19 de mayo de 2011

Abstenerse de ser pobre

NO le pidas nunca a quien no puede darte, y menos al que podría. Lo decía Vallejo: “De todos modos / abstenerse de ser pobre con los ricos”.
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UN aforismo debería ser la nota del diapasón en el que se afina el mundo.
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EL aforismo es siempre un hijo pródigo de la filosofía que vuelve a la casa del padre, la poesía.
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El camino más corto entre dos cumbres nunca es atajo, sino vuelo.
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INTERNET para ser perfecto, como el abismo, debería devolvernos al menos el eco.
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QUIEN haya visto alguna vez el campo a la luz de un relámpago, sabrá hasta qué punto es hermoso. No sólo por la luz espectral y plateada que parece fijarlo todo en un daguerrotipo, sino porque muestra en un único instante lo que da y lo que quita, como balanza de un solo platillo.
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EL primero que contó la vida de un hombre en primaveras (“tenía cuarenta primaveras”) no fue español. Eso seguro. Demasiada delicadeza y demasiado descaro. O sea, que debió de ocurrírsele a un italiano.
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LOS moralistas nos aconsejan que todo lo emprendamos como si fuese la última cosa que fuéramos a hacer en esta vida. Lo dicen acaso pensando en la posteridad y nuestra fama. Quién sabe. Cuánto mejor sería poder emprender cada cosa como si fuese la primera vez, el último beso como el primero, y toda vida como una infancia, todo final como un principio.
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Y a propósito de la fama con minúscula, oigamos lo que decía uno de los personajes de Los fugitivos (2010), la stendhaliana nouvelle de Carlos Pujol, una pequeña gran obra maestra: “La fama es lo que tiene, no tiene nada que ver con nada importante”.
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NO se entiende por qué en Internet todo el mundo quiere darle cuatro cuartos al pregonero. Deben pensar que sale gratis.
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QUÉ drama, qué tortura, ¡y qué empacho!, ser tan narciso siendo tan feo.
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DICHOSO el tiempo aquel en que tantas enfermedades sin diagnóstico recibían, como los continentes inexplorados, un nombre fabuloso, inalcanzable incluso para la magia.
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 PUESTOS en camino, nos debemos al camino, aunque ignoremos dónde nos lleva. Ya no está en nuestra mano detenernos, ni siquiera decir: estoy cansado. El camino es en sí mismo la forma más noble de cansancio.
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NO es que quieras ser otro, como les sucede a tantos. No tienes esa imaginación. Lo tuyo es más sencillo. Te conformarías muchos días con no ser tú. Con no ser, por ejemplo, quien ahora golpea su diapasón en el vacío.

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