, mejor será pasar por el corderito de Norit que por el lobo feroz.

El Rastro, 21 de abril de 2013

27 de septiembre de 2013

Milanos

LEVANTAMOS los ojos del libro y alzamos la vista: un milano vuela majestuosamente sobre nosotros. Pensamos: quién pudiese volar como ese pájaro. Pero raramente tenemos en cuenta lo que piensa el milano: quién pudiese estar allá abajo, leyendo un libro.

El Rastro, 5 de mayo de 2013



26 de septiembre de 2013

Las fantasmas


SE nos da con largueza, con justeza o con usura es decir, se nos da o de más o de menos, porque la virtud, el justo medio, es milagrosa en este mundo. Si nos fuese otorgado el escoger, es preferible que le den a uno de menos, y no para victimarse y pedir eternamente reparaciones, sino porque con menos va uno más ligero por la vida, y podrá llegar más lejos. Todo lo que a alguien se le dé de más es un peso muerto, como llevar atado al tobillo una larga cadena con una de aquellas bolas de hierro que arrastraban los antiguos penados. Y las fantasmas.

El Rastro, 5 de mayo de 2013

25 de septiembre de 2013

Rusia

NO deja de tener su aquel el hecho de que, después de todo, la Virgen de Fátima acabara teniendo razón respecto de la Unión Soviética, cuando pedía “la conversión” de Rusia. Claro que viendo en lo que se ha convertido Rusia y hacia donde va, la propia Rusia le pide cada día a la Virgen: Virgencita, que me quede como estoy.

Aspiradora. Madrid, 2013




24 de septiembre de 2013

Beatus liber


NUESTRAS bibliotecas personales suelen crecer en proporción inversa al paulatino deterioro de nuestras facultades para ordenarlas y recordar dónde pusimos los libros.
* * *
ALEGRE no es lo mismo que feliz. La felicidad no está en nuestra mano alcanzarla, pero sí la alegría.
* * *

LA felicidad es acaso un punto de llegada; la alegría es un punto de partida. En cuanto a la tristeza: estaciones intermedias en la línea; con suerte, sólo apeaderos.

Casa de J.S. 6 de abril de 2013

23 de septiembre de 2013

Ricos y famos*s (y2)

ACABÁBAMOS el artículo anterior diciendo que la esencia de las llamadas redes sociales son la agitprop, agitación y propaganda. Para aquel que necesite una y otra, son inventos impagables. De ahí que los elogien tanto  quienes viven de y para ellas, principalmente quienes nos dedicamos al espectáculo, entendido este en su espectro más amplio. No hace mucho oímos cómo alguien, en una película, ironizaba: “Hoy nadie trabaja, todos hacen algo artístico”. Creo que el éxito de las redes sociales reside precisamente en eso: haber convencido a millones de personas que no tienen nada que decir, de que pueden decirlo de una manera artística, salir al escenario y sin haber hecho nada para merecerlos, recibir apretadísimos aplausos del mundo entero. 

Hace unos meses unos jóvenes, refiriéndose al éxito de una propuesta suya difundida en internet (trescientas mil “visitas” en dos días), comentaban sardónicos: “Lo hemos petado. Claro que cuando alguien lo petaba hace veinte años, se compraba un chalet; hoy seguimos igual de pobres”. En fin, si a todo lo dicho hasta aquí añadimos que esos millones de seres pueden compartir con los famosos un espacio común, comentarse unos a otros, y sobre todo, repartir sus “megusta”, “teajunto” o laics, despertando en su interior el pequeño sátrapa que al parecer todos llevamos dentro, el éxito está más que asegurado. ¿Y el placer de admitir en nuestra página, como madame Verdurin, a tal o cual persona, o, al contrario, el placer de expulsarla? ¿Y la palabra evento? Produce ternura verla emplear a tantos a los que  no habiéndoles sucedido jamás nada digno de tal nombre, se pasan el día convocando eventos irrelevantes, con no se sabe qué esperanza.

Hace dos o tres años una buena samaritana le abrió a uno una página en feisbuc, a la que ni siquiera sé cómo se accede. Admitamos las ventajas, pero pesan en uno más las desventajas. Por lo que he visto, en esas redes sociales los diálogos van tan deprisa y son tan sincopados que no es fácil mantener la atención mucho tiempo en una sola cosa, sobre todo para quienes como yo no podemos hablar por teléfono y mascar chicle al mismo tiempo. Otra característica de esos coloquios, es que, incluso los más inteligentes, acaban abrochándose por lo general en alguna frase chusca o en algún dicharacho. No hablemos de los banales, propios de una gran corrala de vecindad o del teatro chino de Manolita Chen, que ni era china ni era Chen. Ha de contarse, además, con otro aspecto inquietante: los desconocidos. Aunque pueda uno restringir su entrada, resulta imposible evitar que se cuelen en nuestra vida virtual personas analógicamente indeseables con “comentarios” estúpidos, groseros y ofensivos. No sé. Es posible que un día de estos, desesperado de la vida que llevo, se lance uno también a la agitación y propaganda de mí mismo. Porque, se me olvidada decirlo, tal vez la causa principal del éxito de esas redes sociales, tal como lo veo, sea precisamente la desesperación de millones de personas, que ven cómo unos pocos lo han petado sin trabajar en nada especial, sólo haciendo algo artístico, la desesperación de ser pobres y famos*s. Probablemente habrá quien considere estas opiniones infundadas o despectivas. Infundadas, seguro; despectivas no. Se ha limitado uno a subrayar lo fácil que es distraerse cuando se quiere llamar la atención.
     [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 22 de septiembre de 2013]

22 de septiembre de 2013

Paciencia y barajar


PACIENCIA y barajar, el dicho que gustaba tanto a Cervantes, es propio de alguien acostumbrado no sólo a jugar a las cartas, sino a perder, como él.

Marx vive. Madrid, 16 de junio de 2013

21 de septiembre de 2013

Todo a cien


¿POR qué las tiendas de todo a cien son tan feas? ¿Por qué los colmados chinos tienen todos un aspecto tan terrorífico? ¿Por qué tenemos la impresión en unas y otros no de que no falta nada, sino de que sobra la mitad?

Calle Barquillo, 2013



20 de septiembre de 2013

Truque


TRUQUE, juego de la rayuela, que jugaban las niñas, arrastrando con los pies, a la pata coja, un trozo de teja por diferentes casillas. Infernáculo, dice la Rae, pero se busca esta palabra en el mismo diccionario, y la da por no encontrada.
Oigo la palabra truque a mi nonagenaria madre, que la usa con la mayor naturalidad al hilo de sus recuerdos infantiles, y la oigo como quien sabe que cuando ella falte la palabra se apagará, pese a haber tenido llama tan viva, como una urce.

El Rastro, 14 de abril de 2913

19 de septiembre de 2013

La Intemerata

PARA título de un periódico satírico: La intemerata.


* * *
Para nombre de una logia masónica: La Constancia.



Casa Postal. Calle Libertad, 2013

18 de septiembre de 2013

De vuelta.

VA a estar uno las próximas dos semanas más arriba que abajo y más lejos que cerca. Llevar al día este almanaque se presenta, pues, cosa harto difícil. Se hará como buenamente se pueda con entradas más cortas que largas y más extemporáneas que nunca, si acaso eso es posible. 
Tómatelas como verdaderas frases de almanaque, al menos como las que se leían en aquel del Sagrado Corazón, no siempre impertinentes. Veía uno ese almanaque de taco, año tras año, en casa de mis abuelos, y ante él sentía una rara excitación, pues le entraban a uno unos deseos desaforados de arrancar de golpe cinco, seis o más hojas por ver si el tiempo, eterno para un niño, pasaba de golpe. Convencido de que eso acabaría sucediendo (no bastaron las represalias que siguieron a la primera consecución de ese deseo), acechaba el momento de quedarme a solas para llevar a cabo mi escabechina almaquil.
Deseando estoy arrancar ya también las hojas que faltan para estar de nuevo aquí, en tierra firme, y no, como estaremos, en las nubes por dentro todo este tiempo.


Las Viñas, verano 2013





17 de septiembre de 2013

Hágase la luz


EL primer recuerdo que tengo de niño es de un hecho que sucedió cuando yo tenía un año y medio. Esto, según la ciencia, no es posible, porque se empieza a recordar a partir de los dos años. Pero yo me acuerdo perfectamente de ello, como si hubiese sucedido ayer, sólo que fue hace cincuenta y ocho años, diga lo que diga la ciencia.
Ese recuerdo me ha acompañado siempre, desde que tengo memoria, y desde que tengo uso de razón he querido conservarlo, porque recuerdo que cuando era niño ya me acordaba de él, me decía: qué afortunado soy, y me parecía que tenía que custodiar algo más valioso que un tesoro, que por nada del mundo permitiría que aquello se me olvidara.
Vivíamos en la Vega de Manzaneda, un lugar remoto, en un valle paradisíaco pese al temor del maquis. Mi padre trabajaba unas tierras que había comprado mi abuelo diez años antes. Poco después de adquiridas, mi abuelo, ventajista y especulador por naturaleza, revendió un trozo de la propiedad a unos montañeses de Luna que habían tenido que abandonar las suyas, anegadas por un pantano. Eran gentes bonísimas, él un hombre alto y bondadoso, al que yo, según me han contado, tenía mucha afición. Vivían en una casa cercana. Estaba aprendiendo yo a andar y quien me llevó en brazos me dejó en el suelo junto a la puerta de su cocina. Se esperaba que caminara por mi cuenta unos pasos hasta donde aquel coloso me aguardaba con los brazos abiertos. Recuerdo que puse toda mi atención en conservar el equilibrio, en llegar hasta aquellos brazos fuertes que se adelantaron justo cuando iba a caerme y me alzaron, en un impulso decidido, por encima de su cabeza. Recuerdo que apenas se veía dentro, todo estaba en penumbra. Fuera anochecía, pero en aquellos años de miseria la gente del campo no encendía la luz eléctrica, un bien escaso y caro, hasta que no se distinguían prácticamente los contornos de las cosas. Y sucedió entonces. En el momento en que aquel San Cristóbal me arrancó del suelo para llevarme a lo más alto, la bombilla se encendió, justo delante de mí, a unos centímetros de mi cara. Fue una casualidad, desde luego. Recuerdo el garabato incandescente del wolframio, la pobreza de aquella estancia y la alegría que reinaba allí, pues en mi recuerdo oigo también las exclamaciones que celebraron el hecho de que yo hubiese culminado la proeza de caminar sin ayuda. Esto fue todo. Lo que añadiese a este recuerdo sería literatura, y yo, que he hecho literatura con casi todo, jamás me perdonaría hacerla con un recuerdo para mí sagrado.
Me he repetido a menudo que tuvo que haber algo excepcional y simbólico en la luz de aquella bombilla de voltaje exhausto que sigue ardiendo en mí como llama de una lámpara de aceite. Y tanto como el hecho de que aquel hombre, que murió al poco tiempo y del que nada más recuerdo, me tomara en sus brazos, supongo que lo es el que no recuerde que mi padre hubiese hecho algo parecido antes, ni tampoco después, aunque en el segundo recuerdo que tengo está él velándome de noche en un sanatorio, tras ser operado yo, a vida o muerte, de una apendicitis. Recuerdo, alucinado y febril, que era invierno, uno de esos inviernos intratables de León; tenía cuatro años.
             [Publicado en la revista Entrelíneas, agosto de 2013]

La Vega, Manzaneda de Torío, años 40, antes del incendio que destruyó la casa (a la izquierda) y parte de los pajares y establos (derecha). La mía natal se construyó sobre esa al año siguiente del incendio  

16 de septiembre de 2013

Pobres y famos*s (1)

Así como viajar fue durante un par de siglos, de mediados del XVIII a mediados del XX, un asunto que sólo concernía a los comerciantes, los aventureros o soldados y los ricos, la celebridad sólo parecía incumbir hasta ayer, como quien dice, a los potentados. Han cambiado mucho las cosas, y los viajes parecen únicamente un asunto de la plebe, que se desplaza por el planeta en un estado de excitación y alegría inexplicables, a juzgar por las condiciones en que se ve obligada a hacerlo (metidos en aviones como ganado, comiendo basura y durmiendo en hoteles ruidosos decorados con un gusto lisérgico). Y da igual lo que sea uno: le harán sentirse parte de la plebe. ¿Y la fama? A ella aspiraban los caballeros renacentistas y combatían noblemente por alcanzarla. Incluso los románticos, como Byron, se lanzaban a recorrer el mundo tras de ella. Hoy podemos afirmar que sólo los pobres de los países ricos, o principalmente ellos, quieren ser famosos, para lo cual trabajan con denuedo en ese invento que se ha dado en llamar “redes sociales”, tanto por unirles como por mantenerlos esclavos.
  
Hace cincuenta años Andy Warhol vaticinó que en el futuro todo el mundo tendría sus quince minutos de gloria. Creo que Warhol, que era un hombre del espectáculo y por tanto bastante plebeyo, se refería a salir en los periódicos, en el cine y la televisión, o sea, en los medios, que son los que suelen ocuparse casi en exclusiva, como todo el mundo sabe, de los mediocres. Lo que Warhol no podía sospechar fue que esos quince minutos a lo largo de una vida se llegarían a convertir en veinticuatro horas al día.

Ha oído uno contar a mucha gente las excelencias de tuiter y feisbuc (compañero corrector: si estos inventos son tan potentes como el fútbol, prevalecerán, y su nombre se castellanizará, y si no, ¿qué más da cómo lo escriba?). Oye uno también que determinados personajes, por lo general del mundo del espectáculo (políticos, periodistas y demás), se sirven de ellos para dar sus “comunicados” o “filtrar” aquellas opiniones o noticias de su interés. Aprovechando el mes de vacaciones, que suele ser uno de los más desaprovechados del año, algunos amigos han intentado interesarle a uno en tales patios de vecindad, y le han asomado a esas ventanas. “Me voy a levantar porque creo que me he dejado la puerta abierta, y hace corriente”, fue el primer “comentario” con el que nos tropezamos. ¿Y qué interés tiene “comentar” eso, o leerlo?, pregunté. La mayor parte de los “comentarios” era de ese porte.


El proselitista estaba un poco abrumado por “la mala suerte” del experimento, y decidió abordar el asunto por otro flanco: “feisbuc y tuiter mantienen en contacto a gentes afines por razones familiares o vínculos profesionales o de interés particular a las que la vida moderna impedía o estorbaba su comunicación. Eso es maravilloso. Y como en todo gran invento, dependerá de cada cual el modo en que lo use. El simple dirá simplezas, el necio necedades, y el inteligente dirá cosas agudas, divertidas, inteligentes”. O sea, le dije con escepticismo, que trabajamos de nuevo en la agitprop (agitación y propaganda). (Continuará)
Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 15 de septiembre de 2013




15 de septiembre de 2013

De búhos y líneas rectas


SE oye al búho en la noche en medio de los campos. Viene ese lúgubre sonido hasta nosotros no sabemos exactamente de dónde, pero llega en línea recta.
* * *
NO sólo la luz se propaga en línea recta, también. la oscuridad.


Barajas, 24 de abril de 2013

14 de septiembre de 2013

Varia


EL alma es lo íntimo de personas, animales, paisajes, cosas. Tarda en manifestarse, y nunca se manifiesta del todo.
* * *
ESCRIBIR es la intimidad del hablar. No otra cosa quería decir aquel "lo que se sabe sentir se sabe decir".
* * * 
LO íntimo es todo aquello en lo que no tienen nada que hacer los intermediarios. De ahí que debería haber tanta intimidad en un abrazo como en escribir de un libro. Deberían saberlo los críticos literarios.
* * * 
LOS gallos no cantan, piden socorro. Y lo hacen desde lo más profundo de su alma, desde lo más íntimo de su ser.
* * *

NO se habrá visto a nadie que sea más juez y parte que un gallo. Nunca se sabe, cuando canta, si es el fiscal pidiendo sentencia, el abogado indignado  por las alegaciones del fiscal, o el juez amenazando a todo el mundo con desalojar la sala como siga esa algarabía.

Barajas, 24 de abril de 2013

13 de septiembre de 2013

Todo va unido (y 2)

¿DE qué se habla en ese libro quinto del libro de Lucrecio que de tanto consuelo podía serle a Ricardo Baroja? Lo abre un elogio encendido de Epicuro (también don Pío se honraba de pertenecer a la piara del filósofo de Samos), y a ese elogio siguen consideraciones sobre la finitud de todo, y acaso saber que las cosas de este mundo y el mismo mundo están llamados a un fin más o menos lejano, pero cierto, consuele a quien ve llegado el suyo propio, cuando, como dice el propio Lucrecio, "por dentro todos los cerrojos de la vida se aflojaban" (De rerum natura, VI, 1150). Todo lo que nace muere, nos recuerda una y otra vez Epicuro, y comparte Lucrecio, "y de ello nadie ha de recibir tristeza".
Ya se habló hace dos años de Lucrecio y su libro aquí, pero volvemos a él, porque los libros, como las ciudades, como las personas, nunca se revelan de una vez, sino que sólo en el trato van manifestando su naturaleza, no siempre bajo la luz del sol, a menudo, como esta noche, a la luz de la luna y su "luz bastarda".

Segundo piso. León, agosto 2013

12 de septiembre de 2013

Todo va unido (1)


EN el vaivén de las lecturas de verano (acaso una de las cosas más gratas del verano, sea pasar de un libro a otro, a veces entre sacudimientos inesperados y regocijantes, tal y como a veces vemos que sucede en los coches de choque que proliferan también en las ferias estivales de pueblo), en ese vaivén, como digo, acabó uno en las Semblanzas ideales de Julio Caro Baroja (Taurus, 1972). Brotó ese libro no sé cómo, como un puñado de hierbas verdes, de las dunas de libros que avanzan y retroceden sin control en esta casa del campo.
Estaba entonces escribiendo uno cierto relato, de pie forzado, a propósito del Greco. Se cumplen de su muerte este año los cuatro siglos, y una editorial nos ha pedido a unos cuantos escritores un relato, a propósito de diferentes cuadros, repartidos o sorteados entre nosotros. Y descubrir en el libro de Caro Baroja una semblanza de don Manuel B. Cossío (con otras de Giner y de Jiménez Fraud, a quien Caro Baroja recuerda en la imprenta de su padre, donde imprimía sus libros el editor Jiménez Fraud), descubrir ese retrato de Cossío, decía, y dejar la lectura que tenía entre manos fue todo uno.
Es posible que don Julio Caro Baroja no tenga escribiendo el brío de su tío Pío ni la gracia de su tío Ricardo, pero tiene de ambos un don raro en un erudito: naturalidad. Jamás es pedante y siempre entretiene.
Cuenta en una de sus amenísimas Semblanzas ideales (bendito el día en que pospuso uno su lectura, porque serlo de nuevas la ha hecho aún más placentera), la dedicada a su tío Ricardo, cómo este, "ajeno a lo que movía y mueve a la España de entonces y de ahora" (...) "poco antes de morir satisfizo el deseo de oír leer, por última vez, unos trozos del canto quinto del poema de Lucrecio De natura rerum".
Y esa es la razón por la cual me hallo ahora con un ejemplar del libro de Lucrecio en las manos, tratando de adivinar cuáles serían esas palabras, ya conocidas por el moribundo y sin duda por la persona que se las leyó, sabedor que iban a serle de tantísimo consuelo al moribundo en aquel trago. (Continuará)


Escarabajo. Las Viñas, 2013

11 de septiembre de 2013

Ubi bene, ibi patria


“NO tenemos nada en contra de la bandera española, pero nos gustan poco los que nos la pasean por la cara”, nos decía un amigo nacionalista, sin darse cuenta de que nos estaba abanicando con la señera. Algo así le pasa a uno también con esta bandera y con cualquier otra. Pues si a algo somos todos sensibles es a las corrientes de aire y a ver que lo que empieza en un trapo, más o menos airoso, está siempre sujeto a mástil o estaca.  
* * *
AL ver la señera, tan parecida a la bandera española, se podría decir que en el pecado llevan la penitencia. Aunque la señera sea muy anterior a la española, del mismo modo que hemos sabido este verano que Cataluña descubrió América y el Quijote fue una mala traducción de un libro catalán, por desgracia desaparecido, abrasado en las revueltas de 1714 por agentes dobles de los borbones.
* * *
AL conocido programa barojiano ("un país sin moscas, sin curas y sin carabineros"), podríamos añadir: "y sin banderas". Como el lema que figura en el papel timbrado de Félix Ovejero: Ubi bene, ibi patria ("Allí donde estoy bien, allí está mi patria").

El Rastro, 7 de septiembre de 2012, y 8 de septiembre de 2013

10 de septiembre de 2013

Tenis

ROGER Federer: la lírica.
Rafael Nadal: la épica.
Novak Djokovic: el psicoanálisis. 

Dicho de otra manera:
Roger Federer: el Gilgamesh.
Rafael Nadal: La Ilíada.
Novak Djokovic: La Odisea.

Incluso:
Roger Federer: Bach.
Rafael Nadal: Beethoven.
Novak Djokovic: Brahms.
     (Bozart no hay más que uno)


Los Infiernos

"EN un catálogo de pueblos que se quiera universal, El Infierno o Los Infiernos son fundamentales", nos dice nuestro amigo Juan Ballester, en el correo que acompaña esa foto. Lo reseñable de esta es el lugar donde parece sugerir que están esos infiernos. Así lo señala también la flecha: en el cielo.

Foto: Juan Ballester

9 de septiembre de 2013

Alá rey

NO conoce uno ninguno de los países de oriente medio y a los dos días que pasé hace años en Tánger y en Tetuán no se les puede llamar casi ni experiencia. Lo que vi en entonces o me gustó mucho o no me gustó nada, en todo caso salió uno de allí con un propósito no por irrelevante menos firme: jamás viviría en un país en el que las mujeres que se ven por la calle o van solas, sin mezclarse con los hombres, o van tapadas o directamente no se las ve. Entrar en un café se convertía siempre en algo poco grato, teniendo que ver a todas horas a unos hombres a los que incomodaba nuestra presencia manoseando un rosario. Preguntaba: “¿Y aquí las mujeres qué hacen?”. “Las mujeres están donde tienen que estar, en su casa, pero no crea usted”, añadían, “allí, en su casa, gozan de entera libertad”. De las cosas que me gustaron mucho en Tetuán, una fue el burrero donde guardaban las bestias quienes acudían a sus puestos en la medina. En ningún otro lugar podría sentirse nadie más cerca de la España del siglo XVI, como si nos hubiéramos transportado a ella por arte de magia. Me decía: “El Alcaná de Toledo, en el que Cervantes dijo haber encontrado  el manuscrito del Quijote, sería poco más o menos como esta medina, los mismos olores a canela y clavo, las mismas chilabas y balandranes, los mismos rezos melismáticos del muecín...” Y aquí quería llegar: por nada del mundo desearía uno tener que volver a la España de Cervantes, a merced de los curas, de la Inquisición y del rey y sus nobles y servidores. Con el Quijote tenemos de sobra. Y de la misma manera que sentimos la ondulación de la sensualidad, sintió también uno en Tetuán la opresión en el pecho, como los galeotes, y el azote de sus leyes y costumbres...

Hace poco el papa Francisco se refirió a esto precisamente, a la necesidad de separar Estado e Iglesia. Los grandes políticos se caracterizan por hacer de necesidad virtud, y el papa en realidad está recordándonos que la Iglesia católica, que él dirige, está siendo hostilizada y martirizada en muchos de los países (Pakistán, Líbano, Argelia, ahora Egipto), en los que los musulmanes han conseguido apoderarse del Estado o están en ello, es decir en aquellos en los que se quiere sentar a Alá en un trono, con la espada en la mano, tal y como Cristo Rey imperó hasta ayer, como quien dice.

En las religiones del libro, mulás, curas y rabinos tradicionalmente se parecían bastante, y si  cambiaban, es decir, si mejoran algo, no solía ser de buena gana, sino porque la sociedad civil les arrebataba el poder, a veces con grandes padecimientos. El modo en que ha sido desalojada del gobierno la Hermandad en Egipto, no ha sido en absoluto democrática, cierto, claro que las leyes que promulgó el Partido nazi, que también alcanzó el poder en unas elecciones, tuvieron por objeto precisamente acabar con la democracia. A uno le gustaría que los niños vinieran de París y no tras desgarros dolorosos y sangrientos, y vivir en lugares en los que las leyes las dictan los hombres y no los curas, y en los que las mujeres pueden hacer lo que quieran, sin tener que pedirle permiso ni a los curas ni a unos hombres que se pasan la vida en un café como vigías de dudosas tradiciones . Y todo ello pacíficamente, sí, pero...
               [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 8 de septiembre de 2013]

8 de septiembre de 2013

Cruce de la Torre-Trujillo-Cruce de la Torre

DECÍAMOS el otro día que iríamos trayendo aquí, a lo largo del año, el nombre de aquellos pueblos, villas y ciudades que más llamaran nuestra atención por una razón u otra. ¿De dónde nace la fascinación que sentimos por los catálogos? Bien por hallarse en cumbres de la literatura, bien por sí mismos, tres se llevan la palma: el de las naves, en la Ilíada, el de las ballenas, en Moby Dick, y el de los pueblos normandos en À la recherche du temps perdu. Acaso sólo por su carácter local (¿pero qué no es local en la literatura universal?) no se le conozca como debiera, pero nadie duda de que este de Unamuno es uno de los grandes romances de la lengua castellana. Alguna vez se ha hablado aquí de ese "lígrimos, lánguidos, íntimos" como de uno de los más hermosos de nuestra lengua ("Arlanzón, Carrión, Pisuerga. / Torres, Águeda, mi Duero. / Lígrimos, lánguidos, íntimos, / espejando claros cielos"), con un eco íntimo, lánguido, lígrimo en otro romance, también de ríos, el palentino Carrión, de su amigo Paco Vighi.
Empiece pues este catálogo universal de los pueblos de España y América hecho entre todos, con nuestra aportación más modesta, los de la línea Cruce de la Torre-Trujillo-Cruce de la Torre, a cada cual más bonito, tal como figuran en la estación de autobuses de Trujillo.


7 de septiembre de 2013

Escalera

DE las imágenes perdurables de este verano, esta de una escalera, en la azoriniana fábrica de harinas de Serradilla, Cáceres, en las estribaciones del parque de Monfragüe, a donde nos llevó la ambulancia fotográfica de Rafael Trapiello. 
Pocas veces se habrá contado con tanta delicadeza el amor a la vida tal y como aparece en el trabajo que se han tomado los salvadores de esa escalera que otros seguramente habrían condenado al fuego. Y claro que cuando hablamos de una escalera, estamos pensando en la vida, de la que la escalera es precisamente una de las imagénes que mejor la explican, con sus subidas y bajadas, pero sobre todo, con sus remiendos en las bajadas y subidas.



5 de septiembre de 2013

Talleres islados

HACE un par de días le pidieron a uno de elCultural.es algo sobre los Talleres islados que montaron hace tres años en Menorca Mariona Fernández e Isabel Ollesti. Aunque no eran muchas, mis palabras quedaron tan destiladas que quizá no esté de más traerlas aquí tal como se escribieron, sobre todo porque se habla en ellas de personas que nos importan mucho, tanto las citadas por sus nombres como las que están bajo la palabra "oyentes".

"Creo que fui el segundo escritor de los Talleres. Aquello estaba poniéndose en marcha, yo no conocía a las que los montaban (Mariona e Isabel) y me pidieron una gran dosis de entusiasmo, que no suelo tener con nada, menos aún con nada mío.  Pero resultó toda una experiencia. El lugar, Binissaida, con una casa del XVIII, una vieja casa de labranza, estaba en medio del campo, con el mar a la vista. Era maravilloso, y los responsables se habían ocupado de los menores detalles, no sólo de las comidas, refinadísimas, sino todo, las flores que se encargaban de renovar cada día en los jarrones, los refrescos, los paseos por la isla, al final de la jornada. Yo, que suelo ser partidario de la misantropía y no mezclarme mucho con la gente de letras, y menos con desconocidos, salí de allí con hartas dudas sobre esa inclinación mía.
Jamás había dado un taller de escritura, porque creo que la literatura, que se puede aprender, no se puede enseñar, y desde luego no con personas como yo, con ninguna dote pedagógica. Me di cuenta, no obstante, de que los "alumnos", con algunos de los cuales sigo manteniendo una relación de amistad, habían ido a "oírme", no a aprender. Me gustó que fueran oyentes, pero mucho más, en cuanto se soltaron un poco, que acabaran siendo dicientes. Para alguien como yo, que tiene poco que decir, es impagable el poder escuchar a los que cuentan su vida, porque no hay vida mala, sólo hay que saber contarla. De eso trataban aquellas "clases", de aprender entre todos a decir lo que cada cual sabe sentir para sí mismo".

Binissaida, Menorca, septiembre de 2010.

Anubis

TENIENDO en cuenta que Anubis era el dios de los muertos en el antiguo Egipto y patrono, por tanto, del cuerpo de embalsamadores, este reclamo, tropezado hace unos días en una peluquería y "centro de estética" de un pueblo de la España profunda, le deja a uno feliz y confiado en el progreso humano: ningún surrealista llegó tan lejos en el uso de las transgresiones. 


4 de septiembre de 2013

¡Hola! ¿Franco ha muerto?

EL tiempo acaba sacando a la luz lo que duerme en tantos papeles viejos. ¿Quién habría descubierto en su día en la cubierta de esta revista de noviembre de 1975 (que le ha regalado a uno un amigo este verano, suponiendo que nos divertiría verla) la coña involuntaria que parece encerrar? Se diría que lo que leemos en ella es un "¡Hola!: ¡Franco ha muerto!". Pero aún más significativo que la cubierta propiamente, son los titulares (que no salen aquí, por desbordar mi escáner): “La vida del Caudillo y del príncipe de España, en imágenes. Doña Carmen Polo de Franco: retrato de una dama”, y esa foto de la contra en la que están los dos mano a mano. Es sabido que el Rey no permite que nadie hable mal en su presencia del Caudillo, tanto o más que un padre para él. Y como un gran padre acabamos de saber que se portó prestándole a su hija un millón de euros para reformar el cuarto de baño de su casa de Pedralbes, escritura pública mediante. El ejemplo de unos y otros y el amor conyugal y paternofilial con el que ha sido bendecida ese dechado de familia, deberían presidir las vidas de todas aquellas personas humanas, jurídicas y militares que vengan a este almanaque con otras ideas.






3 de septiembre de 2013

La soledad moderna

ENTRE los envíos estivales con los que algunos amigos quisieron recordarnos este verano, estuvo el de esta calle de Cádiz. 
Ya en otra ocasión se habló aquí de las calles de nombre curioso, fascinante o peregrino, pero ninguno tan apropiado como este para nombrar la que nos ha traído de nuevo a la ciudad. Cuanto pudiese decir, ahí está ya dicho, y a qué darle más vueltas.
Y como vinieron calles, trae uno aquí este curso el propósito de hacer un escrutinio parecido entre los pueblos de España, invitando a los lectores de este almanaque para que envíen los suyos, de aquí o de América, aún más sonoros y significativos que los nuestros.
Alguna vez ha comentado uno ya cómo le gustan esos Alba de Tormes, Madrigal de las Altas Torres o Cadalso de los Vidrios, pero no le van a la zaga Manganeses de la Polvorosa, de las tierras barciales zamoranas, donde tan buen pan se hace, o su pendant Manganeses de la Lampreana, que cruzamos este agosto.
¡Y qué solo hay que estar y qué moderno hay que ser para embarcarse en esta descabellada empresa de ir juntando nombres como quien mete en un bote de cristal piedras de río!