3 de febrero de 2012

Hasta el fin

NOS reunió a unos cuantos amigos, la otra tarde, en el café Comercial, donde trabajó tantas horas, recordar al poeta. De todo aquel apretado corazón, en aquel corazón destartalado y un poco decrépito de Madrid, cercanos los retratos de Juan Ballester y la imagen y la voz del poeta, temblorosa como la de esa hoja de la que habla, que grabó Gonzalo Ballester 

    Hasta el fin

En el gran chopo frente a mi balcón
Tan seguro de sí y sin altanería
Tranquilamente vivo
Mientras amarillea ya por trechos
Su verde población
Qué claramente distinguimos
Las hojas pálidas que más agita
Desentendido el viento
Las que más sin querer se balancean
Las que más locamente giran
En torno a su peciolo
Las que van a caer más pronto

Hay una que hace días
Vapuleada más que todas
Tironeaba atropellada
Más que cualquier otra
Se aferra más que todas
Su voluntad entera convertida
En uñas, dientes, garras

También ella hasta el final resistirá
A este atropello sordociego
Que la quiere arrancar de la densa hermandad
De verdores de sueños de susurros
De inevitable don de amor
A la que tan del todo pertenece
                                                       27 sep 2011

Bellísimo poema, pero más aún lo es estar muriéndose como esa hoja y cantar la gloria del mundo, y dejarnos junto a él estos otros dos poemas, los últimos que escribió. Nunca un testamento pudo serlo tanto de vida ni ningún fin tan cervantino, desde aquel adiós, donaires que se nos dio en el prólogo del Persiles





Tomás Segovia en el Café Comercial, otoño de 2011. Fotos de Juan Ballester. Y si en el retrato, estando de medio cuerpo, Tomás Segovia está de cuerpo y alma enteros, sus manos no parecían corresponder a las de un anciano de porte saludable y rostro terso. Siempre tuvo un poco cara de niño; desde que se dejó barba, de elfo. Sí, esas manos se creerían de otro. Cuando le vimos la última vez, la víspera de su último viaje a Méjico, donde ha muerto, acabado de salir de un hospital, le dijimos que se le veía muy bien de aspecto, y él, con ese humor suyo especial, un poco cáustico y sin dejar de sonreír, nos dijo: "Sí, ese es el problema, que con este aspecto nadie cree lo enfermo que estoy".

4 comentarios:

  1. Andrés, me parece muy bien y muy justa tu entrada de hoy en el blog. Es admirable que Tomás llegara a las puertas de la muerte escribiendo esto poemas magníficos, llenos de fe en la poesía y en la vida hasta el último momento. Que emoción me producen sus palabras. No, no son un testamento, sino una partida de llegada al mundo.
    Un abrazo,
    Eloy

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  2. Un buena forma de comenzar el día, descubriendo un poeta desconocido para mi, con un hermoso poema y una bella despedida.
    gracias AT

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  3. yo nada más tomé, del aire, literalmente, la referencia periodística y llegué aquí, cuando ya había perpetrado mi sentir, mi agradecimiento a todos, pero en especial, al ánima entera del poeta

    saludos sinceros, desde Méjico...

    http://manosdegato.blogspot.com/2012/02/la-valentia-de-escribir.html

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