8 de marzo de 2013

Ilsa Barea (2)

ACOMPAÑABAN su carta varias fotocopias: una de un relato póstumo de Barea, aparecido en La Nación de Buenos Aires de marzo de 1968, otra con fotografías de un busto de Barea, otra de un artículo extenso de Gerald Brenan, publicado en The New York Review of Books, la dedicatoria de Barea a mi corresponsal...
La carta es esta:
Resistencia (Argentina), octubre 15 de 1997.
Apreciado señor:
Acabo de leer su artículo "Crónica de un hombre modesto", en un recorte que me fue enviado desde Sevilla, sin fecha. Ignoro por lo tanto si es reciente.
De acuerdo con la nota, Ud. mismo reconoce poseer poca información sobre Arturo Barea y su vida. De existir interés, tal vez yo podría proporcionarle algunos datos, ya que sería justicia que se lo conociese mejor en esa España que tanto quiso y tanto añoraba en el exilio.
Me ligó (nos ligó, mejor dijo, puesto que mi marido, Aldo Boglietti, compartió plenamente esta relación) una muy estrecha amistad con Arturo y su esposa Ilsa –que no Olga, y tampoco inglesa–, austriaca, vienesa, y luego ciudadana británica. Nuestra relación nació al escucharlo regularmente en la BBC, donde Arturo desarrolló una importante labor periodística, durante años, con el pseudónimo de Juan de Castilla. Luego vino su autobiografía-novela, publicada por Losada en 1951.
Tanto yo como mi marido pasamos muchas y largas temporadas en la casa de Farigdon (en el cruce de las rutas B 4019 y A 417, en el Oxfordshire, al SO de Oxford) donde falleció Arturo de cáncer de médula. La amistad se prolongó en Ilsa, hasta su muerte en Viena.
Ilsa era una mujer de excepcional cultura, socióloga, con dominio de muchos idiomas (varios inusuales: noruego, danés, holandés, sueco, finés, ruso) y asesora de las más destacadas editoriales europeas, en especial anglosajonas, nórdicas y alemanas; entre otras, Faber and Faber. Militante política desde la adolescencia, antes de enrolarse como voluntaria en la guerra civil, había vivido en Praga con su marido (diplomático, Poldi, de quien luego se separa), y fue allí secretaria de Luis Jiménez de Azúa –creo, entonces embajador de la República–. Importante dirigente del socialismo europeo, asesoró a Churchill durante la guerra –en especial en lo referente a los discursos de Hitler – y fue, en Inglaterra, la única extranjera electa concejal del distrito por el partido Laborista.
Imaginará Ud. que al compartir la vida de un personaje de intelecto tan exigente como era el caso de Ilsa –además de eximia cocinera y fumadora– no es posible que Arturo Barea fuese alguien de "pocos antecedentes literarios e intelectuales" como deja suponer en su artículo.
En el año escaso en que vivieron en París –38-39–, estando Arturo enfermo, sus amigos fueron, entre otros, André Gide, Malraux, los intelectuales españoles refugiados. Ilsa había logrado por sus conexiones políticas sacar a su familia de Austria. Su padre fue Rector de la Universidad de Viena hasta la llegada de los nazis, y su madre padecía el "pecado" de tener una parte de sangre judía. El padre de Ilsa, a quien permitieron salir, pero le confiscaron íntegramente la biblioteca– una forma de liquidarlo, sin duda, murió en Inglaterra en el 41.
A Inglaterra, pues, fue a refugiarse el matrimonio Barea, Ilsa y Arturo. En casa de ellos conocí a T.S.Eliot, a Emir Rodríguez Monegal –quien escribía por ese entonces sobre Borges–, a uno de los Goytisolo, a Julián Gorkín, y al mismo lord Faringdon, laborista, quien costeó el traslado y educación, en Inglaterra, de 500 niños vascos huérfanos de la guerra civil.
Es demasiado rica, demasiado importante la vida de Arturo Barea como para suponer que quepa en 3 renglones. Y es injusto se le ignore de esa manera.
Si pude disfrutar los libros de Tuñón de Lara y otros estudiosos del tema, fue porque mucho había recogido de alguno de mis profesores –como Amado Alonso–, y otros refugiados en Buenos Aires, como Rafael Alberti y María Teresa León. Pero donde realmente pude vivir de cerca la tragedia de la guerra civil fue escuchando, incansablemente, conversar a Arturo e Ilsa en su casa de guardabosques de Faringdon, o caminando a la noche, con Arturo, hasta la taberna "The Red Land", sólo de lugareños, conde Arturo tenía sus amigos para compartir una cerveza.
Por entrar a España con 1 ejemplar de La forja de un rebelde –sus 3 volúmenes– tuve serios problemas con la aduana franquista. La obra de Arturo era, por esos años, dinamita. Hoy no sé siquiera si los jóvenes la conocen...
En 1956, invitado por la Fundación "EL FOGÓN DE LOS ARRIEROS" (fundada y presidida hasta su muerte, en 1979, por mi marido, Aldo Boglietti) y con el auspicio del British Council y la BBC, Arturo hizo un viaje de 3 meses a la Argentina donde fue recibido por lo más prestigioso de los intelectuales argentinos y de sus agremiaciones: Sociedad Argentina de Escritores (SADE), Academia Argentina de Letras, Colegio Libre de Estudios Superiores. Arturo era, además, importante miembro del P.E.N. Club.
Acompaño alguna documentación que tal vez le interese y quedo a su disposición para el caso de que desee ampliar o rectificar datos.
Le saludo muy cordialmente, Hilda Torres-Varela
                                                                                          (Continuará mañana)


10 comentarios:

  1. Preciosa carta. Sobrecogedora. No tenia esa imagen de Barea aunque he leído toda su obra e indagado algo en su vida. Tampoco de Ilsa. Leí la Forja en edición de Losada con ¿15? años. El libro era de un camillero que participó en la batalla del Jarama, un hombre de campo sin estudios que fue toda su vida agricultor para otros. Un hombre que sólo tenía en su casa cuatro libros. Me regaló el libro y su cuchara de campaña de aquella batalla. Creo que en su casa no tendría otros objetos para él más valiosos.

    Uno imagina cómo sería Ilsa y entiende, con una claridad misteriosa, que se enamorara de ella para siempre.

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  2. Trapiello, focotopias en línea 1. De nada.

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  3. Unos párrafos del HOMENAJE A ARTURO BAREA de Gabriel Jackson.

    http://elpais.com/diario/2001/04/19/opinion/987631211_850215.html

    (…) Desde agosto de 1936 hasta septiembre de 1937, fue jefe de censura de prensa para la capital sitiada bajo el régimen militar municipal del general Miaja. En su trabajo le ayudaba una mujer austriaca socialdemócrata y antigua comunista, Ilse Kulcsar, con quien se casó en 1938 y con quien vivió después en Inglaterra hasta su muerte. (…) Su romance con Ilse le aportó tanto una experiencia de auténtica igualdad en una relación amorosa como una introducción a la cultura alemana y centroeuropea.

    (...) En "La indivisibilidad de la libertad", definía para una audiencia de socialistas ingleses, en abril de 1945, su idea del significado de la espontánea defensa popular de Madrid en 1936 y la participación de las Brigadas Internacionales en aquella defensa: 'Yo trataba de entender el fundamento común..., lo que subyacía a las baratas consignas... de partido. Poco a poco comencé a comprender que era una fe, o tal vez debiera decir una religión, lo que movía a los voluntarios a una lucha antifascista por España. Era una religión con un credo universal: una creencia en la libertad del ser humano individual; una creencia en la igualdad de derechos y en la igualdad de los pueblos; una creencia en el derecho a una vida libre de miseria, ignorancia y explotación' (página 551).

    (…) [En una] charla recordaba con simpatía a los prisioneros de guerra alemanes, italianos y balcánicos que habían trabajado en la campiña inglesa en la II Guerra Mundial, algunos de los cuales se habían quedado para convertirse en ciudadanos británicos. Y hablaba alegremente de un concurso internacional de canciones y danzas que se estaba celebrando en Gales en el momento en que él escribía: '... ver gentes sencillas de todos los países, recelosos el primer día, conviviendo el segundo, entendiéndose sin entenderse y siendo felices entre sí, todas mezcladas... No es interesante quién ganó el concurso. Es interesante saber que gentes de no sé cuántas razas y cuántas nacionalidades pueden convivir juntos, pueden divertirse juntos...'.

    (…) Para Barea “La rebelión de las masas” 'constituye una de las más evidentes confesiones de fe y terror jamás realizadas por un intelectual conservador. La nostalgia por una posición social perdida; (...) su negativa a tener en cuenta los poderes que en realidad mandan en el mundo mediante el control de los medios de producción..., el temor y el rechazo a los movimientos populares incluso cuando éstos se proponen liberar al individuo de la ignorancia y la violencia'.

    (…) En el caso de Madariaga, analizando los libros “Anarquía o jerarquía” y “¡Ojo, vencedores!”, escribe que 'esta actitud conservadora hacia la 'condición natural' de los obreros revela una terrible ignorancia de las fuerzas económicas y psicológicas que conducen al joven pescador a leer libros o al campesino español a aprender a escribir cuando ya es adulto... Mi propia experiencia -la memoria de mi tío, un trabajador que sentía una reverencia casi religiosa por los conocimientos articulados, inaccesibles a él, y la memoria de los campesinos analfabetos y jornaleros de olivares que aprendieron a leer y a escribir en nuestras trincheras- me hace pensar que el pueblo pasivo de Madariaga es una ficción, un mero fragmento de sus creencias jerárquicas'.

    (…) La lectura de los ensayos de Barea, y por supuesto de su gran novela, debe servir como antídoto a las limitadas simpatías clasistas y nacionalistas de una gran proporción de los autores españoles más conocidos. También es raro, y por esta razón especialmente valioso, tener el testimonio vivo de un hombre que proviene de las clases no privilegiadas pero que, gracias a sus aptitudes, sus simpatías universales por la humanidad y su segundo matrimonio con una mujer de gran capacidad literaria y simpatías humanas igualmente amplias, fue capaz de transformar el exilio político en un pensamiento y una obra literaria de alta calidad.

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  4. Se puede ver la serie " la forja de un rebelde " , 6 capítulos dirigidos por Mario Camus en RTVE a la carta , tiene una pinta muy buena .
    Saludos

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  5. Tampoco se puede decir que la labor de Barea en la Telefónica fuera la de un defensor de la libertad. La criba, y hasta la anulación total, a que sometía las crónicas de los reporteros extranjeros, era propia de un régimen totalitario. Esa actitud obstruccionista originó muchas protestas desde embajadas democráticas.
    Se podría defender esa postura de implacable censor argumentando que la guerra obliga a renunciar a la ética, pero, igual que en las trincheras, en la retaguardia debe combatirse respetando unos límites, aunque el enemigo los ignore.
    Por lo demás, hermoso alegato apologético esa carta que está escrita desde la pasión de la amistad.

    Supongo, Andrés, que con tantos incunables y esa envidiable biblioteca que el otro día mostró, tendrá usted un seguro de incendios no menos tranquilizador que el de robo. Un abrazo.

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    1. Hai Cancio, Cancio, mellor que fales do albardeiro da Veiga, quero dicir Vegadeo. Qué esixente te volviche dende fai xa bastantes anos... cos demais!

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  6. No salió de Madrid un papel que Barea no hubiera censurado. Ferozmente.
    Y de sus patologíasmentales mejor no hablar.

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  7. Es una pena que no se conozcan testimonios semejandes al de Barea en el otro campo de la contienda civil, con los años y medios que tuvieron para publicarlos. Con lo literatos que eran. Agradecería q Cáncio, por ejemplo, una amplia bibliografía para tratar de ilustrarme. Gracias anticipadas.

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  8. El libro de Barea es excelente y no está escrito en blanco y negro para nada (su relato de las tropelías en el otoño del 36 es descarnado) pero Ilse y su marido Leopold eran , tristemente, agentes de la GPU, por mucho que Barea lo calle. O al menos lo era el segundo y su mujer no andaba muy lejos. Algo no me cuadraba en el relato de Barea hasta que leí Los verdugos de la revolución española (1937-1938), (2007, Ed. Sepha, Málaga) en el que el papel de Leopold Kulcsar en la persecución y el asesinato de Kurt Landau se apunta con verosimilitud. Con posterioridad he leído cosas que van en ese sentido. http://vienadirecto.blogspot.com.es/2011/02/un-episodio-oscuro.html

    ¿Estudios académicos? No.

    Es una gran desgracia que el triste papel del estalinismo en España no se haga con seriedad por historiadores. Los oficiales del régimen basculan entre la justificación del papel del relato y mitos del PCE y sus mitos y el republicanismo negacionista del auténtico papel de aquél y la denigración de todo relato distinto. Hay cuatro libros bienintencionados hay de gente cercana al POUM, un tratado áspero y denso de Gregorio Morán sobre el PCE y nada más

    Así que todo se deja a Pío Moa y la Fundación Francisco Franco.


    Una pena.

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