28 de mayo de 2011

Una escena

Le sobrecogió y le conmovió que ese ciego desconocido le pidiera que le cruzara la calle. Sucedió hace unos días, en Alcalá esquina con Gran Vía. Se lo pidió de un modo áspero, casi antipático, exigiéndoselo. Pensaba sin duda, porque él no le veía, que el otro no podría oírle. En ese momento, al ponerse en lugar del ciego, se hizo en el transeúnte una ceguera parecida a la suya. Imaginó con angustia y tristeza el mundo a través de los ojos del ciego. Y al dejarlo en la otra acera caminando detrás de su bastón con balbuceos, se alejó deprisa sintiendo que en realidad huía no del ciego, sino de ese su propio imaginar la vida como un ciego, pensando que únicamente volvería a ver, cuando el hombre del bastón ya no pudiera oírle.

2 comentarios:

  1. Andrés, qué manera más real de ver y de oír.

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  2. Completamente de acuerdo,"Murcia útil" La manera de ver y oír de los poetas. Tu poema, (porque es un poema), me hace recordar ahora otro de CR: "es el miedo, es el miedo/ciego guiando a otro ciego..."Gracias Andrés, por abrirnos a todos esta nueva puerta de tu Salón de Pasos Perdidos.

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