19 de diciembre de 2011

Vivir a medio gas

Entre las muchas cosas malas que vienen emparejadas con la crisis (y no hay que explicar a qué crisis nos referimos, porque todo el mundo está al cabo de la calle, como cuando en la edad media se hablaba de la peste), algunas no podrían ser mejores: en lo que a los vecinos de nuestra calle concierne, este año el ayuntamiento no colgará luces navideñas a modo de gallardetes. Quiere decir ello que cuando salgamos o volvamos a casa por la noche no veremos iluminados esos horripilantes zarpazos luminosos, acebos, campanas sobre campanas, corcheas y zambombas de colores ácidos que convierten el ya de por sí fosco cielo de Madrid en el mural estridente de una guardería.

Creo que de las cosas que más nos impresionaron en un viaje reciente a Berlín fue precisamente esta, la de ver las calles en la penumbra, con faroles que en algún caso seguían siendo de gas. A medio gas, adelando admirable, a principios del siglo XXI. No  hay ninguna razón científica para ello, pero la penumbra, además, es más silenciosa que la luz, invitándonos a todos no sólo a atenuar la voz, sino a  amortecer los pasos y caminar más despacio, como sucede en la mayoría de los sueños. Calles, avenidas, barrios enteros a oscuras con luces agonizantes aquí y allá llenándolo todo de sombras de lo más expresionistas. De no habérsenos informado repetidamente de que Berlín era una ciudad segura, en la que se podía pasear a cualquier hora sin temor a ser atracados y acuchillados, no nos hubiéramos atrevido a salir del hotel a partir de las seis de la tarde. Pero lo cierto es que habituados a nuestras sombras sobre las hojas muertas de los tilos, los paseos por el Berlín nocturno acabaron siendo una de las experiencias más memorables. Y cuánto silencio por todas partes. Ni un ruido humano ni mecánico. Las hojas de los árboles caían sobre los coches aparcados con el sigilo de la nieve. A veces veíamos a lo lejos venir a nuestro encuentro un transeúnte, o dos. Allí, en la penumbra, en medio del silencio, sus pisadas y las nuestras parecían crear una atmósfera de simpatía y reconocimiento: el que sólo conocen los solitarios en esa lengua universal suya, la lengua de los ecos. 

Este año muchas calles españolas no tendrán luces navideñas. Podrían aprovechar las autoridades municipales para apagar o purgar muchas otras definitivamente, invitando con la penumbra resultante a que la gente se recogiera temprano en sus casas, llevando a ellas algo de esa poesía de las hojas muertas, de las sombras fugitivas, de los sueños errantes (pretender que además al llegar a casa se comportaran como alemanes escuchando a Schubert, o incluso españoles leyendo un rato a Cervantes, sería, supongo, “pedir cotufas en el golfo”). El sentimiento de que las navidades son unas fiestas deprimentes procede no sólo de que son interminables, sino de todo ese amontonamiento abrumador de luces (y quede para otro año hablar de esos villancicos de los centros comerciales que nos trepanan el tímpano a todas horas son su berbiquí enloquecido). Este año, gracias a la crisis, sin embargo, habrá momentos en que parezca que las fiestas ya han acabado, que al fin hemos aprendido de ir a toda mecha a vivir a medio gas.
   
 [Artículo aparecido en el Magazine de La Vanguardia el 18 de diciembre de 2011] 

11 comentarios:

  1. Esta de la penumbra es una de las pocas cosas que de verdad me gustan todavía de Berlín, catorce años después de mi llegada. Pero qué angustia la que se siente al ver a ese peatón que cruza la calle sólo cuando los faros del coche lo iluminan, ni una décima de segundo antes. Y qué suerte, se piensa también, que el vivir aquí le haga a uno respetar algo más las normas: la velocidad es la adecuada, se frena sin problemas y el peatón y el conductor siguen sus caminos. No llevo la cuenta, pero no creo exagerar si digo que me llevo un susto al mes.
    Y sí, segura es la ciudad: lo más peligroso que me he encontrado en todos estos años al cruzar la plaza de al lado de casa, no en penumbra, sino en la más profunda oscuridad, es un zorro.

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  2. He vivido en Berlín esa misma sensación que aquí se cuenta con tanto sentimiento.
    Y recuerdo que ese recogimiento colectivo,esa ciudad sin estridencias ni jarana me llevó a canturrear "... a media luz los dos crepúsculo interior, que suave terciopelo la media luz de amor..."

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  3. A medio gas, a media luz, a media voz...Releyendo estos días a Pierre Sansot y leyendo ahora tu artículo pienso que posiblemente estemos en el camino hacia algo un poco mejor. Menos, en el caso de la Navidad, es siempre muchísimo más. Saludos afectuosos.

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  4. Como en uno de sus artículos U. Eco decía de la sociedad actual todo es carnaval, desde el uso del teléfono, al por ejemplo este de la iluminación pública, y la privada, que ambas se solapan; este permanente carnaval de luces de la ciudad debería mesurarse, adoptar un código zen que salvaguarde el aceptable nivel de seguridad (no sólo ante la rapiña, sino las caídas y tropiezos) y a la vez el de la "sostenibilidad" de una cuaresma obligada. A ver si se nota la mano de la merkel en esto.

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  5. Y ya que estamos con esas luces que nos abruman aprovecho para desear a los lectores del blog y a A.Trapiello una feliz navidad...con minúsculas.

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  6. Si algún día llegáis a la isla (Menorca) en invierno, sabréis de su oscuridad y su silencio aquí en medio del mar. Preguntad por Binisafúa. Allí los vecinos se negaron a que el Ayuntamiento les colocara farolas, porque querían ver las estrellas y las blancas olas de un temporal de sur iluminadas por la luna. Quizás es una idea a propagar por barrios y pueblos.
    Bueno, y para desearos que se abra con amabilidad la puerta del 2012, una frase que viene a cuento:
    Luz sobre luz deslumbra, es necesario el silencio para escucharla.

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  7. Cuando caminas a oscuras te vuelves cauteloso, vas a la defensiva . En mi pueblo han quitado la antigua iluminación navideña y han puesto una que en la que ves los "motivos" pero no iluminan como farolas. Cierto es que con la crisis hay calles comerciales de la ciudad que suprimieron la iluminación navideña, ya que el Ayto. pagaba la electricidad pero no la ornamentación y corren malos tiempos para los comercios. Saludos, Manuel

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  8. Feliz navidad a todos. Un abrazo a los pobladores de Binisafua.Bon nadal. No sabía que los Beni(...)valencianos fueran Bini(...)en las islas. Benimantell, Benissa, Beniardà, Benifato, Beniarrés, Benimeli, Benidorm, Benimarfull, Beniareig, Benigembla...y muchos más.
    En otro orden de cosas: Apenas sensitivo...apenas unas páginas.

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  9. Pues la Alameda de mi pueblo está preciosa sin esas luces que deslumbran. Muchos paseos he dado por ella, silenciosa y hermosa. Esas hojas muertas de otoño que visten el paseo de un marrón intenso mientras los árboles quedan desnudos, es realmente bello.

    Sé que en esta ocasión es cuestión de crisis y
    lo siento por aquellos que les gusta la Navidad.

    Haya crisis o no, nunca me gustó.

    Saludos.

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  10. Según leía su entrada y los comentarios, me acordaba de lo siguiente:

    "La Navidad recuerda un hecho fundamental: en la oscuridad de la noche de Belén se hizo una gran luz".
    "Descubramos los auténticos valores de la Navidad, dejando de lado todo lo que ensombrece su genuino significado".

    B XVI


    "La contemplación del Niño Dios en el pesebre nos hace pensar en los niños pobres, en los que, concebidos, son rechazados o, apenas nacidos, no tienen medios para sobrevivir"

    ¡Feliz Navidad! ( Y con mayúsculas )

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  11. y entregar los Premios, no en un hotelazo bajo los focos, sino en la penumbra de una posada dudosa, cuanto mejor, sí.

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