7 de marzo de 2013

Ilsa Barea

El 13 de septiembre de 1997 publicaba un artículo en El País que se titulaba "Crónica de un hombre modesto", en el que se contaba de una manera sumaria la vida y la obra de Arturo Barea. No he conseguido encontrarlo en la red, para eslabonarlo aquí. En el artículo se decía, entre otras cosas, que Barea era un hombre tan modesto y oscuro que ni siquiera tenía una calle en Badajoz, de donde era. Después del artículo, le dedicaron allí una. Años después alguien advirtió, en el rótulo, que había una grave errata, habiendo pasado de ser calle de Arturo Barea a calle de Arturo Barca, lo que no tenía sentido. Era una calle de una barriada nueva y se procedió a sustituir el rótulo por uno en el que el nombre aparecía correctamente escrito, pero los vecinos, que habían vivido años sin percatarse del error y dándoles un ardite que fuese Barca o Barea, se negaron en redondo, porque el cambio significaba alteración de escrituras, gastos de registro y otros pequeños engorros. Al final, creo, venció el buen sentido y Barea acabó teniendo su calle en su pueblo.
Se decía en el artículo también, prefigurando la pifia que la calle, que la historia de Barea era "muy breve, cabría en dos o tres líneas, incluso en dos o tres líneas llenas de inexactitudes".
No lo decía para curarme en salud, pero un mes más tarde recibía una carta, un sobre grande, de Resistencia (Argentina), de para mí una desconocida, que se decía amiga de Ilsa, "que no Olga, ni tampoco inglesa", como yo afirmaba en mi artículo. 
Desde entonces ese sobre ha estado en mi mesa, ¡dieciséis años! esperando quién sabe qué, acaso este día. 
                                                                                         (Continuará mañana)
Analía Gadé en Largas vacaciones del 36

13 comentarios:

  1. El artículo «Crónica de un hombre modesto» está en Los caminos de vuelta.

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  2. A causa de un “malimaginado”, señora Gadé, ayer “la maté”: perdóneme. Si 37 años han afectado algo a su gran estampa 1936-1976 –ojos y rizos desde aquella melena asesinaban– yo le deseo al menos otros 37 con la mejor salud posible.

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  3. Todo hace pensar que una bilocación de Ilsa hizo algunas escenas de Analía en la película .
    Al final se produjo la metamorfosis y no se llamaba Gregor .
    Chao

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  4. Analía, gorra anarquista terciada y pañolón rojo al cuello; eso parece.

    Uno de los dependientes del comercio de tejidos, Santiago Castro, recordaba frecuentemente la guerra. Como el frente pasaba por el mismo pueblo, unos días era rojo y otros azul. O rojo y azul a la vez: al otro lado del río, El Retamal rojo; azul el resto. Cuando tocaba rojo, enseguida se agotaba todo tipo de tela roja. Santiago también se reía recordando a… Imposible dar con su nombre, valga “Niño Juan”, otro miliciano, real, del pueblo. Santiago se reía recordando al Niño Juan, un muy bajito miliciano, patrullando la calle Alta, donde estaba el comercio, todo engallado con la novedad del mosquetón en lugar del arado. Con el mosquetón… y el gran pañolón rojo al cuello. Santiago y Bartolomé salían de la tienda a tomarle el pelo: “Pero Niño Juan, ¿no oye usted el avión? Que va a ser de los facciosos y con ese pañuelo, apuntar para que caiga la bomba aquí mismo lo van a tener muy fácil… Venga, Niño Juan, métase en la tienda”.

    Bien poco después el panorama de Santiago cambió mucho. Definitivamente azul Montoro, al frente a pegar o recibir tiros definitivamente azul Santiago. Cómo recordaba los tiros. Chiflaba imitando la ensalada de balas en la que más de una vez se vio envuelto... antes de sobrevivir. Parpadeaba mucho, tartamudeaba: "Eso es lo peor que le puede pasar a una persona", repetía siempre. Se podría decir que seguía temblando.

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  5. IIse kulcsar y Arturo Barea parece que formaron un tándem perfecto en el periodismo, la literatura y la vida.

    ***

    «Así como, hacia 1850, fue la gran época de los embajadores, los años treinta constituyeron la edad de oro de los corresponsales en el extranjero. Desde finales de julio de 1936, y durante dos años y medio, resultaba habitual encontrar al sur de los Pirineos a los más grandes periodistas del mundo.»

    Hugh Thomas

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    1. El icónico Hemingway, el defensor de la República, el borracho demócrata que se dejaba sorprender cada noche por el amanecer en su suite interior del Hotel Florida bebiendo el mejor vodka ruso, también se incorporó a la nómina de los más prestigiosos reporteros que encontraron en nuestra guerra la aventura de sus sueños, pero cobrando diez veces más que el mejor pagado.
      También él, como Alberti y señora, podría describir aquella época de feroz crueldad como "los mejores años de nuestra vida". Pero a algunos se les disculpa todo porque la contradicción ciega.

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  6. La Forja supuso par mí dos sorpresas: el grato descubrimiento de una obra imprescindible para entender a mi país, y un fantástico ejercicio de justificación constante, como si la inseguridad ideológica mantuviera en vilo a su autor y necesitase expresar su exculpación ante el riesgo de que el futuro lo juzgara con dureza. Fragilidad física y tal vez de conciencia.

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  7. Me ha convencido mucho la película de Camino , de hecho voy a ver su filmografía , se agradece . El vocabulario que emplea Camino es muy bueno y creo que las confusiones han sido un ensayo por su parte pues seguro conoce de sobra la obra de este artista .
    " hay demasiadas cosas que la gente pueda comprender , si se las das de forma que no las entiendan , tendrán al menos algo que pensar " vino a decir Groucho ( un hombre que meditaba ) .
    Saludos

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  8. Arturo Barea. Tenía yo 15 sños y en el 'infierno' de la biblioteca del Archivo de Galicia, donde guardaban libros prohibidos una bibliotecaria me dejó entrar en aquel sitio y encontré "La forja de un rebelde". A la sazón aquel espacio fuera del acceso del público de la biblioteca era inaccesible a los visitantes comunes pero como yo era lector empedernido esa amable señorita me dió acceso a Sartre, Barea, Marx, Joyce, Simone, etc...

    Eran años oscuros pero acostumbrado a la oscuridad no me daba cuenta de la falta de luz.Sin embargo mi instinto encendía en mí la llama del conocimiento y tuve mucha suerte gracias a una mujer que vió algo en mí.

    Hoy mismo, en estos tiempos que vuelven a oscurecerse busco literatura apresuradadamente porque creo que muy pronto volverá a ser inaccesible a los que no sean apasionados.

    Suerte a todos.

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    1. Muy bien por la amable bibliotecaria. Bonito que así la recuerde. (Gracias, bien pudiera decirle ella).

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  9. Pues la verdad es que "modesto" es el último adjetivo que le encasquetaría a Barea, una vez leída su "Forja de un rebelde". Más bien le cuadraría el título "Forja de un rebelde que no tenía abuela". Porque en todas sus hazañas se autorretrata muy favorecido la verdad.
    Muy buena la historia de la calle de "Arturo Barca" y la preocupación de los vecinos porque el pasado les provoque trastornos burocráticos. Esto es muy típico. También podrían haberle dedicado la calle a Amílcar Barca, fundador de la dinastía.

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  10. De acuerdo con un par de comentarios. Según se desprende de la lectura de "la forja", Barea era el paradigma del "yoismo". Qué tío más ególatra. Supongo que estaba llamado a mayores logros que el simple hecho de ser mínimamente decente con su familia. ¡Qué mal me ha dejado la tercera parte!

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