30 de diciembre de 2013

El champán, el cava y la gaseosa


CADA uno de los artículos que lees, al menos los que uno escribe, tiene su pequeña historia. La de este es la de su fracaso. Lo único que ha quedado del antiguo es el título, “El champán, el cava y la gaseosa”. Siendo el último del año pensó uno al principio en un arqueo, una especie de recuento, pero estando en estas fechas, me dije, estaría bien que fuese algo que pudiese leer todo el mundo con una sonrisa; más que un recuento, que podría salir amargo, un cuento de Navidad. 

Para el recuento contaba con dos frases archicitadas en estos tiempos, una  de Eugenio d’Ors (“Los experimentos, con gaseosa”) y otra de El Gatopardo (“Algo tiene que cambiar, si queremos que todo permanezca igual”). ¿Quién dejaría pasar de largo, precisamente ahora, dos primores así? Ni que decir tiene que al rato el artículo se me había elevado a tales cumbres, que tuve que echar mano del  Coloquio de los perros y aun del Quijote:  "Llaneza, muchacho", que “todo esto es predicar”, y lo dejé. No me pesó, porque yo sé que empieza uno predicando y acaba poniéndose estupendo y diciendo frases como esta, de un ilustre colega, que parece estar pidiendo a gritos la glosa: “La vergüenza que el actual Gobierno nos causa es mucho mayor que la vergüenza que nos provocaba el franquismo”. Nada de sátiras, pues, me dije, estamos en Navidad, y tampoco le costó a uno seguir su camino siguiendo el de Cipión, que le explicaba a Berganza que era difícil cosa el no escribir sátiras, por lo que le aconseja que en ellas, al menos, “señales y no hieras ni des mate a ninguno en cosa señalada: que no es buena la murmuración, aunque haga reír a muchos, si mata a uno; y si puedes agradar sin ella, te tendré por muy discreto”. ¿Y quién  no querría ser discreto, al menos en Navidad? Gracias por el consejo, Cipión amigo; adiós, adiós, predicadores.

Pero esto trae el querer ser discreto, que se encuentra uno libre, ocioso y ligero, pero desprovisto de artículo. Anduve un par de días caminando sin rumbo, también yo como un perro del arrabal, hasta que tropecé con esta frase en el blog de un amigo: “Ten cuidado con lo que haces. Los pequeños favores pueden ser devueltos; los grandes sólo pueden ser vengados”. Según Plutarco, se lo dijeron a César poco antes de los idus de marzo. Me acordé al punto de aquellas sociedades arcaicas, estudiadas por Marcel Mauss hace casi un siglo en su Ensayo sobre el don, don o regalo. En ellas no existía la deuda, todo se regalaba, y cuanto mayor era el rango y la dignidad de la persona, mayores y más frecuentes eran sus dádivas, quiero decir que quien más daba, más tenía y en mayor consideración se le tenía por ello, siendo así su rey quien más generoso podía ser con sus paisanos. ¿Nos atreveríamos hoy a llamarlos primitivos? ¿No vivían en un perpetuo cuento de navidad, sin cuentas ni recuentos? Entre nosotr*s: siendo el último del año, me habría gustado darte más de lo que hoy te doy, harapos de un artículo escrito a la intemperie. Es Navidad: que cada cual brinde con lo que tenga a mano, champán, cava o gaseosa. Personalmente creo que el champán, y aun el cava, están sobrevalorados. Pero lo importante hoy son las burbujas; en las burbujas todos podremos ponernos de acuerdo.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 29 de diciembre de 2013]

9 comentarios:

  1. Las burbujas son como las estrellas, no se pueden contar, y por lo tanto sirven para hacer vaticinios, son efímeras como los años que pasan sin remisión y con la calma del tiempo, son chispeantes como el ingenio y sobre todo son definitivas en su inmediatez como el presente.

    ResponderEliminar
  2. Es evidente que existe una máquina de escribir vaguedades con retórica mecánica que resulta vulgar. Si lleva las pilas flojas resulta peor. Los silencios son más expresivos aunque no sean remunerados.
    Feliz año nuevo.
    DF

    ResponderEliminar
  3. “… en las burbujas todos podremos ponernos de acuerdo”. De acuerdo no, pero bien puestos en ellas sí que estamos.

    HOMO BULLA, ‘Burbuja es el hombre’. De su pompa solo uno logró escapar sin estallar con ella en el intento, eso cuentan. Cada cual flotando en la suya unos años y plaf. La muerte parece ser algo responsable del escaso acuerdo humano en las cosas verdaderamente importantes de la vida. Pero sí, cuadros mejor que prédicas.

    http://www.pinterest.com/mnemoticum/homo-bulla-est-quis-evadet/

    ResponderEliminar
  4. Artículo espumoso. No hay nada como el buen vino al que nos acostumbra. Pero no siempre está uno con buen cuerpo. Un saludo del Criticón Lector.

    ResponderEliminar
  5. La calavera: pompa fosilizada sobre la mesa.

    "Follower of keinier de La Haye ( Dutch, 1640 -- 1695 ) : Homo bulla."

    ResponderEliminar
  6. Mucho mejor que el champán y el cava es la sidra, que conserva su originario regusto o postgusto o retrogusto nasal a manzana, que dirían los gurmets expertos en pirotecnia verbal, y el hecho de ser más barata no la hace peor, aparte de que "con fabes y con sidrina, non fai falta gasolina". Feliz 2014 a todos los coleguis.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. A un asturiano muy inteligente no le queda otra que suscribir plenamente su recomendación sobre la sidra, a la que uno el cabrales. Lo único que nos falta es que Trapiello y Nadal soliciten pasaporte asturiano.
      Mis bendiciones para el nuevo año.

      Eliminar
  7. Los dirigentes pasaron de leones a hienas como vino a decir Burt Lancaster en el gatopardo de Visconti . El don siempre ha ido sujeto al dinero , las personas que vinculan la política con sus negocios amparadas en predicar tiempos mejores basados en el supuesto don del optimismo ( ser corrupto siempre se consideró un don ) que nada tiene que ver con el don de la generosidad ( al contrario ) . El discurso del dinero no cambia al paso del tiempo , lo que si cambia es la capacidad de respuesta del oyente ; un oyente que puede ser espoleado por tanta soberbia oligárquica . Buen post.
    Feliz 14

    ResponderEliminar
  8. Ya que está en Extremadura, le aconsejo el vino espumoso de Almendralejo, la Torta de La Serena y Téculamecula de postre...

    ¡Feliz Año Nuevo!

    ResponderEliminar