11 de mayo de 2014

Gran Vía 13

TIENE Madrid algo siempre de inesperado, incluso en aquellos lugares que cree uno conocer bien. ¿Cuántas veces habremos pasado en estos cuarenta años delante del portal del Centro (¿Casino?) del Ejército y la Armada? Pero sólo ayer se nos apareció ese pequeño escudo, sepultado sin duda todo este tiempo bajo una espesa capa de polvo y de contaminación. La reciente restauración de la fachada le ha devuelto la vida, pero a uno ha estado a punto de quitársela del susto. Pues se diría que más que de una restauración se tratase de una terrible advertencia, no atenuada por la nata en la que viene envuelta. Únicamente la clase de gentes que vimos que entraban y salían del portal, nonagenarios más o menos vacilantes, logró pacificarle a uno poco a poco los beligerantes pulsos.

Gran Vía, 13

9 comentarios:

  1. Habrá que pensar que el lema que envuelve esa especie de medallón más que una intención es un recuerdo del viejo juramento hipocrático castrense. Y que la nata además de dulzona y voluptuosa es blanca (dicen quienes no saben que el blanco va con todo), y que el fatídico 13 tal vez estaba ya cuando ese tramo era Conde de Peñalver, en fin.... Y por si fuera poco ya empezó la feria de Sevilla.

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    1. Las comas explican mejor: "Dicen, quienes no saben, que el blanco va con todo". En realidad el poder para desentonar del color blanco es inconmensurable, convirtiendo algunas fachadas ilustres en empalagosas tartas de nata y fresa o limón o vainilla o pistacho.

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  2. Esos nonagenarios ya pasaron una guerra. Luego deben andar preparando su paz definitiva. Nada que temer, pues.

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  3. SI persigues la paz, prepárate para la muerte, el armisticio definitivo.

    "Hay sólo dos instantes de desnudez y pureza perfecta en la vida de un hombre: el nacimiento y la muerte. No se puede adorar a Dios bajo la forma humana sin mancharlo, salvo como un recién nacido o como un agonizante". (Simone Weil)

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  4. En las restauraciones es bueno mantener la patina del tiempo ,la solera . Después de ver resucitar a Sandokan para ganar Eurovision , ¿ Qué no puede pasar ?

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  5. P.Montero-Martín11 de mayo de 2014, 19:40

    El Casino militar de toda la vida. Funcionaba en su día como una suerte de club a la anglosajona, donde los oficiales de visita en la capital podían, por un módico precio, hospedarse unos días y disponer además de un salón donde tanto se jugaba a las cartas como se hacía tertulila. El restaurante, por añadidura, era más que digno. No sé si el restaurante seguirá con el nivel de decencia que tenía. Últimamente me han dicho que dan conferencias. Concretamente la del general Chicharro, con su constitucional aviso a navegantes y todo, allí tuvo lugar. Merece una visita. ¡Ah! y por el tono pastel del blanco no hay que preocuparse, ya se encargará el tiempo, él solito, de darle otra pátina menos cremosa.

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    1. Entrar en el edificio es regresar a un pasado de olores y visiones rancias, y la comida mantiene una aceptable relación calidad-precio, al menos así me pareció en octubre. Mi visita anterior había sido hace unos mil años.
      El tono blanco puro para un edificio antiguo es, salvo excepciones, una elección equivocada, a no ser que el resto de elementos de la fachada esté estudiado para ser combinado "ad hoc", planteamiento poco habitual.

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  6. Para bellum... y no creelum. Uno diría que en ese Casino se debe jugar, por lo menos, a la ruleta rusa. Dios nos coja confesados.

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  7. GRAN VÍA Y GRAN GUERRA. TEORÍA DE CUERDAS

    En la Gran Vía, en las pequeñas también, hay una cuerda casi a ras de suelo, no bien tendida a cierta altura. Quizá entendiera algo el funambulista andando sobre ella un par de metros siquiera a un par de metros. Pero según K., más que para indicar un camino está allí puesta para hacer tropezar. Hasta a los funambulistas nonagenarios: casi todos, sonrientes, desarman y limpian su luger una vez a la semana.

    “La guerra, además de desgarrar y quemar el mundo, también lo ha iluminado. Hemos podido ver que se trata de un laberinto construido por los mismos hombres, un frío mundo mecanizado cuya comodidad y supuesta funcionalidad nos destituyen y degradan cada vez más”. (K. hablando de la Gran Guerra con Gustav Janouch).

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