23 de julio de 2014

De libros viejos (1)


NADA garantiza tanto la existencia de un libro como su desaparición (La Ventura, Trieste, La Veleta). Hará que los happy few lo busquen dentro de cien años como al unicornio. 
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LA inexistencia del unicornio no estorba su búsqueda. Tampoco le ha impedido pervivir hasta nosotros, al contrario de lo sucedido a tantas otras especies que, aun siendo reales, se extinguieron sin dejar el menor rastro en la biología o en la memoria.
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HACE ya muchos años que descubrió uno la causa del silencio inmerecido que rodea a menudo la labor editorial del siempre genuino y admirable Aberlardo Linares: aunque tengan el aspecto de nuevos, a él lo que le gusta editar son libros viejos. Así se lo dije a él precisamente el día en que se hizo la foto que acompaña esta entrada, noviembre de 2009. Había ido buscando algunos libros para la reedición de Las armas y las letras, que se preparaba entonces, y me mostró los que por entonces estaba él queriendo reeditar. Todos eran de viejo, pero hablaba de ellos con el entusiasmo que sólo ponemos en lo nuevo.
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EL sedicente bibliófilo no lee ninguno de los libros que compra. Se limita a manosearlos durante unos minutos y cuando ya no puede más, mete en ellos la nariz y sorbe su olor pausada, profundamente, cerrando los ojos, como haría un pervertido con la ropa interior de una mujer a la que nunca podrá gozar.


Librería Renacimiento. Valencina de la Concepción, Sevilla; noviembre de 2009


8 comentarios:

  1. Oler los libros metiendo la nariz hasta su hojal siempre tiene algo de perversión, es cierto.

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  2. ¿Sedicente bibliófilo don Abelardo Linares? Es al revés. AL ama el libro por el libro mismo, o sea, por encima del sedicente escritor que pueda haberlo "perpetrado" (apostaría a que esta palabra no fue Borges el primero que la empleó en tal sentido).

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    1. ¿Pero, hombre, de dónde se saca usted que el sedicente bibliófilo se AL.? No enrede.

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    2. No era mi intención enredar. Me comí los no genéricos tres últimos asteriscos y leí fatal. Perdonen AL, AT y X***. Salud a todos.

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  3. La de bibliófilo es una pasión (si lo fuese) fría, me parece a mi. Manosear los libros sin leerlos, meter en ellos la nariz y sorber su olor del modo que nos cuenta AT podría ser cosa de bibliófagos.

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  4. El otro día viendo Canal Historia , una cuña publicitaria dice bien alto : abre tu puerta a los extraterrestres ,¡ alienizaté !, la primera vez que oía esta palabra , ipso facto pensé : ¿ Más ? . El cerebro es nuestro órgano más cultural , ¿ Que no veremos que quisiéramos ver ? , ahí está el Yeti.

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  5. El erotismo es en esencia la imaginación esperando que lo cerrado se nos llegue a abrir.

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  6. Lo de la nariz entre las hojas de un libro me ha permitido conocer otro verbo,

    “ojalar. 1. tr. Hacer y formar ojales. Real Academia Española © Todos los derechos reservados”

    Lo suyo también tienen las palabras. ¿Un ojalar de “ojalá” (del ár. hisp. “law šá lláh”, si Dios quiere) y no de “ojal”? Y así conjugar, ¿podrán árabes y judíos “ojalarse” algún día en Palestina?

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