1 de julio de 2012

Siesta. Dos encuadres

EL estudio y laboratorio de Juan Manuel Castro Prieto, nuestro gran fotógrafo, es uno de los más próximos y queridos, sentimentalmente hablando, que hayamos conocido nunca. Somos sensibles a los obradores, talleres diversos, imprentas, hornos... Este tiene algo único y genuino, no sólo por hallarse frente a una mancebía de la calle Concepción Arenal en la que montan guardia dieciséis horas al día las mujeres tristes de la vida alegre, a las que se ve desde los ventanales del estudio, sino porque dentro se respira un clima de laboriosidad jovial que nos hace recordar aquel del "trabajo gustoso"
A ese estudio nos llevó ayer cierto proyecto, un libro de autor de JMCastro Prieto con sus bellísimos desnudos realizados hace casi veinte años, de los que habrá ocasión de hablar más adelante. En él, como en los talleres de los maestros antiguos, se almuerza a pie de obra, y a pie de obra se aprovechan unos minutos para el reposo. Eso hacía nuestro buen y garcilasiano amigo X, de quien "robamos" estas dos instantáneas tiradas sin tiro y a contraluz con mi móvil. Y no se piense que ve uno nada risible en la escena. Bien al contrario. Algo hay en ella conmovedor que recordaba aquellos tiempos, tan bien reflejados por las novelas del siglo XIX, de Balzac y Dickens, en las que los aprendices de comerciantes, de panaderos, de sastres, de pintores habían de dormir debajo de los mostradores o sobre las bateas, porque no había lugar mejor ni más a mano. Y que del sueño de nuestro amigo era profundo damos fe, como su sueño la da de que él es  joven y sano, y puede conciliarlo sobre una dura tabla como no lo conciliamos ya los más viejos en colchones de plumas. 
Pero vengamos a las instantáneas; la primera la hizo uno, y la segunda, pedida por mí, la hizo el maestro. Dos encuadres; en realidad uno solo, el suyo. Enseñar a mirar es tanto como abarcar el mundo, y en el suyo está la magia de ese lugar un poco destartalado, de la hora abrasiva madrileña y, sobre todo de alguien que representa lo mejor de la vida en ese punto: el sueño. Aprender a soñar pasa por aprender a mirar y, seguro, por agradecérselo a quien nos enseña.

Siesta. Primera foto, AT; segunda, JMCastro Prieto. 29 de junio de 2012


4 comentarios:

  1. Incluso mirando las mismas cosas, dos diferentes par de ojos no ven lo mismo. Seguro que los banqueros tienen mejores sillones para sestear y un AC para aislarlos del calor exterior.
    txema

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  2. ¿Qué es mejor? ser una mujer triste de vida alegre o una mujer alegre de vida triste.

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  3. Qué interesante sería conseguir la foto que recogiera con absoluta fidelidad la realidad de la crisis, colocando delante a los que ahora se emboscan y a unos cuantas lenguas viperinas que más atentas están a la confirmación gozosa del apocalipsis que a la salvación del naufragio. ¿Hablábamos anteayer de la España negra?La verdadera preocupación de muchos, por encima de otra consideración, es escarbar a la búsqueda de la amargura.

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