10 de mayo de 2014

Montevideo

JRJ y Zenobia Camprubí regresaron desde Nueva York a Cádiz en junio de 1916 a bordo del "Montevideo". "Donde escribi gran parte de mi Diario de un poeta en nuestro viaje de bodas" anotó JR en una tarjeta postal del barco de las que, probablemente, se repartían entre el pasaje.  (Álbum de JRJ. Residencia de Estudiantes, pág. 229).
Una postal idéntica a aquella, regalo de Pablo A. Sande, le esperaba a uno ayer en La Coruña (¿solía hacer el buque escala en ese puerto?), y con ella la certeza de que todo en nuestra vida está montado en olas que van y vienen. Que van y vienen, lo propiamente humano.







9 comentarios:

  1. El jueves por la tarde tenía clases en la Facultad. En la cartera iban con mis papeles de profe a tiempo parcial (qué bueno) dos artículos de Andrés Trapiello sobre la propiedad intelectual, el tema (qué pena) del que pensaba hablar a mis alumnos (alumnas mejor dicho: los alumnos son una especie a extinguir, al menos en Derecho). Antes fui al bar, como de costumbre, y hojeé un periódico local; iba de una página a otra sin apenas detenerme en nada hasta que mis ojos reventaron: "El escritor Andrés Trapiello interviene hoy a las X horas en el ciclo..." Sólo había bebido una caña, pero me sentí especialmente atontado. Consigo dar una clase de la mano de esos dos artículos, y aplazo las siguientes. Regreso a casa a todo trapo, cojo dos libros de Andrés, el primero de los suyos que leí (El buque fantasma), y uno de los recientes (Miseria y compañía); y también alguna otra cosilla para mi muy querida, sobre todo porque siempre supe que me había hecho con ella para poder regalársela algún día.
    Llegué a tiempo al lugar de la charla. Mi excitación y yo nos sentamos en una de las pocas butacas todavía no ocupadas, y durante un rato -hasta que Andrés apareció en escena- pensé en el dios del azar que me había llevado hasta allí. No guardaré para mi lo que sentí: el público, más rico y más alegre que una Pascua de Flores, encantado con un Andrés Trapiello fantástico por natural, divertido y emotivo.
    Al acabar, me acerco a él, lo saludo por primera vez en mi vida (casi toda una vida leyéndolo), y me dedica los dos libros que me acompañan. Entre una y otra dedicatoria le doy la tarjeta postal que desde hacía tiempo lo esperaba. Y cuando ya a solas leí lo que escribió Andrés pude por fin comprender: yo había ido a su encuentro en el paquebote Montevideo de la tarjeta postal "con lo mejor de la vida". No podré olvidarlo.

    (y ahora, un instante antes de dejar en Lectores este texto, leo la entrada de hoy de Hemeroflexia. Leedla y entenderéis mejor lo que quise deciros, y también cuánto queremos sus lectores a Andrés Trapiello, si se puede decir así. La emoción es cosa mía).

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    1. Me agrada especialmente descubrir de vez en cuando estas "vehemencias emotivas" donde se desparrama espontaneidad, o sea sinceridad, o sea vapores sanos que desgraciadamente hemos decidido ocultar, cargados de prejuicios y complejos por miedo a que un puerco censor nos califique de frágiles.
      Gracias por ofrecernos estas líneas rectas que yo también hubiera escrito.

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    2. ¿Es José Cancio Andrés Trapiello?
      Alberto S.

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    3. Y usted, amable anónimo, ¿quién es? Alberto S. me sabe a poco.

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    4. Alberto Sanmartín Rios, para servirle.

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  2. Con lectores así, amigo Andrés, ya vale la pena. Enhorabuena, y gracias, a los dos.

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  3. Sabiendo (porque él nos lo ha contado) lo poco que le gustan a nuestro anfitrión los bolos literarios, me alegra que se encontrara con el agradecimiento de Pablo A. Sande.
    Que los dos nos hagan participar de la novela en marcha es de agradecer.
    Por mi parte añadiré que tuve la suerte de asistir a un recital de su poesía en mi provinciana ciudad y que fui incapaz de acercarme a saludarle y que me firmara un ejemplar.
    Así qué felicidades Pablo por aprovechar la oportunidad.
    Victoria

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  4. Cangrejil vida, por cada paso adelante, otro "p'atrás", mero vaivén. Como bien dice la canción:

    "A la mar fui por naranjas,
    cosa que la mar no tiene,
    vine toda mojadita
    de olas que van y que vienen.

    ¡Ay, mi dulce amor!,
    ese mar que ves tan bello;
    ¡Ay mi dulce amor!
    ese mar que ves tan bello
    es un traidor".

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  5. . Lo que unos llaman fragilidad es sensibilidad , para escribir hay que tener mucho corazón , pero sobre todo saber y saber , que ningún tema te eche para atrás y ser muy exigente con uno mismo ,que no te resulte fácil lo que vayas a escribir . Últimamente no me arrepiento de ningún comentario , me parecen muy buenos , igual que la mayoría de comentarios que leo , partiendo que todos tienen igual valor .
    Estoy leyendo Vida , es demoledor JRJ , aunque sea en prosa , lanza unas cargas de profundidad que te dejan desnudo ( leo 8 o 10 paginas y tengo que parar ) , te llega al alma y no se que tiene que te hace reflexionar y siempre llegas a la conclusión que tiene razón , es un hombre muy muy sincero , y que lo da todo a la hora de escribir , te ayuda a vivir con tus imperfecciones . JRJ la leyenda necesaria , cuando lo conoces se vuelve un amigo inseparable ,

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