16 de febrero de 2012

Los sustos baratos y los apologetas

EL martes 14 El País nos sorprendía a todos con una portada que dedicaba su foto principal a cierta “obra”: una escultura de un Franco de corte hiperrealista vestido de militar, metido de pie y con las rodillas flexionadas, lo que aún le hacía más ridículo, en una de esas neveras de Coca-Cola que se ponen en los pasillos y salas de espera. Ni siquiera el arte contemporáneo tendría un nombre apropiado para esa ocurrencia: ¿Escultura? ¿Instalación? ¿Museo de cera? ¿Arte conceptual? ¿Arte político? ¿Imaginería popular? ¿Publicidad encubierta de Coca-Cola? ¿Carambola a tres bandas de la Fundación Francisco Franco que ve cómo languicede su legado (*)? Fue Ramón Gaya quien definió mejor toda esta clase de quincallería: "sustos baratos". Sustos baratos que suelen salirnos, por lo general, carísimos, ya que casi siempre son los museos y las instituciones culturales públicas quienes acaban apechugando con ellos y empapuzándonoslos.
Lo que a este en concreto le hace diferente de otras mamarrachadas no es tanto que sea más o menos caro o de "gusto" discutible, sino que haya aparecido en la portada de El País, una entidad privada con reputación de seria y amarillista lo justo (y ya estamos temiéndonos lo peor, todos los otros medios de masas a los que El País ha señalado el camino, y que a lo largo de esta semana van a meternos a Franco hasta en la sopa). 
Ni siquiera hemos de pensar qué habría ocurrido si se hubiera tratado de una figura histórica no menos significativa para los españoles e incluso con el mismo cariz totalitario, pero de signo político contrario, pongamos por caso Enrique Líster o Dolores Ibarruri. ¿Le habrían dado la portada? Claro que para ello tendríamos que encontrar antes a un "artista" que quisiera verdaderamente escandalizar o vacilar al burgués con algo políticamente incorrecto (hablar mal de Franco es, contra lo que parece creer ese artista, políticamente correcto; hacerlo de Pasionaria, hoy, no lo sería en absoluto, al margen de la consideración o los matices que pusiéramos en cada caso, de la misma manera que malicio que una posible momia de Aznar sería objeto de consideraciones lúdicas en tanto que otra parecida de González o Pujol probablemente se reputaría una provocación de mal gusto), puesto que eso es de lo que al parecer se trata, lo que se persigue, el escándalo: el ser o no ser en una sociedad del espectáculo como la nuestra.Y si en este caso la representación de la obra es la obra misma (¿sería diferente la "pieza" [tal como la llama el piecero] si la momia fuese del Che Guevara, La Pasionaria o, más audaz aún, la de Santiago Carrillo, que sigue vivo? Desde luego que no, sólo el escándalo sería distinto, y también los periódicos que la hubiesen sacado en sus portadas), no podremos dejar de hacer algunas consideraciones.
La primera de todas es que el autor, Eugenio Merino, nació el mismo año en el que Franco murió (en la cama), pero que por simple estadística, de haberlo hecho pongamos treinta años antes, cabe suponer que habría sido uno más de los millones de españoles que no movieron un dedo para que la dictadura de Franco se acortase un solo día. Claro que quizá encontremos en este hecho sociológico la razón económica por la cual hayan querido darle la portada de El País, brindis de sus responsables a todos aquellos que habiendo tenido edad para haber luchado contra Franco no tuvieron el valor de hacerlo (estadísticamente una gran parte de sus lectores), convenciéndoles de este modo de que sí fueron antifranquistas, como  convenció De Gaulle en 1945 a todos los franceses de haber trabajado para la Resistencia. Y esto, en el caso que nos concierne, pasa por resignificar al dictador Franco, convertido en un icono risible, muñeco del pim pam pum para exorcizar los fantasmas que se le han atragantado a esta sociedad. Para eso, no obstante, es mejor que le demos la palabra al propio Merino, que habla del asunto como lo haría un publicista hortera: "Franco sigue siendo noticia, no ha desaparecido. Está más de moda que nunca con la Ley de la Memoria Histórica y el Diccionario Biográfico Español. Al principio barajé incluir [en la máquina de bebidas de Coca-Cola donde ha metido a Franco] a Mao Zedong, pero no funcionaba tan bien. Franco en una nevera es la imagen de su permanencia en nuestra cabeza", ha dicho, y podría haber añadido, "y en mi cartera". La "obra" que trajo el año pasado a Arco la vendió por 45.000 euros. Cierto que el periodismo está para dar noticia de los hechos, incluso cuando no pasan de ser sustos baratos, pero no si con ello se convierten además de mensajeros en apologetas, como es el caso. 
Algunos artistas contemporáneos pueden no ser Heidegger (los hay que lo intentan), pero tienen el instinto de los pícaros para sus trapicheos. Parece el caso de este Merino. Ha metido a Franco en una refresquera de Coca-Cola (sutil: imaginamos lo que le ha costado llegar a esa idea), tiene el cinismo de decir que ha dejado fuera a Mao (seguramente está pensando en exponer en alguna galería emergente china) y se ha buscado para su obra un asunto blindado (a quien se la critique, siempre podremos llamarle fascista y desde un punto de vista artístico, reaccionario y casposo).
(*) y así parece confirmarlo el hecho de que diecisiete horas después de publicado este asiento, esa Fundación haya anunciado que demandará al autor de la obra. Olvidado el escándalo no tendría nada de particular que el artista y los de esa Fundación se repartan en un callejón oscuro el dinero que saquen de todo esto, tras la consiguiente comisión a los de El País.

El País, 14 de febrero de 2012

14 comentarios:

  1. Manuel Cañedo Gago16 de febrero de 2012, 1:38

    Éste es el espíritu del hasta hace poco titulado "Diario INDEPENDIENTE de la mañana". Al menos nos queda la siempre lúcida visión de El Roto, como podemos ver en su esclarecedora viñeta sobre Arco publicada hoy, y que vendría muy bien si acompañara a la foto arriba adjunta. (Perdón por la sugerencia).

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  2. Yo también me lleve un susto, creía que había resucitado, antes de tiempo. Esto seria una de las razones para abrir la tumba y exhumarle del valle de los caídos y verificar que el autentico sigue allá. Lo que me interesaría saber es quien lo compra y con que intenciones lo haría. Esperemos que no lo usen como la leyenda del Cid Campeador y nos lo paseen en un rolls royce descapotable por la castellana.

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  3. No puedo estar más de acuerdo con usted.

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  4. ¿Arte? Más bien un efectismo propio de Telecinco. Saludos

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  5. La Próxima: "Aznar dentro de una Botella"

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  6. Mucho más que los 45OOO euros del misterioso comprador,(¿y cómo es él?) el auténtico premio gordo de Merino es que EL PAÍS saque lo tuyo en portada, esa fantástica joint-Venture: has triunfado entonces. Máxime cuando el legendario fundador del diario edificó su fortuna bajo los cimientos de la información privilegiada de la dictadura. Entonces lo ideal de la muerte habría sido sacar en esa neverita a Franco&Polanco dándose la manita, Pepe Luis, sí, señor Merino, de la memoria histórica.
    saludos

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  7. ARCO es al arte lo que telecinco a la televison, una basura, un engaño manifiesto para nuevos ricos y modernillos de cultura barata que se pasean por allí con aire un poco repugnante. He ido muchos años y econtré algunas cosas interesantes, pero luego dejé de ir porque prefería recorrer los mercadillos de sudamericanos, donde encontraba menos dandismo y un poco más de humildad artística. Ay!

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  8. Suscribo totalmente su texto. Sólo desde la independencia y desde su gran altura intelectual puede escribirse con esa claridad y libertad.
    Cuando ayer paseaba por ARCO en el día supuestamente reservado a profesionales, prensa, coleccionistas...y me preguntaron y oí preguntar varias veces, "¿donde está Franco?,¿donde está Franco?", me vino a la memoria un relato solanesco de José Bergamín. En la agónica madrugada que sucedió a la fatal cogida de Ignacio Sanchez Mejías en la plaza de toros de Manzanares el 11 de agosto del 34, cuenta Bergamín que los paisanos se asomaban al ventanuco del cuartucho que hacía las veces de enfermería y preguntaban con voz entre deseosa y angustiada,"¿se ha muerto ya?,¿se ha muerto ya?".

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  9. Pienso que al comentar demasiado estas "provocaciones trasnochadas" que ya aburren (la provocación, hoy en día, sería simplemente pintar bien y exponerlo en ARCO) hacemos una propaganda magnífica al que lo ha hecho, que al fin y al cabo es lo único que busca, así que lo mejor es ignorar su broma estúpida y su nombre definitivamente.

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  10. Feliz Vd. que ha visto el periódico, pero y la tele...Dios de los cielos. Esas responsables de las galeritas con sus peinados y tintados (toma del frasco Schiller con la Educación Estética del hombre)y sus desparpajos gorjeando que a más crisis más fluye el arte, a modo de pozo artesiano de insondable caudal. Tanto tinte en una zona que linda de forma tan extrema con el topos donde se aloja la capacidad intelectiva del hombre (en este caso de la directora de galerita), pa mí que no puede ser bueno...Y pa más, pa más, todo el santo día rodeadas de ARTE. No puede haber cuerpo que lo aguante. Así les salen necedades en sarta, que el nuestro telediario se encarga de etiquetar como perlas hermosísimas y valiosísimas.
    Mientras no pase esto del arco y el arte-arte es peligrosísimo incluso asomar la cabeza por la ventana, nos pueden atizar con lo que menos nos esperemos. Y mira que ya nos creíamos curados de espantos, pero no, cada año es necesario santiguarse más y hacer más higas contra el mal de arte...Ya ni cabellos que mesarnos nos quedan.

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  11. Yo leí a Guillermo Perez Villalta definir el arte actual como Basura , estoy de acuerdo con él. No obstante creo que hay un arte actual que merece la pena y es de valorar, me refiero al GRAFFITI que casualidades de la vida está perseguido por los ayuntamientos, autonomías y electos en general . Arco ? Mercantilismo barato . Saludos

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  12. "El País, una entidad privada con reputación de seria y amarillista lo justo". Eso sería en 1976, cuando yo nací, porque ahora es como aquello que decía Carlos Herrera, El País, el periódico independiente de la mañana, y ni un minuto más.
    Gran artículo Andrés.

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