4 de abril de 2011

Una placa vergonzosa... y vergonzante

Hace unas semanas el presidente de Chile descubrió, en realidad encubrió, una placa en la que fue embajada de su país en Madrid, Prado 26, durante la guerra civil.

Morla fue un hombre culto,  encantador, diletante, confidente de Lorca y amigo de muchos poetas. Al estallar la guerra, su jefe, el embajador  Núñez Morgado, franquista pregonado, salió de España de modo poco gallardo. Morla se quedó solo al frente de la legación, y su tacto diplomático libró de una muerte segura a cientos de falangistas, militares, curas, aristócratas, políticos derechistas o particulares en declarada indefensión, de muchos de los cuales nos dejó en España sufre, testimonio apasionante, sincero y veraz de la revolución en Madrid, unos retratos devastadores. Al terminar la guerra Franco premió a Núñez Morgado su valentía con una calle, mientras Chile represalió a Morla desterrándolo a Berlín por haber asilado al final de la guerra a dieciséis comunistas. Era de justicia, pues, que se hiciese una reparación a Morla. Así se pidió hace un año en estas mismas páginas. Pero ¿cuándo se ha visto que a lo que llega setenta años tarde podamos darle el nombre de justicia? Ni siquiera poética.

Le han puesto una placa, sí, pero...  en el paso de carruajes. Nunca habíamos visto nada parecido, una placa vergonzante, diríamos, pues nadie que no entre en el portal podrá verla, y si entra, acaso se lo impedirá el portero (a mí me sucedió). Morla diría: una humillación más. La verán, claro, los propietarios de la casa, los mismos que en tiempos de Morla. Semanas antes de estallar la guerra, la marquesa de Campo Real se la alquiló al embajador, y al poco de acabada, pasó de nuevo a manos de su dueña. Esta circunstancia providencial la libró de ser saqueada, como tantas, y pudo conservar sus fabulosos cuadros, bargueños y gobelinos que hacen de ella un palacio único en España... Por lo demás, la redacción de la placa, una hojalata municipal, resulta tan descuidada en la forma como oportunista e inexacta en el fondo: “Aquí estuvo la embajada de Chile desde donde el diplomático, escritor y humanista Carlos Morla Lynch asiló a miles de españoles sin distinción política en la guerra civil entre 1937 y 1939”. Para empezar: Morla los asiló desde 1936 (se ve que han querido cubrirle las espaldas a Núñez Morgado), y no “desde la embajada”, sino “en” la embajada y hasta en su propia casa. Y sí, sí hubo distinción política: dos mil cien fueron de derechas y dieciséis de izquierdas. No hubo simetría ni mezcla, como da a entender la derecha municipal madrileña, con ese hiperbólico “miles de españoles”. Así que nos preguntamos por qué han tardado setenta años en ponérsela, quién se lo hubiese estorbado a alcaldes franquistas y propietarios. Sólo ahora, cuando la ejemplaridad de Morla se ha hecho visible, corren a decorarse con ella... hurtándosela de nuevo a la mirada pública. Por eso hubiese sido mejor la placa que se propuso aquí: : “En esta casa y en otras de la embajada de Chile, el diplomático y escritor Carlos Morla Lynch salvó durante los tres años de guerra civil la vida de más de dos mil españoles que se lo agradecieron con el desprecio y el olvido”.  En el acto, por cierto, hubo banda municipal, discursos y, supongo, mucha retórica, el agua que mejor lava la mala conciencia.

                    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia, 3 de abril de 2011]

6 comentarios:

  1. La placa propuesta sólo tenía un defecto: era la pura verdad. También te debemos el descubrimiento de Morla y, de paso, de sus Diarios. Una de esas lecturas que bien pueden considerarse justas y necesarias.

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  2. De acuerdo con todo, Andrés, salvo en el sintagma "la derecha municipal madrileña". El Ayuntamiento lo malgobierna un señor que no es, exactamente, "derecha municipal", pues hace cantidad de cosas que no encajan en absoluto en ese epígrafe, además de guiños incesantes a la izquierda. Y lo revela, p. ej., el énfasis de la placa en lo de "españoles sin distinción política", un intento de "poner en valor" -por parafrasear al alcalde- al buen Morla Lynch, diciendo: ojo, que no sólo salvó a derechistas... David Fdez.

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  3. Teresa Bulnes Nuñez27 de octubre de 2011, 8:38

    No sé dónde nació la idea de que Morla Lynch habría salvado a miles de refugiados poco menos que sólo. El embajador de Chile, Aurelio Núñez Morgado, que era el decano del cuerpo diplomático en España, fue el principal organizador de esta iniciativa humanitaria que salvó muchas vidas. Es falso que fuera un franquista pregonado. Defendía la vida de las personas, fuera cual fuera el color que tuvieran. Pero quedó marcado por los excesos que se cometieron durante esa época terrible para España. De él nació la iniciativa que Morla Lynch luego se apropió y vistió de colores propios y que tampoco podría haber iniciado, como se sugiere más arriba, puesto que era simplemente encargado de negocios, esto es, dependía del embajador.

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  4. No parece estar el Sr.Trapiello muy documentado sobre el embajador de Chile, Aurelio Nuñez Morgado. Dice que salió de España de modo poco gallardo y da a su sucesor el mérito, exclusivo, de de salvar a cientos de personas. Para su información le diré que hay una misiva de mediados de noviembre de 1936 de la señora del embajador Nuñez en que dice que su esposo no quiere moverse de Madrid hasta el final de la batalla para salvar la vida de los 425 refugiados que había en la embajada a fecha 1 de noviembre y de los muchos más que se esperaban. Que esta visitando las cárceles y que una noche se reunió con el General Miaja para que no fusilen a los 12.000 prisioneros "en cambio de eso les protegerá a ellos en caso necesario". Cuando fue sustituído supongo que saldría de España, no sé si de forma gallarda, pero seguro que satisfecho por las vidas que protegió. Y en cuanto a lo de "franquista pregonado" me parece más una licencia literaria que un dato objetivo. Su sucesor tuvo el mérito de continuar la acción humanitaria que inicó Aurelio Nuñez.

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  5. Amigo Igeldo, a lo que hizo el Sr. Núñez antes de salir de Madrid a la carrera se le llama en España brindis al sol. Al acabar la guerra, y también a la carrera, volvió a recoger de Franco las dos orejas y el rabo, quiero decir a ver cómo le ponían su nombre a una calle (que desde luego no tiene Morla) y a escribir un libro grotesco, servil y franquista. AT.

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  6. José María Sánz Gutierrez4 de diciembre de 2012, 5:07

    Me reconozco entusiasta de los diarios de Morla, aunque para hacerlo bueno no creo que haya que atizarle a Núñez Morgado por mal que ellos se llevaran. Por otro lado, el gran Morla -al que nunca se agradecerá bastante su labor- fue condecorado por el mismo Franco con la Cruz de Isabel la Católica como consta en las hemerotecas de la época, no sabemos si eso lo considerará mi admirado AT. recoger oreja y rabo.

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