14 de septiembre de 2012

De la fobia social

                                                                              Para Martín López Vega
AL entrar, quedó paralizado. Consideró en ese momento un error haber aceptado la invitación. Las luces, el gentío, el alboroto, el ambiente festivo y la promiscuidad de los saludos, besos y abrazos de todos con todos, a menudo con la mayor ligereza y sin que obedecieran a ninguna razón especial, entre personas que con frecuencia ni siquiera se estiman, sólo porque en tales ocasiones la gente se saluda, se abraza, se besa, intercambia frases banales sobre esto o lo otro en medio de risas estrepitosas y ruidos de copas y vasos de cristal. Sintió que le sudaban las manos, que se le secaba la garganta, al tiempo que se le fosilizaba la columna vertebral. Le resultaba imposible dar un paso al frente y hundirse en aquella alegre multitud. Observó las caras de los invitados y eso redobló su pánico. Aunque nadie se fijaba en él, creyó que todos le estaban observando. Se dijo: "Dios mío, no conozco a nadie". Pero en ese momento la frase se dio la vuelta, como un yukata, y lo que por uno de los lados era una seda negra, por el otro resultó una luminosa verdad: "Pero también yo soy un desconocido para todos ellos". Y sólo así pudo deambular por la fiesta como un fantasma entregado al placer de observar a las gentes y escuchar lo que se gritaban casi siempre sin llegar a oírse.


Aguafuerte de Grabriel Perelle, h. 1650. 

7 comentarios:

  1. De ese tipo de situaciones festivas y frivolonas (hoy englobadas todas ellas bajo la abominable palabra "evento", hortera donde las haya),en las que siempre se respira la misma atmósfera contaminada de un nauseabundo humo llamado idiotez, me he conseguido excluir desde hace mucho tiempo. Aun a riesgo de resultar maleducado merece la pena irse de viaje o ponerse malo en el último momento
    Por cierto, esta tarde la calle Bárbara de Braganza estaba interrumpida en la acera de los impares por jóvenes celebrando un evento. Los esquivé y me adentré en Conde de Xiquena, donde mi mirada curiosa descubrió por las alturas el rótulo de la famosa Pensión Gloria.

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  2. Nunca se siente uno tan solo como cuando se está rodeado de un montón de gente desconocida.

    (Hoy en zUmO dE pOeSíA publicamos un poema de Gonzalo Rojas.)

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  3. el problema quizás sea cuando en todas las fiestas eres un desconocido, una sombra torva que apenas murmura:bah, coca cola para todos y algo de comer...mucha niña mona,pero ninguna sola. saludos

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  4. ...así nos hemos sentido también alguna vez..., muchos saludos Andrés, fue un grandísimo placer leerte en papel este verano.

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  5. Incluso puedo llegar a ser un desconocido para mi mismo , no siempre puede uno identificarse con lo que toque . La fobia social está bien sustentada por la tecnología y la política , pronto se verá como algo " natural " y el único remedio es meditar y aprender.
    Chao

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  6. Yo supongo que un comentario exige un poco más que esto, pero también creo que conviene usar las palabras solo las palabras precisas. Así que:

    Magnífico, Andrés. Hoy ha estado usted... cumbre.

    (Y demuestra, de paso, dónde está una de las claves de ser un gran escritor: narrar una experiencia por la que todos hemos pasado con palabras no gastadas y que nos hacen revivirla como algo especial y propio. Cosa que, al menos a uno, le parece más difícil que contarnos una escalada al Himalaya).

    David Fdez.

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  7. Aunque detesto las multitudes, me encanta cuando me veo obligado a sumergirme en ellas, esa sensación de ser un fantasma que observa al resto. A veces hasta resulta inspirador.

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