5 de diciembre de 2011

Parecer normales

DECÍA Savater que en esta  vida tenemos que hacer muchas cosas que no nos gustan, sólo para parecer normales: ir a un almuerzo, participar en una jarana familiar,  leer tal o cual libro con el que todos nos dan la tabarra, y todo ello para que no le acaben a uno encasillando en la facción del no. Por tanto, para parecer normales, hay que decir sí de vez en cuando con el fin de que se olviden un poco de nosotros, pues así como los del no solemos ser tajantes y a menudo ríspidos, los del sí suelen ser solícitos, perseverantes, entusiastas.

Esa y no otra fue la razón por la que uno dijo sí, después de años diciendo que no, a cierto festival literario. La palabra literario a uno, contra lo que puede parecer, no le suena del todo bien, incluso le suena mal, pero aún le suena peor la palabra festival. Juntas son peligrosísimas. El evento, otra gran palabra, se celebraba en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, a dos pasos de nuestra casa, ¿y quién piensa que puede suceder nada malo a dos pasos de su casa?

Le esperaba a uno una sala abarrotada de gente. Muchos, a falta de sillas, se quedaban de pie o se sentaban en el suelo. Se hizo al fin un silencio aceptable, y tras la presentación correspondiente, “Fulano no necesita presentación”, empezó uno su conferencia: sesenta minutos dan para mucho. Apenas llevaba dos, cuando tres o cuatro personas de las sentadas en las primeras filas se pusieron de pie decididas a irse y algunas otras que estaban de pie se lanzaron sobre los asientos que quedaban libres decididas a sentarse y a que no se les adelantara nadie. Interrumpí el hilo de mi soliloquio y abrí en él, como Hamlet en el suyo, una consideración melancólica: Siempre querrá uno conocer las razones por las cuales alguien que ha esperado media hora para oír algo, se levanta y se va a los dos minutos precisamente cuando se lo están diciendo. Entre el público se extendió un rumor, como cuando el maestro ha preguntado a la clase algo muy fácil. Los cuatro que se iban se cruzaron en la puerta con otros cuatro que entraban. El presentador, un joven muy amable, cortó mi monólogo. Lo hacíamos tan bien que parecía ensayado. Le informó a uno que la mecánica de los festivales era precisamente esa: entrar y salir. El público lo corroboró con cabezadas ostensibles. Al parecer el único que no estaba al corriente del libreto del vodevil era yo.  Quise saber más. La cosa iba así: en aquel mismo momento estaban teniendo lugar en el Círculo otras diez o doce conferencias, lecturas de poemas, coloquios, sesión de tragasables, dibujantes de comics en directo... y el público iba probando de sala en sala, como Blancanieves las camas de los enanitos. Pero entonces esto es monstruoso, dije de nuevo en mi papel de Hamlet, no se enterarán de nada en ninguno de los sitios. Muchos, viéndome al pie del guindo, son­reían comprensivos, benevolentes, mientras el presentador vaticinaba que así iba a suceder durante toda la conferencia. Y sucedió, vaya que sucedió: el metro en hora punta es más tranquilo. Y uno, que dice sí a veces para parecer normal, se sintió un pobre trástulo por no haber sabido decir a tiempo no, contribuyendo de ese modo a que este mundo nuestro, “o tempora, o mores!”, sea el más anormal y descacharrado de los mundos posibles.
   [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 4 de diciembre de 2011]

15 comentarios:

  1. Los eventos ya no acontecen en la rúa,son pisoteados en el tuenti,muchas veces con h o con b.
    El artículo,una maravilla.Gracias.

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  2. Tuve la suerte de presenciar la conferencia y parecía una escena extraída de las mejores películas de W. Allen. La confusión del presentador al realizar una mala sinonimia (entre "almanaque digital" y "calendario digital") parecía augurar lo que A. Trapiello comparó con una partida de ajedrez simultáneo. A pesar del molesto vaivén de la muchedumbre, debo reconocer que esos "jugadores", que entraban y salían de la sala como si se tratase de una exposición de motocicletas, inspiraron el genuino humor de nuestro escritor. Disfruté muchísimo con el papel de Hamlet que adoptó por vicisitud de la circunstancia.

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  3. Manuel Cañedo Gago5 de diciembre de 2011, 1:17

    La organización del festival Eñe fue un desastre. No se pueden convocar tres actos literarios de forma simultánea. Mientras que usted daba una conferencia en la quinta planta, en la segunda, Antonio Gamoneda recitaba unos versos, y en la quinta se desarrollaba un encuentro con editores. Hay gente que con una absoluta falta de respeto se toma los actos culturales como si de un espectáculo se tratase, saliendo y entrando constantemente de la salas y sin parar de hacer fotos con los móviles. Con todo y con eso, uno opina que los asistentes a su conferencia salimos satisfechos, pues el interés intrínseco del tema de disertación, y sus comentarios irónicos cada vez que se producía una interrupción, consiguieron que el auditorio no perdiera la concentración.

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  4. excelente articulo ,!felicitaciones!

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  5. Me uno a las felicitaciones. Excelente.
    Un agradecido por otro sí no muy lejano en el tiempo.

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  6. Y bueno, es un mundo perro. Pero también podría hacerse cómplice de los que estaban antes de que empezara y se fueron después de que acabara (que seguro que alguno habría: si yo no viviera a seiscientos y pico kilómetros así lo habría hecho). Entre la morralla que hace tanto ruido, siempre hay alguien callado que no se ve y que merece la pena, créame. No desespere. Ánimo.

    Un abrazo.

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  7. entonces, esos que iban y venían eran como Kasparov y sus simultáneas, gambito de la cultura y la prosperidad de los eventos highcult, y si ya la gente vemos tres programas a la vez, con la pantalla a su vez partida en dos, o leemos cinco "libros" al tiempo, si la gente berrea y no respeta el silencio que necesita Nadal para colocar su ace, pues eso, que esto es Bollywood... sea todo por el sentido del humor que se nos pide hoy en todo.

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  8. Esta costumbre, picotear, de la que habla, llegó hace mucho tiempo a los festivales de música, bueno, de algunos estilos de música. Con el paso del tiempo se considera normal quien se comporta así, y anormal quien no lo hace.

    Un saludo

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  9. Los mejor de todo, en mi opinión, la claridad y el preciso uso de las palabras "ríspido" y "trástulo". Es en trances como estos, al pie de las palabras, donde se ve el cuajo de un escritor.

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  10. Me alivia leerle, normalmente digo que no a muchas cosas pero por otras cuestiones que al fin y al cabo si digo que sí, se siente una "escacharrada" de los mundos posibles.
    Una entrada exquisita y sensible.

    Saludos.

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  11. La próxima vez, aunque supongo que no habrá próxima vez, pónganse de acuerdo los conferenciantes y cambien de sala cada cinco o diez minutos continuando con el tema que les es propio.
    El artículo, excelente, don Andrés.

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  12. Creo que nos estamos acostumbrando a hacer "zapping" continuamente y no somos capaces de mantener la atención en una sola cosa durante más de diez minutos. En el caso aludido, como no tenían mando a distancia, cubrían la distancia a pie. Uno quiere estar en todas partes a la vez, algo que hemos aprendido con la tecnología. Para peor. Ante esto, es normal ponerse en plan Hamlet. Saludos.

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  13. Todo lo que cuentas suena lo suficientemente espantoso como para decir "no" la próxima vez...La palabra "feria" unida a la palabra "arte" también tiene unas connotaciones como para salir corriendo (...) Muchos saludos, Andrés.

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  14. Sr. Trapiello: Muy inspirado y bien escrito (como siempre). Es una evidencia del derrumbe de lo que antes entendíamos por cultura (ahora ya no sabría decir qué es). Al "democratizarla" se ha deslavado y los creadores -de cualquier campo- no son tenidos como personas con méritos. Me lo imaginé como un ser monstruoso, enjaulado, al que la gente, como en el zoo, le echaba un vistazo para ver sus rarezas y piruetas. No vuelva a apuntarse a esas cosas; no diga que sí a esas ofertas. No se saca nada con exponerse. (El año pasado, conseguí la Montblanch del Magazine, comentando una de sus joyitas (26.12.2010). Le agradezco su vocación por la literatura.

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  15. Los que se levantaban de la silla tal vez lo hacían para parecer normales.
    ¿Habrá alguien normal en los festivales literarios?
    ¿Habrá alguien "normal"?

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