10 de mayo de 2013

Progreso rápido

TIENE lugar estos días en Santander, en la Fundación Botín, una exposición de dibujos de Gutiérrez-Solana, que ha preparado María José Salazar, de quien esperamos en breve un catálogo razonado de los dibujos del pintor.
Y acaso por eso, porque llevara uno a Solana en la cabeza ("sólo vemos lo que nos mira"), nos salió el otro día en el Rastro este aguafuerte tan solanesco. A lápiz figuraba en él una atribución que alguien borró, pero no tanto como para no dejarse leer: "Carnaval: aguafuerte de Leonardo Alenza". Algunos amigos historiadores se han avenido a confirmar la paternidad o a encontrarle la suya, si la otra fuese espúrea (y si alguien la conoce, se agradecerá), dejándonos hasta entonces suspensos.
Pero tanto como esto, nos emociona seguir el rastro de una cierta España eterna que hoy más que nunca parece ir en una carreta de bueyes como la de ese grabado, en cuyas ruedas se lee irónicamente un "progreso rápido". No hay más que echar la vista al retortero: Ley de Enseñanza, proyecto de reforma de la Ley para la regulación del aborto, impuestos en las actividades culturales, recortes en la universidad y en la investigación... Como diría Rubén, no menos cáustico: "y hacia Belén la caravana pasa".


Se admiten atribuciones



13 comentarios:

  1. Michel Houllebecq :
    La sociedad que vivis tiene por fin destruiros.Otro tanto se puede decir de vosotros respecto a ella.El arma que empleara es la indiferencia .vosptros no podeis tener la misma actitud ¡Pasad al ataque!
    Profundizar en los temas de los que nadie quiere oir hablar . el envés del decorado .Insistir sobre la enfermedad , la agonia , la fealdad .hablad de la muerte y del olvido.De los celos , de la indiferencia , de la frustración, de la ausencia de amor . Ser abyectos , seréis autenticos .
    un saludo

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    1. “Hablad de la muerte”. Hagámosle caso a M. Houellebecq, proporcionándole de paso material didáctico a Marcos R y sus jóvenes de instituto. De un folio también docente en su día (amarillento y algo mayor que los actuales), unos cuantos párrafos de las últimas páginas de “El último suspiro. Memorias” (LUIS BUÑUEL. Plaza & Janés, Barcelona 1983).

      « HACE TIEMPO que el pensamiento de la muerte me es familiar. Desde los esqueletos paseados por las calles de Calanda en las procesiones de Semana Santa, la muerte forma parte de mi vida. Nunca he querido negarla, ignorarla. Pero no hay gran cosa que decir de la muerte cuando se es ateo como yo. Habrá que morir con el misterio. A veces me digo que quisiera saber, pero saber ¿qué? No se sabe ni durante, ni después. Después del todo, la nada. Nada nos espera sino la podredumbre, el olor dulzón de la eternidad. Tal vez me haga incinerar para evitar eso.

      A veces, por simple afán de distracción, pienso en nuestro viejo infierno. Se sabe que las llamas y los tridentes han desaparecido y que, para los teólogos modernos, no es más que una simple privación de la luz divina. Me veo flotando en una oscuridad eterna, con mi cuerpo, con todas mis fibras, que me serán necesarias para la resurrección final. De pronto, otro cuerpo choca conmigo en los espacios infernales. Se trata de un siamés muerto hace dos mil años al caer de un cocotero. Se aleja en las tinieblas. Transcurren millones de años, y, luego, siento otro golpe en la espalda. Es una cantinera de Napoleón. Y así sucesivamente. Me dejo llevar durante unos momentos por las angustiosas tinieblas de este nuevo infierno y, luego, vuelvo a la Tierra, donde estoy todavía.

      (…) Me digo a veces que una muerte repentina es admirable, como la de mi amigo Max Aub, que murió de pronto mientras jugaba a las cartas. Pero, de ordinario, mis preferencias se dirigen a una muerte más lenta, más esperada, permitiendo saludar por última vez a toda la vida que hemos conocido. Desde hace varios años, cada vez que abandono un lugar que conozco bien, donde he vivido y trabajado, (…) me detengo un instante para decir adiós a ese lugar. (…) Digo adiós a todo, a las montañas, a la fuente, a los árboles y a las ranas.

      Claro es que a veces regreso a un lugar del que ya me he despedido. Pero no importa. Al marcharme, lo saludo por segunda vez.


      “UNA COSA LAMENTO: no saber lo que va a pasar. Abandonar el mundo en pleno movimiento, como en medio de un folletín. Yo creo que esta curiosidad por lo que suceda después de la muerte no existía antaño, o existía menos, en un mundo que cambiaba apenas. Una confesión: pese a mi odio a la información, me gustaría poder levantarme de entre los muertos cada diez años, llegarme hasta un quiosco y comprar varios periódicos. No pediría nada más. Con mis periódicos bajo el brazo, pálido, rozando las paredes, regresaría al cementerio y leería los desastres del mundo antes de volverme a dormir, satisfecho, en el refugio tranquilizador de la tumba. »

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    2. « CUANDO, desde hace algunos años me preguntan por qué viajo cada vez menos, por qué no voy a Europa sino muy raramente, respondo: “Por miedo a la muerte”. Me responden que hay tantas posibilidades de morir aquí como allí, y yo digo: “No es el miedo a la muerte en general. Usted no me comprende. En realidad, me da igual morir. Pero que no sea durante un traslado”. Para mí, la muerte atroz es la que sobreviene en una habitación de hotel, en medio de maletas abiertas y papeles desordenados.

      Igualmente atroz, y quizá peor, me parece la muerte largo tiempo diferida por las técnicas médicas, esa muerte que no acaba. En nombre del juramento de Hipócrates, que coloca por encima de todo el respeto a la vida humana, los médicos han creado la más refinada de las torturas modernas: la supervivencia. Eso parece criminal. Yo he llegado a compadecer a Franco, a quien se mantuvo artificialmente vivo durante meses, a costa de sufrimientos increíbles. ¿Para qué? Si bien es cierto que los médicos nos ayudan en ocasiones, la mayor parte de de las veces son “money-makers”, hacedores de dinero sometidos a la ciencia y el horror de la tecnología. Que se nos deje morir, llegado el momento, e, incluso, que se nos dé un empujoncito para partir más aprisa.

      (…) Al aproximarse mi último suspiro, imagino con frecuencia una última broma. Hago llamar a aquellos de mis viejos amigos que son ateos convencidos como yo. Entristecidos, se colocan alrededor de mi lecho. Llega entonces un sacerdote al que yo he mandado llamar. Con gran escándalo de mis amigos, me confieso, pido la absolución de todos mis pecados y recibo la Extremaunción. Después de lo cual, me vuelvo de lado y muero.

      Pero, ¿se tendrán fuerzas para bromear en ese momento? »

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    3. El verso, "y hacia Belén la caravana pasa" de Rubén nos puede traer los otros de Atahualpa Yupanqui, "porque no engraso los ejes / me llaman abandonao. / Si a mí me gusta que suenen / pa' que los quiero engrasar".

      El tiempo lento de las carretas, el ritmo interior más a la medida del ser humano frente al falsamente rectilíneo, imaginado quizás por la inseguridad o el miedo.

      ¿En función de qué valores se mide el llamado progreso? ¿Puede hablarse de progreso mientras haya situaciones de injusticia extrema? ¿Y si esta compulsiva progresión hacia adelante, hacia "más", tuviera como condición "sine qua non", precisamente, el mantenimiento de esa injusticia?

      A.G.CALVO siempre reflexionó con gran lucidez sobre estas cuestiones. Vino varias veces a Málaga y tuvimos ocasión de participar en algún encuentro. La crónica que sigue fue hecha para El PAÍS el 2 de abril del 91.

      "García Calvo habló de muerte y progreso ante los jóvenes filósofos".

      "La administración de la muerte es el nombre malo del progreso, tanto del progreso de la humanidad como del supuesto progreso personal", afirmó ayer el pensador Agustín García Calvo en la segunda jornada del 28º Congreso de Filósofos Jóvenes que se celebra desde el pasado domingo y hasta mañana en Málaga. García Calvo hizo que se llenara totalmente la sala del Palacio de Justicia, donde impartía la conferencia, con más de 500 personas asistentes. Empezó afirmando que hablar de la muerte es un error, pero ninguno de los 400 participantes en un congreso dedicado a la muerte quiso recoger el guante. El error consiste, dijo, en considerar la muerte, por una parte, como una experiencia personal, la más personal de las experiencias, y, a la vez, como algo de lo que se puede hablar con algún tipo de conocimiento, cuando "de mi muerte no hay experiencia alguna. Es futuro y por tanto un ideal", afirmó.

      El equívoco arranca de que él mismo puede formular frases como "Agustín García Calvo morirá", lo que lleva a creer que entre el "Agustín García Calvo" y la expresión "yo" que él utilizaba habría una relación de casi identidad. Basta callar, aseguró, para dejar claro que no es así.

      También está el tiempo, "un truco", que permite la transformación del miedo indefinido, a no se sabe qué, el miedo al futuro que asegura la muerte. Una muerte que es segura y que por tanto confiere seguridad. Al hacernos una idea de nuestra muerte, la vida queda convertida en mero futuro, ya sabemos lo que va a pasar y la manifestación de ese saber es el aburrimiento, la condición esencial de la vida. Un aburrimiento que sin embargo no puede ser soportado sin encubrirlo, ocultarlo, ya sea en forma de trabajo o de diversión, formas de llenar el tiempo, de llenar el vacío al que se reduce la vida.

      También pensamos, dice Agustín García Calvo, que la proyección del tiempo que se hace desde el momento actual hasta la segura muerte es reversible, y así se puede proyectar hacia atrás en el tiempo. Aparece entonces la memoria, o lo que es peor, la historia.

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  2. Sociedad anónima de Difusión de Sueños10 de mayo de 2013, 11:02

    Va a tener que hacer usted un catálogo razonado de la colección suya comentada por usted: Ricardo Baroja, Solana, Gaya, Espúreo, y lo que tendrá: ¡menuda envidia!

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  3. Mucho más intrascendente y frívolo yo, observando el grabado me parece escuchar aquella voz fustigante y metálica del No-Do explicando la escena al ignorante espectador:
    "La deslumbrante comitiva, encabezada por lo más granado de la reserva espiritual de occidente (que en su afán de olvidar penas encuentra en el próximo puente de San Isidro ineludibles reminiscencias con los misterios eleusinos), rinde enseguida su solemnidad al embrujo del carnaval ofreciendo el paso de probos representantes de la llamada autoridad moral, quienes, sin el menor rubor y escasos de ropa brindan desde sus ataúdes, cual Dionisios, con el mejor vino de la tierra española. Quien esto les narra, señores, se encuentra incapacitado, por elemental discreción, para nombrar a los numerosos chorizos que integran el esperpento, al igual que tampoco vislumbra por ningún lado a la señora que preside siempre estos cortejos. Nos referimos, como ustedes se pueden imaginar, a doña Sardina, patrona de haraganes y trileros."

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  4. Colegas, hay que protegerse porque una nueva epidemia psíquica de tontería amenaza con expandirse y volvernos aún más tontos (y ya es difícil).

    Resulta que el Parlamento Aragonés ha aprobado que en Aragón se hablan, desde ya, dos nuevas lenguas (hasta ahora desconocidas) que se llaman lapao y lapapyp.

    Toma castaña.

    La cuestión es que, como nadie ignora, en Aragón hay una zona donde se habla catalán, por la proximidad con las provincias catalanas.

    Pues bien, ahora el Gobierno Aragonés dice que el habla de esa zona no es catalán, sino LAPAO. Esta palabra tan malsonante (se parece a “lapo”) es en realidad las siglas de Lengua Aragonesa Propia de Aragón Oriental.

    Y el LAPAPYP no es, pese a su similitud, el lenguaje de Liliput (el país de Gulliver), sino las siglas de Lengua Aragonesa Propia del Aragon Pirineico y Prepirineico.

    Chúpate esa mandarina.

    Todo el mundo (incluido el Tato, famoso amigo de Rajoy) sabe que esas hablas son variedades dialectuales del catalán, como lo son también el valenciano y el mallorquín, pero siguen diciendo mentecateces y, al igual que el estatuto valenciano otorga a la variedad de catalán hablada allí el estatus jurídico de lengua, pues en Aragón no quieren ser menos.

    La obsesión nacionalista (ese virus letal para el ser humano) sigue expandiéndose y nosotros, en vez de combatirlo eficazmente, nos dejamos dominar por él.

    Como en la canción, yo “sólo le pido a Dios que la idiotez no me pille indefensa”.

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  5. Tempus fugit inexorabili. Si tenemos la suerte de ver venir a la muerte, lo mejor sería recibirla con una sonrisa y ser amables con ella, ya que será nuestra última compañera.

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  6. Mucho de lo que pasa en cultura y educación obedece al " Oscuro objeto del Opus " y su deseo de santificaciones a mansalva de sus muertos y dinero para sus colegios y clínicas . El Vaticano no va a regalar nada al Opus , están mal vistos por las demás ordenes religiosos que íntimamente piensan que son una pseudo secta .
    Rubén Dario era cáustico pero de gran delicadeza :
    Mas a pesar del tiempo terco
    mi sed de amor no tiene fin
    con el cabello gris me acerco
    a los rosales de mi jardín .
    Saludos

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  7. Del poema Una vida de nada del gran artista Michel H. :
    Te mueves vagamente como un bicho minúsculo.
    ya apenas eres nada , pero ¡que mal lo pasas !
    llevas contigo una especie de abismo
    mezquino y portátil, levemente ridículo

    Dejas de ver la muerte como algo funesto ,
    de vez en cuando ries , sobre todo al principio,
    intentas vanamente adoptar el desprecio,
    luego, lo aceptas todo , y la muerte hace el resto

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  8. De la entrevista a GEORGE STEINER en “Le Monde” de hoy, una respuesta también tocada por la muerte.


    “On avait fondé d'immenses espoirs sur la biogénétique - dont Cambridge est l'un des foyers - en espérant qu'elle aide à clarifier les grands débats politiques, sociaux. Or où en sommes-nous ? En fait, elle les rend plus obscurs. La science peut aussi servir le despotisme et l'inhumain, cela nous le savons. Elle ne résout pas les grandes interrogations liées à la mort. Il est également possible, comme le pensait Paul Ricoeur, que la mémoire des grands massacres collectifs du XXe siècle nous empêche plus encore de penser notre propre fin d'individus. Sur cela, on doit sans cesse méditer la phrase de Staline : une mort individuelle, c'est une tragédie ; un million de morts, c'est une statistique. Toutefois je ne crois pas que nous ayons perdu la possibilité de penser notre mort. C'est seulement devenu plus difficile.

    Maintenant que je suis tout près de ma fin, je m'agrippe à une boutade que je trouve d'une profondeur époustouflante. Elle vient des cercles yiddish de Brooklyn : « Est-ce qu'il y a un dieu ? - Bien sûr, mais pas encore » . Ce « pas encore... » m'apporte une certaine force intérieure.”


    'Dios existe, seguro, pero todavía no'. Tiene su gracia.

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    1. Gracia judía. Siempre esperando al Mesías, pero en tanto, sabiéndose agarrar muy bien a lo que dé fuerza interior, y exterior. Envidiables, luego envidiados, los judíos. A buscarse esa vena también, españolito…

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  9. Más que carnaval parece entierro de la sardina. Y la comitiva ondula formando una S al revés, que es como se debe escribir la S de una sardina muerta.
    Tiene un vago aire a M. C. Escher avant la lettre. Ese vértigo. ¿Habrá visto él este aguafuerte? Estuvo en la Alhambra, quizá pasó por Madrid...

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