20 de julio de 2014

Postalero

MUNDINOVIS, estereoscopios, visores... Los vemos, y nos quedamos ensoñando la posibilidad de una huida. ¿Adónde? Al pasado. No hay otra posible. Cuando a Arcadia se la llama utopía, es inalcanzable. Si le damos su verdadero nombre nos espera muy cerca, pero a nuestras espaldas.
Viajar en el tiempo de los estereoscopios y visores era asunto de ricos, de viajantes de comercio y de vagabundos. 
Acaso por ello no había casa burguesa donde no hubiese uno de esos artilugios que traían a sus plácidas veladas países exóticos, costumbres de las razas diversas, las maravillas de los confines remotos...
Cuando apareció la carta postal estos viajes inmóviles se democratizaron aún más, y la fotografía se extendió de los burgueses a los empleados modestos y proletarios ilustrados, de las manos de los adultos a las de los niños. Su éxito fue tal en la última década del siglo XIX y la primera del XX, que desde entonces no hizo sino crecer, y empezaron a circular en todas las direcciones el globo terrestre un sinfín de postales, como el hilo de lana de una madeja. De todos los papeles que haya inventado el hombre la postal ha sido acaso el más perdurable: ¿quién podría destruir las buenas noticias que suelen traer o las imágenes hermosas y singulares que aparecen allí? 
Para conservarlas se idearon postaleros como este, que ha llegado a nosotros cien años después sin haber sido usado jamás. 
Cuando vayamos poniendo en él las viejas postales que ahora guardamos en cajas de zapatos, reunidas a lo largo de los años en los lugares más extraños y alejados de sí, estaremos  dibujando no sólo un camino hacia Arcadia, sino el mapa ideal de un país extinguido en su mayor parte, el de los sueños, tal y como sucede cuando haciendo correr la señal por el dial de un viejo aparato de radio leemos el nombre de países que han desaparecido hace noventa años y ciudades que han cambiado de país cuatro o cinco veces.

Postalero modernista francés de principios del siglo XX. Tapas y páginas interiores. 28 x 44 cms.

4 comentarios:

  1. Cuando murió mi abuela paterna y con la llave que ella celosamente había guardado durante años me propuso mi madre explorar el contenido del baúl , no menos custodiado en su dormitorio, descubrimos con una mezcla de curiosidad y sentimiento profanador que los recuerdos misteriosos que tanto nos intrigaban eran solo infinidad de postales cuidadosamente apiladas y cartas atadas con lazos granates o azules, todas ellas procedentes de Méjico y Cuba, a donde algunos familiares próximos habían emigrado para hacer las américas. Tener por fin aquellas reliquias ante los ojos emocionados era observar imágenes, paisajes y retratos de aborígenes, retratados con la misma ingenuidad con que al dorso el remitente había expresado de forma telegráfica quimeras, proyectos aventureros y algunas añoranzas. Mi padre nos detuvo el cotilleo pidiendo un poco de respeto a la intimidad y sin protestar no tardamos en echarle la llave al baúl, hasta que el transcurso del tiempo nos volvió a tentar y a él, ya distante la abuela en la memoria, el asalto le pareció más un homenaje que una intromisión. Hará de esto unos cincuenta años y por razones desconocidas le hemos perdido el paradero al baúl. A lo mejor mi padre lo decidió ocultar definitivamente antes de fallecer, pensamos. Y a lo mejor eso fue lo más adecuado, pienso solo yo.

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  2. Se imprimían tarjetas postales con motivos alegres para felicitar las navidades y el año nuevo. Entre los objetos personales de mi abuela encontramos una preciosa postal de navidad de 1935 en la que podía leerse, con grandes caracteres plateados, "Feliz año 1936". Qué ironía, en verdad no sabían cuánta felicidad iba a depararles el año nuevo.

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  3. Tengo una colección , quizás la mayor del mundo , de unas 15000 fotos taurinas recortadas a tijera, tanto de prensa como de revistas taurinas , fue hecha por un entusiasta durante la década de los 80 , el que lo hizo compraba revistas y prensa a razón de dos ejemplares por número ya que al recortar las fotos de una pagina seccionaba fotos de la otra cara de la misma . Esa colección está a salvo gracias a que se conserva en más de 50 álbumes , hay colecciones tan raras que se convierten en únicas , resultan sorprendentes y gustan , son una gran obra de arte en si mismas .

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  4. He coleccionado tarjetas postales desde niña, como otros han coleccionado sellos. A veces las leo y veo las escritas por mis padres y amigos que ya no están y no puedo evitar la tristeza...
    Saludos,

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