21 de julio de 2014

La vida de las abejas

IBA a tratar este artículo de una asombrosa costumbre, cada año más extendida: la de algun*s estudiantes de quemar en las hogueras de San Juan sus apuntes y libros de texto. Hemos visto a varios  de ellos jactarse de la gesta en televisión: es la prueba más triste del fracaso de todo nuestro sistema educativo. No sé, mejor que arrojar los apuntes y libros a las llamas, sería preferible tal vez que sus dueños se tiraran a la piscina desde un balcón, como es uso también: al menos los libros podrían servir a otros otro año. Pero cuando iba uno a hablar de este asunto, he aquí que vuelve a los periódicos una noticia alarmante: sigue la misteriosa y paulatina desaparición de las abejas de la faz de la tierra,  prueba también de otro fracaso mayor y de consecuencias impredecibles.

Mira uno con el mayor interés y desde hace muchos años todo lo relativo a las abejas. Mi padre era colmenero. Lo fue por afición toda su vida, y uno de los tres o cuatro libros que había en nuestra casa, hasta que entró en ella la modesta biblioteca de un tío cura, junto con aquel bendito cura, claro, fue precisamente un tratado somero de apicultura. El interés de uno por las abejas sólo puede ser desgraciadamente teórico, porque aprendí de niño y de forma dramática que era alérgico a sus picaduras. Sin embargo no hay libro o documental o artículo sobre  las abejas que deje pasar de largo, y más desde que murió mi padre; no deja de ser una manera de seguir a su lado.

Lo que leemos estos días resulta en verdad preocupante porque nadie conoce el origen de la desaparición de la población apícola: ¿pesticidas, cambio climático, virus? Los resultados de las investigaciones son contradictorios y los expertos empiezan a creer que se trata de una combinación de varios factores. La alimentación mundial depende de la polinización de las abejas tanto como de los estudios que acierten con las causas del apicidio. Entre estas no ha visto uno referida, sin embargo, la que un día acaso se demuestre como determinante: el desánimo. No tendría nada de extraño que unas moscas tan inteligentes (“moscas”, las llaman los viejos colmeneros), hayan decidido dejarse morir, como algunas ballenas, viendo una sociedad tan estúpida en la que se permite a unos jóvenes quemar sus libros  y jactarse de ello en público, que es en el lenguaje de las abejas como si se diera el gobierno de su colmena a los zánganos.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 20 de julio de 2014]

13 comentarios:

  1. Andrés, ¿para cuando un nuevo tomo del Salon de Pasos Perdidos?
    No me creo que me vaya a ir de vacaciones sin un nuevo tomo...

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    1. Primero la novela, El final de Sancho Panza y otras suertes, en otoño...

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    2. Sancho en América, ¿me equivoco?

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  2. A estas alturas una nueva modalidad de auto de fe que en cierto modo retrata a esta sociedad vacía y frivolona que con gran esfuerzo hemos construido los del mayo florido. Después de estas hogueras, pirómanos vengadores quemarán nuestros montes, catalanes acercarán la chispa a la mecha y nos iremos adentrando en un otoño de diadas y pulsos desafiantes que se pronostica calentón. Siempre ardiendo los españoles y nunca nos sentimos quemaos del todo. Incombustibles.

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  3. “En cada flor libamos, cual abeja
    que vuelve a la colmena con su carga
    de cera y miel; y tal como la abeja,
    nos matan como premio a nuestro esfuerzo”.

    Shakespeare existencialista (“Enrique IV, segunda parte”, 1598).

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  4. "Tienen alma los libros": Calderoniana afirmación. Pero, los libros de texto... ¿son libros?

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  5. Una colmena actúa como un ser vivo compuesto por miles de seres vivos , si algo falla en su sincronizado comportamiento , adiós Triana . Me inclino a culpar a Monsanto ( usa ya drones para polinizar ) que con sus transgénicos ha alterado el ADN de las abejas . Lo de los jóvenes , cuanto más te alejas de la naturaleza más tonto eres , nuestro destino es ser tan tontos como lo éramos antes de ser listos ( es culpa de todos , no solo de los padres o educadores de los chicos ; son víctimas de la decadencia y de la indecencia social )

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  6. En Aquí la tierra ( la 1 a las 8.30 ) hablaron del tema de las abejas y entrevistaron a un colmenero que envasaba y vendía miel ecológica que no fue afectado . Lo mismo podría pasar con los miles de diferentes colibríes que han desarrollado diversas formas de picos , dependiendo de la forma de la planta de la que absorben el néctar , miles de años de evolución y adaptación no se pueden alterar sin que haya una catástrofe .
    Me alegra poder leer una nueva novela suya , suerte y que sea muy leída .

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  7. No tiene nada que ver con la entrada, pero ya me relamo con las aventuras de Sancho Panza, el bachi Sansón Carrasco y la sobrina de Alonso Quijano (alias don Quijote) en América. Esto sí que es un notición.

    En cuanto a lo de las abejas, pues pasará como con el derretimiento del polo Norte. Sólo se tomarán medidas cuando nos veamos con el agua al cuello (literalmente). Lo malo es que para entonces puede ser demasiado tarde. No es que parezcamos tontos, es que lo somos.

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  9. Una galaxia era cada abeja para los mayas.

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    1. Para los físicos de partículas lo sigue siendo.

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  10. L*s estudiantes (universitarios) que conozco no queman los libros de texto. Tampoco los empeñan. Simplemente, por lo general no los usan. Tal vez sí en alguna que otra ocasión los digitalizados, aunque naturalmente (también por lo general) pirateados. El viaje hacia la nada de la educación superior (es un decir) en España esta próximo a la meta y el llamado plan Bolonia es un magnífico tobogán para llegar lanzados: la banalidad como objeto de conocimiento y el infantilismo como método de enseñanza. No es de extrañar el desánimo de las abejas.

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