5 de noviembre de 2012

Ingratitud


EL oficio de crítico literario es uno de los más ingratos. Desde luego no se ejerce por dinero. ¿Se escribe por dinero?, le preguntaban a uno en una encuesta. Si eres idiota, sí, respondí; porque hay mil maneras mejores de ganar más dinero. Tolstoi fue con los críticos aún más cáustico que Baroja: “la crítica es cuando los tontos se ocupan de los inteligentes”, dijo. Gaya fue más educado, pero no menos demoledor: “los críticos entienden de lo que no comprenden”. Lo curioso es que Baroja, Tolstoi o Gaya hicieron crítica también a su modo, y, salvando las distancias, la mayor parte de nosotros  hemos escrito reseñas, semblanzas o críticas alguna vez. De hecho cree uno que algunos de los mejores críticos literarios españoles fueron escritores. Por ejemplo, Azorín, Ortega o Juan Ramón Jiménez.

De este hay un aforismo que le gusta a uno repetir: “Quien escribe como se habla irá más lejos y será más hablado en lo porvenir que quien escribe como se escribe”, decía. Es un hecho constatable que la gente habla aceptablemente bien, quiero decir, que cuando hablamos, procuramos hacernos entender. Si le preguntamos a alguien si es sabroso el guiso que tiene delante, no esperamos que diserte sobre hidratos o proteínas, sino que nos diga en pocas palabras si eso que está comiendo le gusta, y cuánto. Ahora, cuando la gente se pone a escribir, la mayoría escribe de una manera rarísima, porque seguramente tiene una idea más rara aún de cómo ha de escribirse. Las críticas deberían empezar siempre, a mi modo de ver, así: “Este libro me ha gustado mucho, poco o nada. Este libro es difícil de leer, o fácil, entretenido o pesado. Este libro, a pesar de que es pesado se lee con interés, o este libro, que me ha gustado, no creo sin embargo que sea un gran libro, o siendo defectuoso, es necesario...” O sea, como se lo diríamos de viva voz a cualquier amigo. Y a partir de ahí, la explicación o fundamentación de ese primer juicio. Es exactamente lo contrario de lo que solemos encontrarnos: extenuantes  rollos para llegar a la última línea sin que haya quedado claro si a ese crítico el libro le ha gustado o no, le ha parecido bueno o malo. Cierto que expresar nuestro parecer de un modo claro exige en primer lugar tener alguna idea propia y una cierta dosis de arrojo, asumiendo que nuestra opinión puede ser minoritaria y mal entendida o que corremos el riesgo de equivocarnos y quedar en evidencia ante todos, precisamente por haber sido audaces. Por suerte contamos en España con algunos, pocos, críticos así. Otros, por el contrario, se dedican a contarnos el argumento de los libros que reseñan o a pesquisar los que a su entender son errores o incorrecciones del autor. El más gracioso de estos es en mi opinión uno que lleva años dándonos con la palmeta a los escritores españoles con observaciones que no serían cómicas, si viéramos que se atrevía a hacérselas también a los clásicos, quiero decir, si se atreviera con Cervantes, Galdós o Baroja, que jamás escribieron como se escribe. 

Decía Unamuno que lo importante es que hablen de nosotros, aunque sea bien, y por esa razón los escritores deberíamos mostrar menos ingratitud hacia los críticos, principalmente hacia aquellos que disparataron con nosotros, haciéndonos sólo por ello acaso mucho mejores de lo que somos.
    [Publicado en el Magazine de La Vanguardia el 4 de noviembre de 2012]

13 comentarios:

  1. Creo que sé a qué personaje se refiere. He leído algunas de sus críticas y me resulta asombroso que alguien les conceda credibilidad, pues mete el dedo en el ojo de los escritores rebuscando anécdotas irrelevantes que poco interesarán al lector. Se ve que no tiene mucho que transmitir. Me recuerda a los que al terminar una novela les pregunta uno su opinión y se ponen a enumerar los muchos "fallos" que han encontrado, convertidos en jueces. O a esos (no pocos) jugadores de mus que a pesar de haber perdido con nosotros nos restriegan lo mal que hemos jugado.

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  2. Las críticas que leemos en los suplementos culturales de los periódicos suelen escribirse con un marcado grado de tendenciosidad ideológica, en función de los intereses del grupo empresarial de cabecera.

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  3. Quien tiene el titulo universitario de reseñista ? , no existe . La critica soberana es la del publico , hay muchas criticas injustas por filias o fobias , una buena novela no tiene por que ser una obra de arte . Por otro lado hubo artistas que hicieron cosas raras y ahora gustan ( independientemente se les entienda ) .
    Normalmente el extravagante lo es escribiendo , aunque hablar es mucho más natural que escribir y más fácil ( hay mucho pico de oro que no saben escribir y apenas saben leer ) . para un escritor el que se hable de él es bueno ya que permite conocerle y posibilita la compra de su obra .
    El gran enemigo de la literatura es la falta de afición y de cultura , aunque internet es un gran aliado la falta de salidas que tiene la literatura para nuevos escritores es muy grave ya que no se puede trabajar por amor al arte y el mercado esta copado y dirigido .
    Saludos
    Saludos

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  4. No puedo estar más de acuerdo. Cierto crítico muy afamado no pasa una sin poner pegas a alguna puntuación o adjetivo en tal página o tal linea, lo cual me parece llegar a niveles demenciales que a nada llevan al lector.

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  5. ¿Qué libro está leyendo? Padre e hijo, de Edmund Gosse. He llegado tarde, pero valió la pena. ¡Seguro que este libro lo leo! Algunos aprovechan la critica literaria para contar su vida como V.M. Cuando voy al cine,después de leer la critica, leo la opinión del espectador y entonces decido.A José María Guelbenzu, para mi uno de los mejores, le oí un día decir que solo hacia criticas de los libros que le gustaban.

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  6. Si un crítico hace ver que hay erratas o hay algo mal escrito no es algo que deba reprocharse: es probable que esté denunciando el poco cuidado que se ha tenido con ese texto.

    Hay editores -también ellos son parte de la elaboración de un libro, por si alguien no lo sabía- que descuidan este tipo de cosas.

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  7. Y sin embargo a veces, los críticos también nos iluminan y bis hacen ver cosas que no de otra manera permanecerían ocultas. El mejor critico es uno mismo.
    saludos
    txema

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  8. Yo también sé a qué crítico se refiere, me leo sus críticas sólo para ver cómo siempre termina con las mismas apostillas casi de maestro de escuela. Es gracioso.

    Disiento de lo que dice el artículo. Si las críticas comenzaran con un "me gusta mucho, es fácil de leer", o "no me gusta nada, es un tostón", se agotarían ya en la primera frase, por no decir que incurrirían en un estéril dilentantismo. ¿Cambia algo que a mi me guste o no una obra? ¿No podríamos, para cualquier obra, encontrar una serie de críticos que comenzaran diciendo "me gusta" y otros que no? Es posible hoy día demostrar que de todas las obras, de cualquier obra (no sacralizada a poder ser) pueden encontrarse igualmente ilustres defensores acérrimos y detractores encarnizados. La opinión exclusivamente diletante es (en mi opinión) absolutamente inútil.

    Quisiera que una crítica fuera una invitación a pasear por el contenido del libro, o a no hacerlo, con veladas y sugerentes indicaciones sobre sus virtudes y sus defectos.

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  9. ocurre también, creo, que muchos críticos son escritores frustrados, y muchos escritores además desean ser críticos, pues todos desean tener, como en los parlamentos, la última palabra... qué decir entonces de quienes ni a escritores ni a críticos llegan? bueno, esos tienen ahora los blogs anónimos, para soñarse Unamunos, siendo solo uno. saludos

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  10. Nadie ama al juez, que solía decir mi tío.

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  11. A mí me gustan las críticas de Senabre, en el suplemento cultural de El Mundo, aunque es cierto que la relación de (supuestos) errores morfológico-sintácticos con que suele acabarlas es harto discutible.

    En general, la gente picajosa no me va mucho, la verdad, y esto ya me pasaba eso con Lázaro Carreter: que por un lado lo admiraba pero por otro me parecía pelín chinchorrero.

    En general, los suplementos literarios deberían contener menos críticas y más reproducción de capítulos o pasajes de libros, para que así (-y salvando las distancias- como se hace en los supermercados, que te dan a probar un trocito de queso o de jamón ibérico) los lectores podamos degustar un trocito del libro y saber si nos agrada para, en su caso, comprarlo y leerlo enterito.

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  12. Para escribir como hablas y ganar lectores ajenos al consumismo comercial es necesario ser un Burroughs o un Bukowski , quien empiece está obligado a una aportación novedosa , ya que casi todo está en los libros y un escritor debe tener por lo menos estilo propio .
    Critica : existe mucho anacronismo , no hay ni habrá nunca un escritor como Chejov o Cervantes , la literatura requiere un nexo con la naturaleza que hace mucho que no existe , en España hay buenos escritores y gente que puja con calidad . Un critico decente es el que hace critica constructiva pero muchos prefieren " figurar " elucubrando sandeces .
    Hace poco dijo Ken Follett " Shakespeare nunca leería mi libro , ya que le gustaba la

    literatura que daba que pensar " .
    Recomiendo leer gratis en Google " el clavo " , una novela corta de Pedro Antonio Alarcón que no creo exista critico que la leyera y no le diera un 10 .

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  13. Muy bien , Grandes:

    Al remilgoso y al pejiguera, déjalos fuera.

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