20 de abril de 2011

Caballo de Troya

Para que el canto gregoriano, que a cuento de la Semana Santa viene sonando en Radio Clásica, tuviera algún sentido, habría que oírlo tal vez en una iglesia fría como un sepulcro, sentir un final inminente por peste o sífilis, y el pánico de morir en pecado, la condenación eterna. O sea, viviendo atenazados entre un presente incierto y una eternidad insoslayable y opresiva. Hoy, sin embargo, se diría que oímos esas melodías a un tiempo bellísimas y desasosegantes sólo como música de fondo, mientras esperamos la hora del almuerzo, lo único que aún sigue siendo verdaderamente medieval: cordero asado y vino tinto. A nuestro lado el tiempo fabrica ante nosotros su caballo de Troya.

1 comentario:

  1. El tiempo, creo, tiene unos preceptos, unas leyes que jamás llegaremos a entender. Conciliar sus cliclos no está al alcance de casi nadie...
    Un saludo

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