28 de febrero de 2012

Profesiones y oficios (2)

VENÍA pensando uno estos días en los diversos oficios, acaso porque aquí, en el campo, algunos de ellos apenas han variado desde los tiempos bíblicos: albañiles, zapateros, herreros, labradores, pastores, alfareros, aperadores, guarnicioneros, canteros, panaderos, carpinteros, sastres... 
Las mismas técnicas y las mismas palabras para nombrar herramientas que a menudo han pasado de padres a hijos sin variar de forma ni función, y en todos ellos el amor a la obra bien hecha. ¿Qué es la obra bien hecha? El intelectual, el artista, el poeta a menudo se mueren sin saber si alguna vez salió de sus manos algo parecido a una obra bien hecha. Pero el artesano sabe bien en qué consiste: es la que al tiempo que somete con esfuerzo a la naturaleza, la mejora, haciendo esta tierra más hospitalaria. La obra bien hecha de un artesano es lo más cerca que está la cultura de la naturaleza, hasta casi confundirse con ella. Por eso las obras bien hechas, la rueda, unas tijeras, un arco, se resisten a cambiar con el paso de los siglos: han nacido perfectos, como una flor, el canto de los pájaros o el fuego.
Pocos momentos más emocionantes que aquellos en los que un artesano, a veces tras horas, días o semanas de labor, contempla la obra terminada en la que reconoce su propio espíritu. En ese punto olvida todo el esfuerzo que le ha costado realizarla. Cuánta alegría entonces, con qué respeto mira sus manos. Sabe que de ellas han salido algo más que movimientos mecánicos y diestros, sabe que sus manos sienten y piensan a su modo con una sabiduría arcana y propia. La fatiga del esfuerzo viene incluso a sumarse a esa fiesta y lo conduce a un descanso que siente no sólo necesario o merecido, sino justo. Digamos que le acunan sus sueños las palabras del Génesis 1, 13: "Y vio todo lo que había hecho, y era bueno en gran manera".
El herrero saca de su fragua un trozo de hierro que convierte en el ala de un arado, el colmenero con habilidad y delicadeza sumas, sin destruir el infinito exagonal que viene en ellos, desopercula sus panales. Les hemos visto a ambos trabajar concentrados, en silencio profundo, con atención extrema. Si alguna obra merece el nombre de arte es ese arado, si de algo pudiéramos decir sin temor a equivocarnos que es poesía, es el crepúsculo que destilado con la miel conservaremos en un tarro de cristal.
Aldaba.




7 comentarios:

  1. Manuel Cañedo Gago28 de febrero de 2012, 0:26

    Entonces, el libro, como objeto artesanal que es, y tras una depuración de más de quinientos años, que le ha hecho alcanzar una afinación irremplazable por otros soportes, tampoco desaparecerá.

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    1. Permítame disentir, Don Manuel, de su primera afirmación. Es el libro producto industrial perdidos prácticamente oficios que lo convertían en objeto mimado por manos expertas. El encuadernador ya es historia aunque alguno quede. Cajo, de encartonado o a la romana, guarda de color, guardas de respeto, tejuelo, chifla, chagrin, franqueo (no filatélico), costura a la española, costura a la francesa, nervio, fuelle, lomo, escartivana, cofia, dorado y gofrado, marmolado, jaspeado y moteado, cabezada simple, doble, copta, florón, encartonado, cadeneta, rejón... ¡tanto cabe en un libro artesano y tan poco en un pobre volumen con costura americana!

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    2. Manuel Cañedo Gago28 de febrero de 2012, 18:18

      Da gusto una disensión de este tipo, tan ilustrativa y enriquecedora.

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  2. y sin embargo en el cine los artesanos tienen fama mala, por entender, a veces con injusticia, que no alcanza su trabajo la inspiración, cuando muchos reivindicados publicitariamente como Artistas, tienen de éstos sólo la pose, y suelen sus genialidades resultar mecánicas variaciones de una cansina "transgresión", véase ARCO, como si llevara la rosa en el nombre la almendra de su verdad: arte sano, artesano. (que cuando los nazis falaron del arte degenerado encumbraron por visceral rechazo a su odio a mucha nadería, creo)
    saludos

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  3. Hace poco vi en un callejeros un hombre con camiseta azul y a modo futbolístico tenia impresa es vistoso amarillo la palabra " camello " sobre la parte trasera de su camiseta

    El hombre dijo a la entrevistadora que su oficio era camello, aunque no tenia joroba ni vendía sal. Creo que hubiera sido más apropiado que hubiera imprimido la palabra " alquimista " , pero creo que a este hombre no le gustaban los eufemismos
    Un saludo

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  4. Hay hombres que tuvieron muchos oficios y en todos descató, uno de ellos es Erik Van Der Berghe, " EL Belga ", chatarrero, charamillero, mercenario en el Congo, anticuario, restaurador, estafador, ladrón, pintor y perista
    Lom

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  5. Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
    El que agradece que en la tierra haya música.
    El que descubre con placer una etimología.
    Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
    El ceramista que premedita un color y una forma.
    Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
    Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
    El que acaricia a un animal dormido.
    El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
    El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
    El que prefiere que los otros tengan razón.
    Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

    Borges

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