21 de mayo de 2011

Que reflexionen ellos (del tutoreo y del toreo)

Digamos al modo de Unamuno: Que reflexionen ellos. Se les están dando materia sobrada y hechos relevantes sobre los que hacerlo. Con la reforma de la Ley Electoral actual habremos de olvidarnos de este ocioso día de reflexión (y para otro momento el papel de estas Juntas Electorales que parecen tutorear el espacio público como si fuese una guardería de su propiedad).
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Por lo demás, aquí va el artículo que con el título de "La Peña de los Acabaos" se publicó ayer en El País. Se lo pidieron a uno como apoyo, supongo, a la feria de San Isidro y esto es todo lo que fue uno capaz de decir de ese asunto. No sé por qué me pareció percibir que no era lo que esperaban. El aforismo último no formaba parte del artículo, y es inédito, así como la fotografía es, una vez más, del Rastro, de hace tres meses:


La última vez que vio uno una corrida de toros fue en una plaza de pueblo, en Trujillo, Cáceres, hace unos quince años. Cinco años antes, otra, también en un pueblo, Puerto de Santa María, Cádiz. Era bonito aquel ambiente modernista de otro tiempo, la gente, los vencejos que aparecían en la lidia del último toro, la seriedad de los toreros, acaso con más miedo, conscientes de que la muerte espera siempre en las plazas pequeñas… Cuando he escrito de toros, lo ha hecho uno como un costumbrista. Me gustaba fijarme más que en los toros, en la gente que iba a verlos. Algunas, raras veces, lo que sucedía en el ruedo le hacía a uno prescindir de los tendidos. Nunca después de aquella lejana tarde en Trujillo ha vuelto uno a ver una corrida, ni retransmitida. Todo el entusiasmo que tenía hace treinta años por ese asunto se ha desvanecido por completo, pero no los recuerdos ni las conversaciones y evocaciones de algunos aficionados, como Bergamín o Gaya, que habían visto torear a Joselito, a Belmonte, a Manolete. Eran también, a su modo, unos aficionados desengañados. Ese desengaño mitificaba un poco sus recuerdos y humanizaba aún más su melancolía, porque bajo el ruidoso celofán de la fiesta se traslucía una poderosa y humana tristeza, que vieron bien artistas como Solana, más que Picasso. Contaba Cañabate que en Jerez había una peña de toreros que no habían llegado a triunfar. Se llamaban a sí mismos la Peña de los Acabaos, dedicados a rememorar sus pequeños éxitos y sus grandes fracasos. No sabemos cuál será el futuro de la fiesta, pero me gustaría que le consideraran a uno de la Peña de los Acabaos, dueño de sus recuerdos y de sus sueños, tanto más grandes cuanto más lejanos.







EL TOREO. En el toreo la muerte está en la plaza como Sócrates en su último banquete, y en ello hay algo y aun mucho aristocrático; ahora, resulta inaceptable, por plebeyo, que sea el aplauso del público algo tan decisivo en él.

3 comentarios:

  1. Si de veras el artículo no ha gustado en EL PAÍS, será, imagino, porque buscaban algo más militante, a favor o en contra. Si es así, ellos se lo pierden. El artículo es espléndido.

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  2. Se gastan millones y millones en pagar sus campañas y total, para nada. Los de la Puerta del Sol les han birlado el foco y el escenario. Que final de campaña tan estimulante. Ya era hora.

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  3. Es que cada día es más raro leer un artículo tan hermoso en la prensa.

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