31 de mayo de 2014

De la admiración

ADMIRAR a pocos no garantiza admirar a los mejores.
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TENDEMOS a creer que el ser exigentes con nosotros mismos nos da derecho a serlo con los demás. Esa suele ser la excusa para no tener que admirar a nadie, variación del "estar encantado con uno mismo".
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CUANDO admiramos es siempre preferible equivocarse por carta de más que de menos. 
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L*S más grandes de cada época admiran entre sus contemporáneos a gentes que valen, como es de suponer, mucho menos que ell*s. Eso, desde luego, no les empequeñece, sino que les hace precisamente más grandes.
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A menudo la admiración hiperbólica y exclusiva de los grandes escritores o artistas del pasado no deja de ser una manifestación de la propia poquitería, algo parecido al chiste: "¿Qué tal la literatura, maestro"; "Mal: Cervantes muerto, Quevedo muerto, y yo con ochenta años".


Las Viñas, 2014



3 comentarios:

  1. Lo propio de los necios es ser incapaces de admirar y no ser deferentes para con el mérito, sobre todo si es modesto. BAUDELAIRE

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  2. CB: «La haine d’un homme médiocre est toujours une haine immense.» Hèlas!

    “El odio de un hombre mediocre es siempre un odio inmenso”. Vaya por Dios.

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  3. Líquenes de la madera… Demasiada vida, madre, en tantísima materia.

    ALMT

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