19 de noviembre de 2012

El peligro amarillo llegó a Valencia


Louis-Ferdinand Céline, tras colaborar con el régimen de Vichy, pasó sus últimos años convencido de que los chinos invadirían París por Meudon, el arrabal donde él vivía. Han pasado cincuenta años desde entonces y hay chinos en todos los rincones de Europa, incluso en los más remotos, suficientes como para formar un ejército, pero no han llegado, como suponía Céline, bajo el redoble de los tambores y el estrépito de la caballería motorizada, sino con el paso quedo que gusta a los mercaderes. Llegan a las ciudades, apenas se mezclan con los nativos, se dedican día y noche a sus negocios y los que no la necesitan, ni siquiera se molestan en aprender la lengua del lugar. Son, podríamos decir, lo más parecido a algunos judíos del siglo XVI, y si estos vivían en sus viejos guetos silenciosos y orillados, aquellos lo hacen en sus chinatowns estridentes y ruidosos, pero en uno y otro caso, reacios a participar en la vida política, social o cultural de sus países de adopción.

Ejemplo de esta laboriosidad y discreción china era, hasta hace unas semanas, el señor Gao Ping. La organización criminal de contrabando y blanqueo de dinero del señor Ping ha quedado al descubierto tras las investigaciones de la policía española, como ha quedado también al descubierto en las páginas del NYTimes la trama de tráfico de influencias del primer ministro chino, el señor Wen Jiabao, que habría controlado activos por valor de dos mil millones de euros.

Todo lo que sea trama suena a novela, porque las novelas necesitan eso, tramas, para serlo. La novela del señor Jiabao la conoceremos o no, tal como van las cosas en China, pero de las tramas de señor Ping ya vamos conociendo algo más. Sabemos, por ejemplo, que aprovechaba el arte contemporáneo en sus operaciones de blanqueo, porque con poco o con nada se blanquea mucho. El arte vale lo que quiere alguien que valga, principalmente el necio que no ha aprendido aún a distinguir entre valor y precio. Y es en este punto en el que son necesarias algunas figuras, siquiera como comparsas. Una de las comparsas del señor Ping, hemos sabido, ha sido la directora del Ivam, el museo de arte moderno valenciano, la señora Consuelo Císcar, que ha dado, como era de temer, algunas explicaciones a la prensa, al tiempo que los periódicos difundían una foto suya en compañía del señor Ping en la que se la ve feroz, vestida de leopardo y con una melena leonada de color valenciano: “Cuando compro no sé si el galerista es traficante”, se excusó, sin recordar que eso mismo es lo que suelen decirles los peristas a la policía, y por esa razón la señora Císcar quiso explicarlo: “En una carnicería no sé, si en vez de matar animales, matan personas”. ¿Se refería a los famosos rollitos de primavera? En todo caso, los expertos han dicho que comprar  al doble de su valor un lote de 61 obras a un galerista ful y sin prestigio como Ping, es extraño. Como descubrir haciendo carrera artística en China a su hijo Rafael Blazquez Císcar, que firma sus obras como Rablaci (este nom de guerre no es propio ni de las novelas malas), también. Lo bastante al menos como para encargarle el caso a los guardias Chamorro y Bevilacqua.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 18 de noviembre de 2012]

17 comentarios:

  1. "El peligro amarillo llegó a Valencia", o también: "A tierra de mandarinas llegaron los mandarines". Señor Trapiello, le presto el título sin cobrarle copyright. Como dijo una vez Carlos Solchaga a los periodistas que lo abordaron en el congreso, tras ver sus expresiones de incredulidad: "Se los juro".
    Otro día podría abrir usted brecha sobre xenofobias, racismos, demagogias y confusiones, pues el amarillo no es el único peligro.

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  2. Tengo entendido que todos los chinos que están en España vienen de la Fujian , donde clanes dirigen un entramado económico y el destino de millones de personas . Los oligarcas de Fujian están hermanados con los taiwaneses ( población con un 90 por 100 de han de origen fujianes ) y necesitan sus emigrantes para vender sus productos y los de Taiwan
    Al capo le gusta el cine , parece que iba a producir a Nacho Vidal , de hecho Nacho pensaba hacer porno con un " toque artístico " ya que había pelas . Según Nacho en la trama española hay gente muy importante y él es un chivo expiatorio pero todo se sabrá.
    Los capos tienen como cualidad innata saber que gente es corruptible y que precio tiene , de eso se trata . No creo que el capo pase más de 2 años en la cárcel , en China le caerían 20.
    Chao


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    1. Gracias por la información. No sólo el porno; un suave toque artístico lo requieren todas las numerosas pornografías, mediáticas e inmediáticas.

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  3. Lo de "color valenciano" chirría. Es algo que tienes en común con tu rival (y enemigo) Marías: el desprecio por lo valenciano.

    Parece algo impropio de ti. Precisamente en el IVAM, antaño un gran museo, te han dejado exponer las cosas de Gaya con (y sin) tu amigo Bonet. También valenciana es la editorial donde te aceptaron los diarios. Vamos, que en principio lo valenciano (algo así tan abstracto) no debería ser motivo de chacota. A menos que toda procedencia, por el mero hecho de serlo, te la inspire. Que no creo: me temo que también caes en algunos tópicos de vez en cuando.

    Otro asunto, claro está, es la señora Císcar. Pero ella, me temo, está por encima del bien y del mal.

    Tingues un bon dia.

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    1. “Vamos, que en principio lo valenciano (algo así tan abstracto) no debería ser motivo de chacota.”

      Cuando AT escribe “color valenciano” quizá no piense en nada abstracto sino en algo bien concreto: el color leonado-pelirrojo que para su tocado eligen arrojadas, exitosas damas de la valencianidad. A ello puede llevar el recuerdo de una llamativa cabellera de los felices tiempos socialistas. La de Carmen Alborch ministra de Cultura entrando en el Congreso... o volando a Cuba en clase business, acompañada de alguna flor y nata de la cultura o literatura en clase turista comiendo sus almendritas. AT en la comitiva. Uno de los muebles de su Salón recoge con mucho detalle la divertida crónica de aquella aventura cubana. Lectura recomendable.

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  4. interesante, en qué Salón se puede leer? Lo de las melenas rojas en las señoras mayores es una manera de ocultar las canas con un tono oscuro pero a la vez poco grave y favorecedor (no por lo de los favores). La henna da un tono muy parecido, pero es un procedimiento más fastidioso y supongo que la Sra Císcar visite a menudo las peluquerías que en España siempre han sido un buen negocio. Hoy estaba el Sr Bonet en France 2 por la mañana y no sabía que ha sido el comisario? o el curador? de la expo sobre el fotógrafo cubano? Jesse Fernández en la Maison de l'Amérique Latine, à Paris. Melenas, rojas, Cuba, Valencia y arte. Ah!, y ahora China, tan roja y exhuberante.

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  5. Hola Andrés:

    Me ha gustado mucho tu post y lo de "color valenciano" es cierto es un "rojo valenciano" muy especial que desde siempre me ha llamado la atención y porqué no decirlo!!!! me ha hecho daño a la vista!!! soy pelirroja natural, nací con éste, para mí bonito color de pelo y la naturaleza ha sido generosa conmigo en este aspecto y me ha permitido conservar sin recurrir a ningún tinte y tengo una especial sensibilidad con los tintes de este color, y tienes toda la razón este "color valenciano" daña la vista.

    Saludos

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  6. Andres
    la entrada de hoy y su peligro amarillo me ha hecho recordar un libro que lei ahce muchos años y que hablaba de la invasion pacifica de los pobres del sur a la rica Europa, Francia en este caso y no chinos ni musulamanes pero indios para variar.
    El tema reviene a la actualidad, y aunque se sigue vendiendo la novela de una manera regular no ha sido nunca un best seller. Para los que esten interesadosm, he aqui el enlace http://danilette.over-blog.com/article-le-camp-des-saints-une-realite-en-2050-le-roman-culte-de-jean-raspail-a-nouveau-en-librairie-67565046.html
    saludos
    txema

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  7. Anónimo de las 10:49

    No se sulfure, hombre. No hay que tener la piel tan fina e irritable. AT se "mete" continuamente con"lo leonés" (que ha sido lo "suyo"). Bien podemos soportar que se "meta" un poco con nosotros (aunque no estoy muy seguro de ese nosotros, pues no me siento muy aludido). Ese color valenciano, además de las melenas, se ve en la "pantanada" que nos està ahogando (blascos, ciscares, camps, fabras ...) y que merecería mucho más escarnio que el de una tenue pincelada como la de Andrés. Si nos ponemos así nadie podrás escribir ni decir nada. Hay que airear.

    Saludos,

    Joan Monfort

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  8. En “Do fuir”, Pre-textos (Valencia, 2000), págs. 389 y ss. Parte de la crónica la copió un amigo mío para sus clases de Lengua y Literatura. Con mucho gusto se la hago llegar. Descubro ahora que los de la caravana no iban en clase turista sino en primera.

    « LA HABANA. Son tantas y tantas las cosas que quería contar, que me parece habrán de olvidárseme muchas, y uno bien lo sentiría.

    [...] Imaginemos un Ministerio de Obras Públicas que construyera dos clases de carreteras, una como autopista y otra un caminejo de mala muerte, y llamara a continuación a los contribuyentes y les dijera, ustedes en ésta y ustedes en la otra, y ahora: ¡adelante!, empieza la carrera; al final está el Parnaso. Así que se pone todo el mundo en marcha. Es cierto que ningún escritor corre la misma carrera, pero la mayoría quiere llegar al mismo lugar. Así que cuando aquél al que se le puso en el caminejo llega al Parnaso, se encuentra con que éste ha sido ya parcelado y urbanizado hace ya mucho tiempo por aquéllos que llegaron por la autopista, y que le han puesto una preciosa verja y una puerta en cuyo dintel han colgado un letrero en el que se lee: Club de las Almendritas Saladas, entrada restringida. Lo primero que se encontrará el rezagado es con un buen portero que le preguntará con un gruñido: ¿Y usted a dónde va? Oh, dirá el otro, yo también soy escritor, y me han dicho que por aquí está el Parnaso. ¿Tú, escritor?, le atajará el cancerbero: Ja, ja, ja. Y le embriscará los perros. De modo que aunque es un asunto inmoral, por una vez diré que sí, y todos, vosotros, los demás, a los que nunca han llevado a ninguna parte, adiós, parto, vedme comiendo esta almendrita. En cualquier caso es más elegante ser cínico que ser inmoral.

    [...] Yo nunca había viajado en primera. Es realmente lo más indicado para diluir la mala conciencia. Es, diríase, como una liposucción moral. Teníamos por delante diez o doce horas y muchos whiskies o lo que quisiéramos tomar, porque apenas nos sentamos en unos amplios butacones, una azafata puesta en exclusiva a nuestra disposición, no hacía otra cosa que pasearse con una bandeja de salmoncito, de caviarito, de arenquitos dinamarqueses y de ¡las auténticas, las verdaderas almendritas saladas! Era una mujer extraordinariamente atenta y evolucionaba por el pasillo y entre los asientos cimbreando su cinturita bayadera de genuina hurí de las líneas aéreas españolas.

    [...] En la clase de honor, en esos cinco o seis asientos en el morro mismo del avión, viajaba nuestra Ministra de Cultura, la misma a quien la película de San Sebastián había generado tantas emociones. No sólo no se había dignado asomar la cabeza y saludar a los escritores que formábamos la caravana, [...] sino que incómoda porque algunos de los viajeros de primera clase estaban utilizando el cuarto de baño de la gran clase, había exigido a la azafata, espía nuestra e incondicional de X., que restringiera el acceso a los mingitorios de lujo a los que contaran con un billete de “gran clase”.

    “¿Habráse visto algo parecido?”. El coro cantaba indignado: “¡No!, ¡no!”. Y no venir a saludarnos! ¡Media literatura española contemporánea a menos de un metro, y darnos la espalda!”. El coro se empleaba bien en su trabajo: “Desde luego, desde luego”. “¡Y qué gran honor para ella mezclar sus zumos naturales con las meadas de los nuevos Cervantes!”. Se empezaba a desbarrar. “¡Eso, eso!”, secundaban algunos. El corifeo reparó en que había una escritora entre los presentes... “¡Y las nuevas...!”. Dudó. No quería ofenderla con una comparación precipitada. “¡Y las nuevas... Santa Teresa!”. Lo corroboramos y alguien zanjó su intervención: “Dí que sí”.

    Yo, desconociendo los usos de la Primera Clase »

    [CONTINUARÁ]

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  9. «Yo, desconociendo los usos de la Primera Clase me abstuve de hacer ningún comentario y ni siquiera me atreví a confesarles que tampoco se evacuaba mal en el retrete de los pobres turistas, sobre todo cuando se tenía una picha como la de uno, de baja extracción, y que puesto a ello, siendo gratis, daba igual evacuar en una punta del avión que en la otra, porque los peces del océano se lo repartirían ellos sí muy socialistamente.

    –¡Es una vergüenza! –manifesté yo mismo cuando me di cuenta de que los demás llevaban esperando un rato a que me sumase a la indignación general.

    A mí en cambio no me pareció bien escupir la mano que me ha traído a Cuba, ni hablar mal de una señora tan amable con uno y a quien las películas le hacen generar tantas emociones, y en cuanto pude, me escabullí y me parapeté junto a mi inglés, me puse a mirar por la ventanilla y consideré lo difícil que era nadar y guardar la ropa en el, para mí, nuevo Club. Aunque seguramente, me dije, de todos los que se han amotinado contra la Ministra, dispuestos a tirarla por ese retrete al que tanto amor demostraba, sólo le llegará mi nombre y alguien le soplará que yo era el cabecilla. Ya no habrá más Cubas, no habrá Méxicos ni Estados Unidos. Volveré a Segovia, me tendré que conformar con Granada y esos poetillas resabiados que son a la fauna literaria lo que los canes tobilleros a la aristocrática raza de los alanos».

    Si alguien de aquel avión leyera o releyera estos párrafos, sería igualmente divertido que redactara por aquí otra versión de tan alta y escatológica protesta. Seguro que AT admitiría en ella la fusión de vida y novela que él mismo practica tanto.

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  10. Céline perdió la dignidad en la postguerra y la Sra. Císcar ha sido despellejada de su piel de leoparda y al quedar a la vista de todos su interior maloliente trata de despistar con un horrendo perfume barato.

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  11. es que la famosa cúpula de Bardeló, a mayor gloria precisamente de la Alianza de las Civilizaciones, q costó 20 M de euros,pagados en parte con fondos d ayuda al desarrollo, no porta acaso consigo mayor cuento chino que los de estos ejemplares filántropos mandamases del comunismo chino que hoy nos ocupan, y con los que el socio de Miguel Bosé quería hacer artísticos negocios?
    ¡Ecce homo, la mayoría del arte contemp!
    saludos

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  12. Muy buena y simpática la crónica del viaje a Cuba en avión y cortejo oficial, la lucidez y el humor en el vuelo, seguro fueron muy necesarios cuando aterrizó. Saludos, y gracias por el humor.

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  13. Buenas tardes, Andrés

    Soy un lector de Valencia.

    Solamente comunicarte que me he tenido que dejar el tabaco y los gin tonic, ¿pretendes que también me quede sin tus diarios?.

    No me jodas, Trapiello, y ponte a la faena.

    Que la vida te sea amable.

    Un saludo agradecido.

    Javier

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  14. En la página 312 de "El jardín de la pólvora" edición de austral, puede leerse: "De la fuerza que mostró, como una fuerza centrípeta, las uñas casi se le quedaron limpias, porque expulsó de sí toda su porquería"

    La fuerza centrípeta va hacia el centro, mientras que la fuerza centrífuga es la que va hacia fuera. Por si quiere actualizar futuras ediciones.

    Saludos,
    jules maigr3t

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    centrífugo, ga.

    (Del lat. cient. centrifugus).

    1. adj. Fís. Que se aleja del centro o tiende a alejar de él.

    centrípeto, ta.

    (Del lat. cient. centripetus).

    1. adj. Mec. Que se mueve hacia el centro o atrae hacia él.
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  15. Una cosa es que seamos almas susceptibles y otra sentirse contrariado por una chanza inexistente .
    Preocuparse de las pequeñas cosas es malo . ( lo escuche hace poco )
    La mejor forma de afrontar la lectura es con sentido del humor ( frase propia , creo )
    Un saludo

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