29 de abril de 2014

Pasaje de los Panoramas

FUE el primero, de 1800 y es uno de los más conocidos y todavía hoy uno de los más visitados de París. Está en él todo el romanticismo y la vanguardia juntos, lo que es una tautología, ya que, como todo el mundo sabe a estas alturas, romanticismo y vanguardia son la misma cosa. 
Desde su creación, a principios del siglo XIX, hay algo misterioso en los pasajes que le resulta fascinante a todo el mundo, como mirar una linterna mágica, algo en ellos de juguete mecánico, como una caja de música. Decimos: toda la vida está aquí, y está a salvo, a cubierto. Sí, parece recorrerlos siempre un hilo de música concertada, incluso cuando están vacíos y solitarios.
Hace unas semanas encontró uno en el Rastro un ejemplar de Le Virgile travesti, el clásico de la literatura paródica francesa, en una edición de 1858. Entre sus páginas se hallaba esta etiqueta publicitaria de ceras para zapatos. Es un poco más grande que una tarjeta de visita y supongo que se pegaría en los productos que se vendían en la tienda del señor Loppin. Qué encanto tienen esta clase de papeles efímeros que han logrado sobrevivir al paso del tiempo, en este caso además de una manera prodigiosa, porque se diría que acaba de salir de la imprenta, tan nuevo está y con la huella de los tipos marcándose nítida en el envés del papel. Recuerda algo de las publicaciones surrealistas, es en sí mismo, fuera de contexto, como una pequeña mirada irónica, pero también una lección magistral de tipografía romántica de cámara.
Nada más. Será un hallazgo insignificante, desde luego, pero por un momento sintió uno, al tropezárselo en las páginas de aquel libro, donde acaso llevara sepultado desde 1858, la alegría de quien acaba de exhumar los restos arqueológicos de Ilión, una piedra Rosetta que nos da testimonio de aquel tiempo, el de la coronación como emperador de Napoleón. Que ambos nombres, el de Bonaparte y el del señor Loppin, fabricante de ceras para calzado, hayan venido juntos hasta nosotros es también una lección magistral de Historia, tal y como solía impartirlas por entonces el bonapartista Henri Beyle.


4 comentarios:

  1. "Método de este trabajo: montaje literario. No tengo nada que decir. Sólo que mostrar. No hurtaré nada valioso, ni me apropiaré de ninguna formulación profunda. Pero los harapos, los desechos, esos no los quiero inventariar, sino dejarles alcanzar su derecho de la única manera posible: empleándolos". Walter Benjamin, "Libro de los pasajes", [N 1 a 8], Akal, p. 462.

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  2. Bellísima la entrada de nuestro flaneur del Rastro. Gracias.
    Victoria

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  3. P. Montero-Martín29 de abril de 2014, 22:37

    Y qué me dice del pasaje Gutiérrez, ¿eh? , seguro que lo conoce Vd., prosaico hasta en el nombre, yo lo conocí con todos sus establecimientos cerrados a cal y canto, no sé si había algún comercio que sobrevía, malamente en todo caso. Nosotros lo empleábamos, los domingos mayormente, para abreviar entre dos calles, a la salida de unos futbolines que había por allí, pero esa sensación de abandono, fantasmal, con esas lámparas modernistas sujetas por atletas de hierro, oscuros como el mismo futuro del pasaje, tenían algo de sobrecogedor, de tiempo parado, de reloj de arena sin granos. Creo que ahora lo han restaurado y no se el futuro que tendrá, pero muchos lo seguimos transitando con esa luz mortecina colándose por las claraboyas llenas de polvo y telas de araña -llenas de tiempo- ¡que iluminaba aquella juventud que no volverá!.

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