6 de mayo de 2013

Y ya puestos: Cunqueiro

HABLÁBAMOS aquí la semana pasada de Pla. Ya puestos, vamos con Cunqueiro. Decíamos que es uno de los grandes, como Azorín, como Pla, como el que ustedes quieran. Acaba de publicarse de él un nuevo libro. Admirables escritores que siguen ganando batallas para la literatura después de muertos. Es un libro de artículos, “Los días” en La Noche. Los artículos, más de doscientos, son breves, de apariencia modesta y escritos para un periódico provinciano de corta vida. Acaso no les sea fácil conseguirlo. Lo ha publicado una editorial compostelana, Follas Novas, y tal vez tengan que pedirlo allí, pero valdrá la pena.

Pensemos en Santiago de Compostela, pensemos en los años en los que se publicaron esos artículos, pensemos en Cunqueiro. Santiago, entre 1959 y 1962, años en los que esos artículos aparecen en La Noche, es un burgo de cincuenta mil almas, tranquilo y medieval, al que su famosa universidad no ha estorbado el latido agropecuario que impregnaba toda la vida gallega de entonces, tan católica como pagana, tan de curas y canónigos como de meigas y curanderos. ¿Y qué nos dice el año de 1959? Fue en el que se aprobó aquel Plan de Estabilización que acabó con la España cervantina, arrojándola al desarrollismo indiscriminado que se llevó por delante no sólo campos, costas y ciudades, sino la idea misma de pueblo y sus mejores obras, lo que Gaya llamaba “el milagro español”. En cuanto a Cunqueiro, es un hombre que se gana el pan escribiendo artículos en periódicos. Mientras escribía estos, los hacía también para El Faro de Vigo y para otras muchas publicaciones. Los escribía a cientos, tres, cuatro, cinco por semana. Se quejará a menudo de ello, pero como ocurre con Pla, con Azorín, lo mejor de su talento está también en esa obra menuda, circunstancial, de ocasión, como decía Goethe que era la buena poesía. ¿Y de qué escribía Cunqueiro, cómo se las apañaba para no repetirse? Sólo hay una explicación: su erudición únicamente era superada por su memoria y a su memoria únicamente la supera su formidable imaginación. Es, créanme, un prodigio, y él un mago en mover los hilos de esas tres potencias. Pero hemos de pensar igualmente en los lectores de aquel efímero periódico (¿cuántos ejemplares tiraba, tres, cuatro mil?), el puñado de gentes curiosas y liberales (clérigos, médicos, estudiantes despiertos, ilustres representantes del comercio local) que se llevarían a los ojos aquellos artículos sobre Lampedusa, los vinos borgoñones, Yeats, los pliegos del cordel, los sátiros, Japón, Mondoñedo o el rey Lear... “Como ustedes saben, los kuanga son una de las tribus más importantes de la orilla izquierda del río Níger” empieza diciendo en uno de ellos. Cunqueiro trata a sus lectores como se trata a sí mismo, ni más ni menos, con la mayor seriedad (ese es su humor zumbón), dando por hecho que todos son tan cultos y risueños como él, decidido a disfrutar de la vida como un noble patricio, aunque para ello haya que bregar con tres, cuatro, cinco artículos cada semana. En un país, España, que conocía entonces una de sus etapas más tristes , Cunqueiro ha decidido encandilarnos con sus relatos, y por eso trae a nuestras noches como Sherezade la luz, la levedad y la gracia o, si lo prefieren, la eterna novedad del mundo. 
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 5 de mayo de 2013]

2 comentarios:

  1. Cunqueiro y Pla eran dos localistas universales, paradigmas del individuo como potenciador de los sentidos y escritores de sensaciones solo perceptibles a través de la imaginación, la inteligencia literaria y el humor,. Amantes de la buena mesa, yantar sin ayuno, sus historias perduran porque viven cuando alguien las lee.

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  2. Lo conocía de oídas y sé de él lo que dice el post , un par de artículos y un par de poemas y alguna reseña que acabo de leer . Saber mucho y tener ironía , algo infrecuente y menos en un país donde habitaba un elitismo intelectual tan insulso como degenerado . La necesidad de informar sobre el ENVES ( la cara oculta de la realidad ) puede silenciase la obra de AC. El sanbenito de faccioso que le endosaron suena a una gran mentira , propia de aquella pintoresca cultura . La verdad es que tenemos grandes escritores surrealistas que afortunadamente salen a la palestra , La literatura es justa y cada vez más exigente y generosa .
    Saludos

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