21 de diciembre de 2014

Luciérnagas (y 2)

Y, sí, no acabó allí la cosa. 
Una semana después, en uno de los tableros del Rastro, hace, pues, dos o tres semanas, encontré el segundo ejemplar de estas Luciérnagas, en el que la cubierta de Leal da Câmara, con el retrato de Bargiela, ha sido sustituida por otra únicamente tipográfica, con menos fantasías. Todo lo demás, portada y tripas, es igual en ambas, caja pequeña, tipos menudos. ¿A qué vino esta fantasía tan bargielesca de cambiar las cubiertas?
Para saber del personaje es imprescindible leer el estudio que Emilio Gavilanes puso al frente de la reedición de Luciérnagas (Ed. Renacimiento, 2009). En realidad no es tanto una reedición, como unas obras completas, pues se incluyen en ese tomo artículos, ensayos y poemas del escritor diplomático gallego.
Cuenta EGavilanes en él la vida y milagros de ese curioso y divertido personaje (Tuy, 1864-Casablanca, 1910) al que miraron con simpatía la inmensa mayoría de los escritores del 98, con los que compartió la bohemia y los primeros pasos literarios, armada por el prologuista como un verdadero y apasionante puzle. Me atrevería a decir que tiene más interés y sabor ese estudio que la obra propiamente que le sigue (que tiene tanto de costumbrista como de modernista).
Desde hoy estos dos ejemplares del libro más curioso de la literatura española darán a nuestra casa un cierto temblor fosforescente, fantasmal, galaico. 
Con ellos se acaba el emplear la palabra "inencontrable", la ilusión, ay, de encontrarlo y el aura que hasta hoy le rodeaba. 




4 comentarios:

  1. Me parece antológica esa errata: "Luciénagas" (luz en la ciénaga).

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    1. Con un candil por la ciénaga en busca de luciérnagas y unicornios, grillos y constelaciones, cunas y maracas.

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    2. ÁNoel, lo es, lo es... Y me atrevería a decir que también una perfecta metáfora, un emblema del bien en la dolorosa vida humana.

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  2. Hors sujet = Fuera de tema

    Art poétique

    De la musique avant toute chose,
    Et pour cela préfère l'Impair
    Plus vague et plus soluble dans l'air,
    Sans rien en lui qui pèse ou qui pose.

    Il faut aussi que tu n'ailles point
    Choisir tes mots sans quelque méprise :
    Rien de plus cher que la chanson grise
    Où l'Indécis au Précis se joint.

    C'est des beaux yeux derrière des voiles,
    C'est le grand jour tremblant de midi,
    C'est, par un ciel d'automne attiédi,
    Le bleu fouillis des claires étoiles !

    Car nous voulons la Nuance encor,
    Pas la Couleur, rien que la nuance !
    Oh ! la nuance seule fiance
    Le rêve au rêve et la flûte au cor !

    Fuis du plus loin la Pointe assassine,
    L'Esprit cruel et le Rire impur,
    Qui font pleurer les yeux de l'Azur,
    Et tout cet ail de basse cuisine !

    Prends l'éloquence et tords-lui son cou !
    Tu feras bien, en train d'énergie,
    De rendre un peu la Rime assagie.
    Si l'on n'y veille, elle ira jusqu'où ?

    O qui dira les torts de la Rime ?
    Quel enfant sourd ou quel nègre fou
    Nous a forgé ce bijou d'un sou
    Qui sonne creux et faux sous la lime ?

    De la musique encore et toujours !
    Que ton vers soit la chose envolée
    Qu'on sent qui fuit d'une âme en allée
    Vers d'autres cieux à d'autres amours.

    Que ton vers soit la bonne aventure
    Eparse au vent crispé du matin
    Qui va fleurant la menthe et le thym...
    Et tout le reste est littérature.

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