6 de diciembre de 2011

Para todos, para siempre. Tipografía francesa (1)


"JAMÁS he sido bibliófilo, ni me interesa lo más mínimo la producción de lujo. Siempre he estado en contra de los grandes libros muertos. Con el Club Français du Livre se quiso incorporar en el libro corriente, objeto estático, métodos dinámicos del cine..." escribió Robert Massin, tipógrafo discípulo y rival de Pierre Faucheux, fundador de ese mítico Club, y con él y junto a Jacques Daniel y Jacques Darche, uno de los grandes renovadores de la tipografía francesa moderna. 
Y si el cine fue uno de los fundamentos de esa renovación, no lo fueron menos el surrealismo y dadá, tanto o más importantes a la hora de fijar el gusto de "lo pequeño" (tipografía, estampado de telas, decoración, escaparatismo, muebles) que por sus logros en "lo grande", literatura o arte. Otro de los muchos aciertos de los libros del CFL, que se concibieron en una "chambre de bonne" en 1946, fue poner al alcance de todos libros escogidos, clásicos y modernos, refinados y manufacturados con esmero: encuadernaciones en tela con estampaciones y troqueles audaces, buen papel, blancos generosos, ilustraciones escogidas, tipografías apropiadas... Más de medio siglo después el encuentro frecuente en las librerías de viejo con algunos de los cientos de títulos que aparecieron en aquella colección es motivo de alegría y ocasión para comprender la razón por la cual Francia fue cuna de la Ilustración, patria de la Enciclopedia, paraíso de los Oficios y de la obra bien hecha. 
No son en absoluto raros (las tiradas fueron generosas, entre dos mil y ocho mil ejemplares) ni son en absoluto caros (entre tres euros los más baratos y veinte-treinta los más caros), y hacen que nos sintamos orgullosos, cincuenta años después de haber visto la luz, de pertenecer a un club en el que puede entrar cualquiera que ame unos libros pensados para todos y para siempre. Y aunque cada vez que nos tropezáramos con ellos se nos venía a las mientes aquel español "la letra con sangre entra" (y lo malo no fue tanto que entrara con sangre, sino que la letra fuese además tan fea), el refinamiento y lo acordado de su tipografía y su diseño consiguieron casi que nos olvidáramos de qué país-tipografía veníamos y adónde teníamos que regresar.

Cubierta y portada de Le roman de Renart. Tipógrafo: Jacques Daniel, 1953

En CFL pueden verse completas estas y otras cubiertas.

3 comentarios:

  1. Esperemos que con la crisis llegue un renacimiento en el que volvamos a comprender que no hay detalle pequeño. El trabajo de Massin es intemporal como todo lo verdadero. Tuve la suerte de hacer un taller de tipografía con Jerôme Faucheux el hijo de Pierre Faucheux, un excelente profesor y creador. Gracias por su entrada, después de ver a Merkel y Sarkozy, dibuja líneas para encarrilar la semana. Me ha alegrado usted el día.

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  2. Anna m'encanta aquest blog!!!! el fas tu també? és genial i hi ha un munt de coses interesantíssimes per llegir i apendre el que no coneixia!!. Petons

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  3. En los últimos años, Campgràfic, la editorial sobre libros, nos deleita con algunas obras basadas en el detalle y el primor de los libros hechos como si de hogazas de pan se tratase, con las letras en su sitio y el pensamiento también. Por suerte en Francia, en Valencia y seguramente en otros rincones, pueblos o ciudades, el olor a tinta o la pantalla de InDesign continúan deleitándonos con sus ediciones exentas de lujo kirtsch.

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